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ENTREVISTA

Juliette Binoche: «El cuerpo no me interesa, me interesa el alma»

NANDO SALVÀ

Tráiler de La espera. 

A estas alturas lleva ya tiempo instalada entre la realeza del cine mundial. A lo largo de una carrera que va ya por la cuarta década, ha trabajado con autores como Jean-Luc Godard, Leos Carax, Michael Haneke, Abbas Kiarostami, Krzysztof Kieslowski, Hou Hsiao-Hsien y Olivier Assayas. Y ninguna otra actriz ha conseguido el 'grand slam' de los festivales europeos, al ganar sendos premios interpretativos en Berlín -con 'El paciente inglés' (1996)-, Cannes -con 'Copia certificada' (2010)- y Venecia -con 'Tres colores: Azul' (1993)-. Acaba de volver a las pantallas españolas con 'La espera', en la que da vida a una mujer enfrentada a la muerte de su hijo.

¿Qué le atrajo de Anna, la mujer que interpreta en La espera? Me resultó fascinante la elección que toma para lidiar con la peor tragedia de su vida, la muerte de su hijo. No es capaz de ser sincera acerca de ello, simplemente porque le resulta imposible pronunciar las palabras: 'Mi hijo ha muerto' No sé, yo soy madre pero no soy capaz de imaginar el dolor que llega a causar una pérdida como esa. Para un progenitor, es el acontecimiento más doloroso imaginable. Y entiendo perfectamente a las madres y padres que inventan espacios imaginarios que les permitan aceptarla.

El perfil

Antes de debutar en el cine con ‘Liberty Belle’ (1983), se curtió en un grupo teatral, con el que actuó en Francia, Bélgica y Suiza. Por entonces se la conocía con el seudónimo Juliette Adrienne.

Spielberg le ofreció un papel en ‘Parque Jurásico’, pero lo rechazó para protagonizar ‘Tres colores: Azul’, de Krzysztof Kieslowski. También  rechazó participar en ‘Indiana Jones y la última cruzada’, ‘Misión imposible’ y ‘‘La lista de Schindler’.

Sí intervino en ‘Godzilla’  porque su hijo es un gran fan de la mítica criatura y porque el director de la película, Gareth Edwards, le mandó una carta en la que la describía como «la reina de la interpretación». Quentin Tarantino lloró al ver su última escena en la película.  

Usted ya interpretó a una mujer que pierde a su hijo en Tres colores: Azul… Sí, y me ha llevado 20 años volver al tema. En este tiempo me ofrecieron dos películas que resultaron ser muy buenas sobre el mismo asunto, y las rechacé.

¿No quería volver a lugares tan oscuros? No es eso, me gusta la oscuridad. Simplemente me resistía a interpretar de nuevo a una mujer que pierde a su hijo porque mi experiencia con el director Krzysztof Kieslowski en 'Azul' fue tan gozosa que quería proteger esa memoria.

Acaba de decir que le gusta la oscuridad. ¿Qué significa eso? Tienes que descender a los aspectos más lúgubres de la condición humana para encontrar la luz, conocerte a ti mismo y purificarte. A la hora de contar una historia no puedes protegerte con redes de seguridad, sino lanzarte a territorios psicológicos inhóspitos. Pero siempre he tratado de hacer un poco de todo. Lo creas o no, he hecho hasta comedias. Todos me ven como una tristona y es una pena, porque las películas que en primer lugar me hicieron querer ser actriz fueron las de Charles Chaplin. Y, con el tiempo, he ido perdiendo el miedo a hacer el ridículo. Dentro de mí hay una payasa que pelea por salir a la luz.

El hecho de ser madre, ¿la afectó a la hora de interpretar a Anna? En realidad no suelo hacer paralelismos muy literales entre mis personajes y mi vida personal. En lugar de buscar la inspiración en experiencias y recuerdos propios intento hacerlo en mi imaginación, para mí es un terreno más fértil. No es que tenga miedo, al contrario: un intérprete siempre está al borde del abismo y yo diría que eso es bueno.

El director de 'La espera', Piero Messina, es primerizo. ¿Qué le hizo confiar en él? Me gustó que Piero que para su primera película hubiera elegido un tema universal y a la vez tan íntimo y personal. Me pareció algo muy valiente. Al mismo tiempo, cuando conoces a alguien generalmente hay algo acerca de la mirada, y acerca de los ritmos de respiración, y de la manera de escuchar, que te hace sentir que puedes conectar con esa persona. Es importante encontrar ese tipo de conexión porque las películas actualmente están atravesando momento de crisis. Hacer una que no sea una gran comedia o un 'blockbuster' lleno de explosiones es una odisea, pero uno debe apostar por aquello en lo que cree.

