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Estopa, fuente de energía bajo la lluvia

Los Muñoz plantaron su bandera rumbera en Porta Ferrada ajenos al parte meteorológico adverso

JORDI BIANCIOTTO / SANT FELIU DE GUÍXOLS

Estopa, los hermanos Muñoz, en el festival de Porta Ferrada del 2016.  

Estopa, los hermanos Muñoz, en el festival de Porta Ferrada del 2016.   / FERRAN SENDRA

Hay grupos hechos para los festivales de verano, otros cuyo hábitat son los recintos cubiertos hibernales, y luego está Estopa, que lo llena todo sea la época que sea. Como el Espai Port, de Porta Ferrada, en Sant Feliu de Guíxols, que anoche acogió a los hermanos Muñoz y compañía en plena gira estival de entre sant jordis: nueve meses después de llenar el recinto olímpico y a dos meses vista de volver a él para cerrar la campaña de su disco Rumba a lo desconocido.

Los mismos Muñoz, ajenos a los ciclos del calendario y a los partes meteorológicos: este último punto fue literal en Sant Feliu, donde una fuerte tormenta amenazó con suspender el concierto en las horas previas. Estopa, en fin, pudo más y, aun con una tenue llovizna cayendo sobre el recinto, vimos al batería de la banda, Anye Bao, saliendo a escena para ejecutar el solo que da paso a Cacho a cacho. Un clásico del primer disco, con licencias hard rock en el trayecto y estrofas desafiantes en boca de David Muñoz. «Salimos de la cárcel / Metemos la primera / En el loro, Deep Purple / Chirrían las cuatro ruedas».

BOICOT ATMOSFÉRICO / David y Jose aparecieron, como cada noche, del interior de una lavadora doméstica gigante. Lo que no pudo funcionar en Sant Feliu fue la pantalla de vídeo curvada situada al fondo del escenario. Incidencia técnica derivada de las precipitaciones. «Molt contents d'haver tornat i molt contents perquè ha deixat de ploure!», celebró en catalán un optimista David, que añadió por lo bajo, con aire socarrón: «Que nos respete el Dios de la lluvia... Por favor, hijoputa». Con un éxito relativo, puesto que la llovizna, por momentos convertida en lluvia, siguió cayendo intermitentemente durante la mayor parte del concierto.

MATERIAL FRESCO / El contexto vacacional no modificó el guion del grupo, que alternó sus rumbas contagiosas y sus guitarrazos rockeros con otros perfiles de su obra, como la introspección melancólica y las canciones con peso narrativo. Estopa sabe qué quiere explicar a sus fans y no renuncia a ninguna parte del mensaje, de modo que, tras una potente andanada de bienvenida, que incluyó Vino tinto y Pastillas para dormir, bajó el tono con los suaves pliegues rumberos de Estatua de sal, una canción que habría hecho feliz a Ray Heredia. El nuevo material tuvo una fuerte representación, siete canciones, si bien el disco más citado estos días sigue siendo el primero, de 1999, con nueve piezas.

El tempo ligero, de perfiles emotivos, siguió con otro título fresco, Mundo marrón. «Y después de estas canciones melancólicas y sensibles, una rumbita», anunció Jose. Tiempo para Tu calorro, acompañada de las palmas del público y con la pista, sin sillas en esta ocasión, convertida en aula de bailes de salón. David miró al cielo cuando cantó a las nubes de Corazón aerodinámico y se puso serio al presentar Sin sombrero, canción cuyo protagonista sufre adicciones, que dedicó «a un amigo de Cornellà que dejó este sistema planetario para irse a otro, el suyo particular».

Clima contenido, estrofas volcadas hacia adentro, y más introspección con Ya no me acuerdo, el momento solista de Jose, con improvisación de teclados de Nacho Lesko. David desapareció ahí del escenario y su hermano simuló enfadarse y ponerse verde como el increíble Hulk. Más giros: la extrovertida Gafas de rosa, apuntando a la inhibición política («Cuando parece que te estén llamando / a la cara tonto y tú tan contento») y el tramo de David y Jose solos, a dos guitarras, revisando sus canciones en su forma original. «Como las inventamos en casa, Aunque no seamos ni Mark Knopfler ni Jimi Hendrix». Vuelvo a las andadas, Demonios, La del Lute... De nuevo con la banda, Tan solo, con su alusión a un «suelo mojado» mientras la lluvia volvía a hacer de las suyas para dar un poco más de realismo a la canción. Pero nada podía parar, en fin, a los Muñoz en su camino a Fin de semana, El del medio de Los Chichos o ese Fuente de energía que les define y que puso el Espai Port del revés, contra la «cárcel sin salida», la «mala memoria» y los elementos adversos de una noche de verano.

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