MEMORIA DE UNOS AÑOS TURBULENTOS

La Barcelona de las pistolas

Antonio Soler y Paco Ignacio Taibo II ofrecen, en dos narraciones de no ficción, visiones contrastadas del anarcosindicalismo de los años 20

Salvador Seguí (en el centro), junto a otros miembros del comité central de la CNT, en Madrid, en diciembre de 1919.

Salvador Seguí (en el centro), junto a otros miembros del comité central de la CNT, en Madrid, en diciembre de 1919. / EFE

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en Cuando puedo, escribo sobre historia, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, fotografía o Barcelona.

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Dos novelistas, el malagueño Antonio Soler y el hispanomexicano Paco Ignacio Taibo II, han escogido la forma de la narrativa de no ficción para relatar prácticamente el mismo periodo histórico: Antonio Soler, la biografía de Salvador Seguí, 'El Noi del Sucre', el líder sindicalista asesinado en 1923; Taibo, una visión colectiva del anarcosindicalismo barcelonés de 1917 a 1923. Sus enfoques ante esa época convulsa no son completamente coincidentes. Mientras Soler pone el foco en el Noi del Sucre y su apuesta por la no violencia, Taibo reconstruye el movimiento a partir de 100 capítulos breves, prefiere señalar con el dedo a los resortes del Estado y la burguesía local y apuesta sin complejos por la "épica proletaria".

'Apóstoles y asesinos. Vida, fulgor y muerte del Noi del Sucre' (Galaxia Gutenberg) es el título del libro de Antonio Soler, premio Herralde en 1996 y premio Nadal en el 2004. Novela, pero de no ficción. "Hay un marco del que no quería salir, el de no inventar nada esencial. Todas las situaciones que recojo tuvieron lugar, aunque por supuesto los diálogos los he tenido que crear", precisa.

300 MEMORIAS

A su vez, Taibo ha rematado un trabajo de 30 años en 'Que sean fuego las estrellas. Barcelona 1917-1923' (Crítica), que ha pasado por "expurgar hasta 300 memorias en busca de la anécdota significativa: la reflexión de Marianet cuando descubre el sindicato después de haber sido peón, camarero, mendigo; la historia del dirigente de los vidrieros, de cómo se alfabetizó; la historia de Durruti, de dónde viene..., hasta dejarlo en un centenar de pequeñas historias que me permiten combinar la multitud y los rostros dentro de la multitud".

'Apóstoles y asesinos' 'Apóstoles y asesinos', del novelista malagueño, traza en forma de novela la biografía de El Noi del Sucre, defensor de la acción pacífica

Ante este panorama colectivo, ¿por qué Soler eligió precisamente a Salvador Seguí? "Me pareció un personaje atractivo y poliédrico, desde su propia personalidad, vital, hedonista", responde. Paco Ignacio Taibo II ha preferido centrarse en todo un periodo. "Lo que me interesaba a mí -añade- era la construcción del movimiento anarcosindicalista, la gran épica de esos años y todo el fenómeno de construcción, destrucción a base de masacres, cárcel, deportaciones y asesinatos y, hasta tres veces, de reconstrucción. La épica proletaria es una de las obsesiones que he mantenido a lo largo de toda mi vida. Me interesaba ver la profundidad de la dinámica de un movimiento de masas con una articulación enorme y una serie de valores muy particulares, el asambleísmo, los mecanismos de cotización, la influencia del periódico, de los ateneos y de las escuelas racionalistas, el fenómeno de la educación desde abajo...".

FUTURO HIPOTÉTICO

La pregunta que se plantea a  partir de la biografía del Noi del Sucre es cómo habrían evolucionado él y el movimiento anarcosindicalista si no hubiese sido asesinado. ¿Habrían acabado los pistoleros de la FAI dominando las calles en julio de 1936, por ejemplo? "Ya se había convertido en una figura incómoda para la CNT -responde Soler-. Tal vez con el tiempo habría hecho lo que hizo Pestaña, un partido sindicalista que hubiese tenido un papel de bisagra. Tenían muy claro que la violencia no conducía a ninguna parte, que era una coartada que se daba a la burguesía y a la policía para que los persiguieran, y lo más lógico es que se hubiese inclinado cada vez más hacia el pacto y la convivencia que hacia la búsqueda de la derrota de la burguesía".