¿Alguna vez ha tenido que renunciar a aquello en lo que usted cree? Cuando participó en el 'remake' de 'Godzilla', ¿creía en él? Lo rodé porque a mi hijo le hacía ilusión, y lo pasé bien haciéndolo. No me importa rodar en Estados Unidos de uvas a peras, pero allí la presión que ejerce el elemento financiero es demasiada para mi carácter. En realidad siempre he sido capaz de asociarme con aquellos directores con los que quiero trabajar. Y si un día dejaran de llegarme papeles interesantes, los escribiría yo misma para mantenerme activa. Cuando sientes pasión acerca de algo tienes que ir a por ello. No puedes contentarte con ser víctima del sistema, debes cambiarlo si no te gusta. Es decir, como todo el mundo he tenido altibajos y momentos en los que sentí que no iba a ningún lado, pero el tiempo me ha dado seguridad.

¿El tiempo es un aliado o un enemigo? Para mí, el tiempo es un regalo, porque si no transitas por el tiempo no te transformas. El tiempo te permite alcanzar tu verdadero yo. No estoy hablando del cuerpo, por supuesto. El cuerpo no me interesa, me interesa el alma. Es decir, por supuesto me pongo unos tacones y un vestido de gala y me peino cuando es necesario, y por supuesto a veces me miro al espejo y me asusta la paulatina transformación física, pero en todo caso tengo muy claro dónde debo poner el énfasis, y es en mi yo interior. Sí, el tiempo es tu mejor amigo y debes cuidarlo.

¿Diría que nos hace más sabios? Depende. En algunos aspectos mi vida es tan desastrosa como siempre.

¿En cuáles? En el aspecto sentimental no he aprendido gran cosa. Tuve una relación durante más de 15 años, llena de idas y venidas, de rupturas y reconciliaciones. Y al final estaba como al principio. Supongo que aprendí algo de ella; a ser menos posesiva, quizás. Pero no logré cambiar nada. No creo que cambiemos con el paso de los años.

¿Siempre quiso ser actriz? Mi padre era un mimo y protagonizaba espectáculos con máscaras, y yo solía imitarlo. A los 10 años ya escenificaba pequeñas historietas con mis amigos, y me encantaba hacer reír a la gente. Sí, creo que sí.

En el pasado, usted ha hablado sobre el sentimiento de abandono que tuvo de niña. Mi situación familiar carecía de estructura. Mis padres se separaron y pasé mucho tiempo en un internado, o en casa de mi abuela. Mi padre no estuvo ahí; mi madre a veces sí, y a veces no. Me las arreglé para ser feliz, y en buena medida fue por mi facultad para imaginar historias. Nunca me sentí sola porque mi imaginación creaba padres, y amigos y lo que hiciera falta. Eso fortaleció mi lado independiente. Pronto aprendí a entender lo que quería. Aunque aceptarme y quererme a mí misma fue más difícil.

¿Por qué? No sé por qué, pero durante mucho tiempo no me sentí digna de ser querida. Fueron el cine y los directores quienes cambiaron eso.

¿Cuál es el mentor del que aprendió más? Una profesora de interpretación que tuve a los 18 años. En esa época yo actuaba de forma muy afectada y pomposa. Ella destruyó todo eso y me dio las claves para empezar a ser la actriz que soy hoy.

Su madre también era actriz. ¿Cómo digirió el gran éxito de su hija? Supongo que sintió alguna forma de orgullo, pero es una mujer muy recatada que no expresa los sentimientos. Además, cuando en una familia hay alguien que obtiene premios eso causa desequilibrios. Mi hermana, por ejemplo, se tuvo que cambiar el nombre porque estaba harta de que le preguntaran si era pariente de Juliette Binoche. Ojo, lo entiendo. En general, no guardo rencores, ni reproches, ni remordimientos hacia la familia o el pasado en general. El sufrimiento me enseñó a vivir. No me opongo a la melancolía pero tengo tendencia a desapegarme de las cosas del pasado. Supongo que el hecho de llevar una vida plena es lo que me permite hacerlo. Pienso en mi futuro, y sobre todo pienso en el futuro de mis hijos.

"Todos me ven como una tristona y es una pena, porque el cine que me hizo querer ser actriz fue el de  Chaplin"

¿Y cómo ve el futuro? ¿Y cómo voy a verlo? Muy negro. Pongo las noticias y me entran unas ganas enormes de llorar. Prefiero no pensar en eso.

¿Siente que la generación de sus hijos es muy distinta a la suya? En algunos aspectos. Es una tragedia que los jóvenes de ahora hayan sustituido la verdadera literatura por el Twitter. En general no veo en ellos la pasión que yo sentía por ver obras de teatro y películas, y asistir a exposiciones y leer libros. A mi hija Hana le gusta ver películas pero muestra desinterés por las historias, los relatos, que me resulta lamentable. El exhibicionismo de Facebook e Instagram está sustituyendo las verdaderas relaciones sociales. Ya no hay paciencia para ellas. Esa es una gran pérdida.