05 jun 2020

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FESTIVAL DE TORROELLA

La magia céltica de Jordi Savall

El violagambista interpreta con éxito un programa de músicas tradicionales del patrimonio escocés e irlandés

César López Rosell

Jordi Savall, en el Festival de Torroella.

Jordi Savall, en el Festival de Torroella. / MARTÍ ARTALEJO

El agitado verano de Jordi Savall hizo escala en Torroella de Montgrí. Tras el paso por la cuarta cita de músicas antiguas de Poblet y la abadía de Fontfroide, cerca de Narbona, dos muestras que él dirige, el violagambista de Igualada llenó de magia céltica el Espai Ter con un programa de 30 piezas de patrimonio escocés e irlandés y que interpretó en un formato de trío junto a Andrew Lawrence King (arpa irlandesa y salterio) y Frank McGuire ('bodhrán', tambor irlandés).

Nadie diría, por su despliegue de vitalidad y energía creativas, que el maestro haya celebrado recientemente su 75 aniversario. Y menos con una agenda por delante que le llevará en un mes a Dinamarca, Italia, Holanda, Reino Unido, Francia, Bulgaria, Croacia,  Alemania y Bélgica. La velada que nos ocupa mostró unas creaciones que han llegado a nuestros días por tradición oral y que reflejan el espíritu de la identidad de estos pueblos.

HOMBRE Y NATURALEZA

Savall tuvo su primer contacto con la música celta en un festival de Kilkenny (Irlanda), que visitó a finales de la década de los 70. Sorprendido por la belleza, emoción y encanto de unas melodías que conectan con los momentos existenciales más relevantes de los habitantes de estos países, el músico no ha parado de investigar. Documentos como el 'Manchester Gamba Book' le han permitido descubrir la profunda relación de la viola con estas partituras.

Planteado desde la relación del hombre y la naturaleza, el concierto viajó la primera parte por el universo de las músicas tradicionales irlandesas, alternando en su interpretación la viola soprano de Nicolas Chapuy de 1750 con la sonoridad cálida de la viola baja de diferente cordaje y estructura exhibida en un brillante solo del violagambista. El músico, muy didáctico, explicó las características de los instrumentos.

Las tradiciones escocesas dominaron en la continuación con combinaciones de los diferentes instrumentos. Lawrence-King se enfrentó en solitario con su arpa al bloque 'Carolan’s Harp', pero fue con la descriptiva colección 'Irish Landscapes' donde prendió con más fuerza la emoción de esta apasionante aventura rítmica. Lloró la viola soprano con 'The lamentation of Owen Roe' y explotó la vitalidad melódica con otras piezas de danza que describen momentos de alegría. Un buen concierto rematado con dos propinas.