Dos décadas de disputa patrimonial

El arte de la discordia

La jueza del caso Sijena dictará en breve el destino, policial o no, de las 44 obras pendientes de devolución a Aragón

Este es uno de los cuatro litigios entre Catalunya y la comunidad aragonesa desde la división de la diócesis de Lleida

Tres de las cajas mortuorias expuestas en Lleida y que deben ser devueltas a Sijena, según la ejecución provisional de la sentencia por los 97 bienes del monasterio. 

Tres de las cajas mortuorias expuestas en Lleida y que deben ser devueltas a Sijena, según la ejecución provisional de la sentencia por los 97 bienes del monasterio.  / RAMON GABRIEL

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Julio empezó con una sentencia que obligaba a devolver a Aragón las pinturas murales de la sala capitular del Monasterio de Villanueva de Sijena y acabó con la marcha de 53 piezas del cenobio (ajenas a las pinturas) custodiadas por el MNAC camino del monasterio por imperativo legal, y con la petición del Gobierno aragonés a la jueza para que mandara a la policía judicial en busca de otras 44, las que custodia el Museu de Lleida y que se quedaron en casa. Agosto ha sido inhábil, judicialmente hablando. Y septiembre promete ser tan intenso como julio. La magistrada se marchó de vacaciones emitiendo una providencia que exigía que las obras leridanas tomaran la ruta hacia Sijena, y advertía, pero no especificaba, de las consecuencias de no hacerlo. Aragón espera la vuelta de la jueza para requerir el cumplimiento de la sentencia al precio que sea, por la fuerza si es necesario. Mientras, Catalunya se mantiene firme en su posición de no acatarla, por lo menos de forma inmediata, al tiempo que intenta dilatar el proceso a la espera de que se dicte una resolución favorable a sus intereses (la Audiencia Provincial de Huesca está pendiente de sentencia) que detenga la entrega de las obras.

RAMON GABRIEL

Predela del retablo de la Pietat, una de las 44 obras del Museu de LLeida pendientes de retorno.

¿CÓMO SE HA LLEGADO HASTA AQUÍ? 

Este el enésimo capítulo del llamado litigio por los 97 bienes de Sijena (distinto al que afecta las pinturas de la sala capitular), y quizá también el más crispado y llamativo porque se pide la intervención policial y en caso extremo puede acabar con la inhabilitación del 'conseller' de Cultura. Pero el tema lleva coleando desde 1997. Entonces, el Gobierno de Aragón planteó un conflicto de competencias alegando que no había podido ejercer el derecho de retracto por la compra de las obras. Piezas que las monjas del monasterio depositaron en el Museu de Lleida (44) o se llevaron consigo y entregaron al MNAC (53) cuando abandonaron el cenobio y se instalaron en Valldoreix, en 1970; y que posteriormente, en 1983, 1992 y 1994, fueron adquiridas por la Generalitat y el museo barcelonés. El fallo del Constitucional fue favorable a Catalunya. Pero Aragón no se dio por vencido y decidió probar suerte por la civil presentando una demanda de nulidad por la compra-venta. Y ganó. Un juzgado de primera instancia de Huesca la declaró "nula de pleno derecho" alegando que el monasterio era monumento nacional desde 1923  y que las piezas no podían separarse del conjunto. Dictó su traslado al cenobio. Pero la sentencia admite recurso a la Audiencia Provincial (en curso) y al Tribunal Supremo hasta ser definitiva, y, por lo tanto, lo normal sería que los bienes permanecieran donde están hasta llegar al final. Pero no.

¿POR QUÉ DEBEN MARCHAR LOS OBJETOS?

La jueza dictó un auto de ejecución provisional, que es lo mismo que decir que las piezas retornen a Sijena hasta que haya un veredicto en firme. En caso de que este sea favorable a Catalunya ya harán el camino de vuelta en su momento. Asunto delicado. No es solo poco aconsejable tanto movimiento para unas obras con siglos a sus espaldas sino que además el posible retorno se intuye complicado: lo suyo le costó al Ministerio de Cultura la vuelta de los arcos La Aljafería prestados por el Museo Arqueológico para la Exposición Internacional de Zaragoza. Los recursos de la Generalitat no consiguieron frenar el auto, aunque sí dilatarlo hasta el pasado 25 de julio. Un día después, las 53 obras que custodiaba el MNAC salieron tras el Consell Executiu en el que se acordó no entregar las 44 que se encuentran en Lleida.

RAMON GABRIEL

Fragmentos del reablo de Santa Ana, una de las 44 obras del Museu de Lleida que no se han devuelto a Aragón. 

¿INTERVENDRÁ LA POLICIA JUDICIAL?

