28 nov 2020

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64ª EDICIÓN

Tibia inauguración de San Sebastián

La francesa 'La doctora de Brest' carece de la fuerza y el empaque que debe tener toda película que goce del privilegio de abrir un festival

La cinta, la única de la competición oficial dirigida por una mujer, está basada en la historia real de una médico que luchó para que se retirara un fármaco mortal

Olga Pereda

Un festival de primera categoría tiene una regla no escrita: que la película que lo inaugure sea potente. Que brille, que luzca, que tenga fuegos artificiales. San Sebastián acaba de levantar el telón con un filme bienintencionado pero no sobresaliente. El equipo del certamen -para rendir homenaje a una ciudad que este año es capital europea de la cultura- ha apostado por una cinta europea, francesa: 'La doctora de Brest'. Lo podía haber hecho con la española 'El hombre de las mil caras', que se proyecta el sábado, y haber tenido así una apertura igualmente europea y mucho más luminosa. Pero estas son las cosas de los festivales.

Eso sí, es de agradecer que la encargada de abrir la competición sea una directora, Emmanuelle Bercot. Desde 1986 eso es algo que solo había pasado una vez, con Rose Troche y 'La seguridad de los objetos' (2001). Bercot es, de hecho, la única cineasta que este año lucha por la Concha de oro. En el 2015, también tuvo el privilegio de abrir Cannes. Hacía 30 años que una mujer no lo hacía. La expectativas de la película, el drama social 'La cabeza alta', eran altas, pero no estuvo a la altura y solo generó indiferencia. 

FÁRMACO CONTRA LA OBESIDAD

'La doctora de Brest' es una película que al espectador le reconforta porque confirma que, a veces, la lucha social sale bien. Está basada en hechos reales, en la odisea que vivió en el 2007 una médico de Brest (Francia) que se dejó la piel durante varios años para que las autoridades sanitarias retiraran un medicamento contra la diabetes y la obesidad. Tras tratar a varios pacientes, investigó y descubrió que se trataba de un fármaco muy peligroso porque provocaba fallos en el corazón. En varias décadas fallecieron 500 personas en toda Francia debido al Mediator. Los laboratorios -con sede en París- se burlaron de ella y la consideraron una paleta de provincias. Pero perseveró en su lucha. Y ganó. En España, donde se comercializaba bajo el nombre de Modulator, se había retirado hace años, en el 2003.

"Ella se enfrentó a comisiones sanitarias llenas de hombres con traje y corbata que la despreciaron por ser mujer y por vestir con botas de cordones y cazadoras. Si este escándalo lo hubiera sacado a la luz un universitario parisino con traje y pelo gris, todo se hubiera solucionado antes", afirma la directora, que ha venido a San Sebastián acompañada por la protagonista, Sidse Babett Knudsen (la primera ministra danesa de la venerada serie 'Borgen'), e Irène Franchon, la neumóloga que destapó el escándalo.

UNA MUJER VALIENTE Y LUCHADORA

"Cuando los productores me propusieron el proyecto, leí el libro que había escrito la doctora, pero no sabía qué película podía hacer y estuve a punto de decir que no. Sin embargo, conocí a la neumóloga y me decidí. Es combativa, fuerte, valiente y tiene alegría de vivir. Te agota la energía que tiene", asegura la polifacética cineasta francesa, que también es guionista y actriz. Es tal el hechizo que le provocó la neumóloga que 'La doctora de Brest' no es tanto la historia de un escándalo sanitario sino el retrato de una mujer hiperactiva, valiente y luchadora.