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Crecer con Sergio Dalma

El intérprete conquista a dos generaciones de fans en Cap Roig

JORDI BIANCIOTTO / CALELLA DE PALAFRUGELL

Sergio Dalma, durante su actuación de anoche en Calella de Palafrugell.

Sergio Dalma, durante su actuación de anoche en Calella de Palafrugell. / JOSE IRUN

Después de sacar punta, y oro, a su vocación italiana en su último ciclo de discos, Sergio Dalma desarrolla ahora un perfil más pop y más siglo XXI. Ambas facetas, la del baladista enamoradizo de voz quebrada y el intérprete de contornos adultos que mira de reojo a la música anglosajona, en eléctrico y en acústico, confluyeron este sábado en una foto apaisada en la que hubo espacio y tiempo para todo. «Será un concierto largo», anunció el cantante de Sabadell al comienzo del primero de sus dos recitales en Festival de Cap Roig.

Su figura del galán romántico no se consume, tan solo va modulando sus formas para deleite de un público fiel, que se amplía por abajo sin insinuar complejos por el consumo de estrofas tan sentimentales. Dos generaciones, madres e hijas, y un colectivo de maridos al que Dalma se dirigió con comprensión. «No será duro, pasará bien», ironizó.

Con volumen

Las primeras cuatro canciones procedieron de su nueva obra, titulada sucintamente Dalma. Ahí estuvieron Eres, con introducción intensa a lo Coldplay, la álgida Imaginando y dos piezas más recogidas, Nada igual a ti Se empieza nuevamente. Del empuje pop con aparato electrónico y guitarras nerviosas al medio tiempo de taburete y mirada corta. Lástima que quedara fuera del repertorio una de las mejores del nuevo disco, Si todo lo que siento se pudiera cantar, que le ha compuesto Iván Ferreiro.

Más que cruzar repertorios, Dalma los agrupó en grandes bloques, y el segundo dirigió la mirada a Italia, al cancionero con el que, confesó, se familiarizó en su infancia, a través de los discos del Festival de San Remo que corrían por casa. De Jimmy Fontana (El mundo) al más contemporáneo Umberto Tozzi (Te amo, Gloria), aquí en potente tándem con la corista Alicia Araque, pasando por Sandro Giacobbe y El jardín prohibido, ese clásico, en el que el protagonista, tras pegársela a su mujer con su mejor amiga, le suelta: «Lo siento mucho, la vida es así, / no la he inventado yo».

Una transición al lenguaje acústico trajo el viaje al «comienzo de todo» con Esa chica es mía, su primer éxito, de hace 27 años, rumbo a piezas más modernas, como Si te vas y Déjame olvidarte, esta con estrofas en catalán. También en su lengua materna cantó Boig per tu, de Sau, primero a voz y piano y finalmente a cappella, arropado por el público, mientras se adentraba en la platea buscando el cuerpo a cuerpo con sus fans.

Los cambios de bloque, con cortinas electrónicas y Dalma fuera de la escena, fueron un poco largos. El tercero trajo un regreso al medio tiempo pop con Mi historia entre tus dedos, un Solo para ti con suave groove y guitarras endurecidas, y La vida empieza hoy. Tiempo de canciones impepinablemente populares, italianas (Tú, Yo no te pido la luna) o no, con ese Bailar pegados que consumó el gran momento de identificación colectiva. El fetiche del karaoke, una de las canciones más versionadas y parodiadas de los últimos 25 años, en su voz original. Para disfrute de madres, hijas y, quizá, algún marido.