El escritor hisponomexicano  opta en 'Que sean fuego las estrellas' por la "épica proletaria" y señala al Estado como responsable inicial de la violencia

Tiene un peso importante en la novela de Soler el trágico triángulo formado por el Noi y los abogados sindicalistas Francesc Layret y Lluís Companys. Los dos primeros, asesinados por pistoleros, y el tercero, por un pelotón de ejecución. "Layret es un personaje poco conocido y con fuerza personal, política y literaria; afectado por la polio desde niño, su determinación lo convierte en un personaje literario muy atractivo", apunta Soler. "Companys y Layret impulsan la afiliación a la Tercera Internacional; Layret no es solo el abogado heroico de sindicalistas dispuesto a jugarse la vida, es el impulsor del primer proyecto de Frente Popular que hay en España", matiza Taibo.

VIOLENCIA E IDEALES

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En cuanto al título del libro de Soler, esos apóstoles y asesinos, señala la doble naturaleza del movimiento anarcosindicalista. "Hay gente que tiene unas aspiraciones absolutamente limpias, con ideales puros, y con ellos conviven auténticos mercenarios. Y en medio, muchas gamas de grises, gente que creía que la violencia era el único medio para mejorar las condiciones populares, o los que justificaban el atraco a bancos para financiar la lucha obrera". Una doble condición en la que está la semilla de la violencia de 1936. Apreciación de la que discrepa el hispanomexicano. Definir esos años como los del pistolerismo, dice Taibo, es reduccionista: "Viene a decir que los anarquistas disparan y el Estado se defiende; el libro demuestra que el Estado dispara y los grupos se defienden". Considera también que la imagen de las dos almas, el idealismo y el terrorismo, es "muy maniquea y esquemática; Ródenas, el hombre que mata al policía Manuel Bravo Portillo, es un sindicalista de toda la vida que ha estado en la cárcel tres veces, que ha sido acusado falsamente y que de repente asume que ya basta".

En su opinión, se debe cuestionar "la idea de que anarquismo es igual a acción directa armada y violencia, cuando la acción directa era un término de la época que significaba lucha sin mediación gubernamental". Según Taibo, la rueda de la acción y reacción "empieza a girar en los atentados del 17, que son de una extraña oscuridad; 39 detenidos por Bravo Portillo, de los cuales 36 son obviamente inocentes. Y allí lo que encuentras es cómo Bravo golpea a los industriales catalanes que estaban vinculados al armamentismo francés, por instrucciones de la embajada alemana y usando básicamente su red de colaboradores".

Seguí y el nacionalismo

Aunque en un discurso (transcrito, no obstante, por una mano poco neutral) Salvador Seguí llega a plantear la posibilidad de una independencia de Catalunya (para asociarse acto seguido al resto de pueblos de España), tanto Soler como Taibo coinciden en que Seguí no tenía una sensibilidad nacionalista. "Estaba claramente contra el regionalismo de la Lliga. Y respecto al nacionalismo de izquierdas había cierta diferencia, una cuestión de prioridades. Evidentemente tenía raíces catalanas y se expresaba en catalán, pero eso no era su principal preocupación. Se sentía más próximo a un obrero polaco que a un burgués de Barcelona", opina Soler. "Seguí echaba sus discursos en catalán, pero respondía tajantemente que entre el patrón de Madrid y Barcelona no había diferencia. Él y Pestaña estaban totalmente enfrentados al catalanismo de la burguesía", insiste Taibo, "esa burguesía que se había hecho rica al calor de negocios turbios, que nunca se contempla en el papel de patrones beligerantes que tenía". Sin embargo, sí nos podemos hacer preguntas, aunque ya entran en el campo de la política ficción. ¿Habría seguido Seguí el camino de su amigo Companys? Con él al frente, ¿el gran partido de la izquierda catalana hubiese sido algo muy distinto a la Esquerra de Macià?