Las del Palau Nacional no están catalogadas; las del Museu de Lleida, sí. Un detalle que no es baladí, pues ello significa que están protegidas por las leyes catalanas de Patrimoni y de Museus. De manera que si el 'conseller' de Cultura, Santi Vila, autoriza su entrega incumple con la legislación de Catalunya pero si no lo hace desacata la sentencia. Complicado papel el del 'conseller', que puede acabar inhabilitado. De ahí, el recurso de amparo presentado ante el Constitucional  en julio. Vila se ha reafirmo en la imposibilidad de cumplir la sentencia: "Violentaría todo el ordenamiento legal de Catalunya. La jueza no nos puede pedir que lo hagamos y no lo haremos". Al tiempo que tilda de "disparate terrible que los Mossos tuvieran que retirarlas" del Museu de Lleida. Pero la opción es factible, de hecho es lo que se viene pidiendo desde Aragón desde que las piezas no llegaron. Hay un precedente: en el 2009 la Guardia Civil se personó en el museo ilerdense para intervenir judicialmente una tabla de Pere Garcia de Benavarri. Aunque la disputa era otra. Para ver si las fuerzas de seguridad vuelven a hacer acto de presencia, habrá que esperar a la decisión de la jueza, que se intuye diligente. También existe la opción de que la magistrada amplíe el plazo de entrega para que Catalunya pueda seguir con el proceso de descatalogación de las obras, algo que de momento tiene el dictamen negativo, no vinculante, de la Junta de Museus, y el expediente incoado a la Conselleria de Economia. Todo lo que sea dilatar la entrega es tiempo ganado a la espera de una sentencia superior favorable.

¿QUÉ PASARÁ CON LAS PINTURAS MURALES?

El de los 97 objetos no es el único proceso abierto entre las dos comunidades por los bienes de Sijena. Hay también la demanda por las pinturas murales de la sala capitular del monasterio, posiblemente las mejores pinturas murales europeas de su tiempo, a juicio de muchos historiadores, y las mismas que hicieron llorar a Josep Gudiol cuando las vio quemadas: "No pude contener las lágrimas ante uno de los monumentos más bellos del mundo", dejo escrito. El litigio se inició en el 2014 con el Gobierno de Aragón reclamando su devolución en nombre de las monjas. Detalle que no deja de ser curioso porque en el proceso por los 97 bienes, las monjas son una de las partes demandadas. Paradojas del conflicto. La sentencia en primera instancia del 4 de julio exige la restitución de las pinturas a la sala capitular del monasterio, aunque aquí, de momento, no hay ejecución provisional de la sentencia, pero Aragón amaga con pedirla. 

Un técnico del MNAC y un vecino de Villanueva de Sijena arrancando las pinturas murales, en 1960.

¿AGUANTARÍAN UN TRASLADO?        

Arrancarlas de su emplazamiento actual, una sala creada ad hoc en el MNAC, sería una temeridad, pues su estado es muy frágil y nadie sabe qué puede pasar. Las pinturas fueron quemadas, junto con el monasterio, los primeros días de la guerra civil. Quedaron dañadas y a la intemperie. Y así hubieran seguido, pues el techo no se reconstruyó hasta 1990, si Gudiol no las hubiera recuperado en una de sus expediciones para salvaguardar el patrimonio durante la contienda. Por entonces Sijena formaba parte de la diócesis de Lleida, de ahí la actuación de Gudiol. Se restauraron y en 1940 pasaron al MNAC, donde se exponen desde 1961 junto con otro arranque posterior en 1960 que contó con el apoyo del Estado, el Ayuntamiento de Sijena y las monjas. Estas ese mismo año firmaron un comodato (préstamo indefinido) de las pinturas y en 1992 acordaron con la Generalitat convertir la cesión en donación.

¿CÓMO EMPEZÓ TODO?

Pero los conflictos patrimoniales entre Aragón y Catalunya no acaban en el cenobio. Ni mucho menos. En total son cuatro conflictos, 214 obras en disputa y un enmarañado y largo proceso cuyo origen hay que ir a buscarlo en 1995, cuando la Santa Sede decidió complacer a la ultraconservadora Conferencia Episcopal Española en su deseo de adecuar los límites religiosos a los provinciales y segregó 111 parroquias aragonesas del obispado de Lleida que pasaron a la diócesis de Barbastro-Monzón. Con el gesto se puso fin a ocho siglos de historia común a la vez que se abrió el melón de los litigios que aún perdura.

RAMON GABRIEL

Frontal del siglo XIII de la iglesia de San Hilario de Buira (Huesca), una de las 113 obras de arte sacro de la Franja.

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¿QUÉ OTROS CONFLICTOS HAY?

El primero fue el del llamado arte sacro de la Franja, 113 piezas provenientes de las parroquias aragonesas custodiadas durante años por el Museu Diocesà y que el obispado de Barbastro reclamó ya en 1995. Un litigio eclesiástico con sentencia del Vaticano a favor de Aragón. Pero el proceso está en 'stand by' y las obras siguen en Lleida. Están catalogadas y protegidas tanto por la legislación catalana como por la denegación del 'exequatur', es decir la justicia ordinaria no tiene permiso para ejecutar el decreto eclesiástico. Y desestimada fue en su momento la demanda criminal contra el obispo de Lleida, Joan Piris, que presentaron los municipios de Peralta de Alcofea y Berbegal por un frontal, dos tablas y la portalada de El Tormillo. Aunque todo esto puede cambiar. El Gobierno aragonés pidió a principios de agosto a los obispos de Barbastro-Monzón y Huesca la cesión de poderes para poder reclamar judicialmente todas las piezas citadas. Está por ver si los se los dan.