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CRÓNICA DE MÙSICA

Martirio, la belleza y el descaro

La cantante onubense resumió sus 30 años de carrera en el Palau en un generoso y diverso recital que contó con las intervenciones de Maria del Mar Bonet, Sílvia Pérez Cruz y Arcángel

Jordi Bianciotto

De izquierda a derecha, Maria del Mar Bonet, Sílvia Pérez Cruz, Martirio, Arcángel, Raúl Rodríguez y Guillermo McGill, el viernes en el Palau de la Música. / EVA BONET

De izquierda a derecha, Maria del Mar Bonet, Sílvia Pérez Cruz, Martirio, Arcángel, Raúl Rodríguez y Guillermo McGill, el viernes en el Palau de la Música.
Martirio, durante el concierto que ofreció el viernes en el Palau de la Música.

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Hace ya 30 años que Martirio demostró que se puede ser riguroso en el arte sin dar la impresión de vivir torturado por una insondable angustia interior. A través de un personaje que comenzó casando ironía posmoderna y respeto a la tradición antes de embarcarse en provechosas aventuras con la canción universal. Distintas pero íntimamente ligadas versiones de Martirio que este viernes confluyeron en su aniversario de carrera en el Palau, dentro del Mas i Mas Festival.

Noche de mirada larga, de reconocimiento del camino andado, que comenzó con aquella Martirio que un día, en complicidad con Kiko Veneno, usó la copla para expresar el estrés del ama de casa (‘Estoy mala’) y para mofarse del vecino vanidoso (‘Madurito interesante’), y que más tarde acercó el género al jazz. “Qué idea, se nos encendió la bombilla”, celebró, evocando su cita con Chano Domínguez, en ‘Dicen’ y ‘Eres mi marío’, canción esta que es como si Quintero, León y Quiroga la hubieran escrito pensando en ella.

DE LA COPLA AL DRAMA

Con esa banda, asentada en el piano de Jesús Lavilla, podía afrontar cualquier misión, y de la copla-swing viajamos a la canción ensoñadora, con fondo trágico, en ‘L’àguila negra’, cuyas estrofas en catalán recorrió Martirio de la mano de la primera invitada, Maria del Mar Bonet. Como hace casi 20 años en el Sant Jordi, compartieron sendas canciones populares gemelas, la mallorquina ‘La mort de na Margalida’ y la andaluza, “su madre”, apuntó Bonet, ‘Trigales verdes’.

JULIÁN GARCÍA

Martirio, en el Palau de la Música.

Raúl Rodríguez, que ya ha dejado de ser el hijo de Martirio para alzarse como creador con voz propia, fue otro puntal, alternando la guitarra y su exclusivo tres flamenco, compañero de la brisa de ‘Las palmeras’. Poderío vocal flamenco, el del paisano onubense Arcángel, en unos arrolladores fandangos de Huelva que condujeron a la luminosa sevillana-jazz de ‘Tú no te escapes’.

Y en ‘¿Hacia donde?’, de Marta Valdés, hizo su aparición Sílvia Pérez Cruz. Punto y aparte para su delicado, respetuoso, diálogo con la protagonista de la noche, en su mejor versión, deslumbrando luego sin acaparar en ‘María la portuguesa’, de Carlos Cano. “Quieren vivir, sufrir incluso contigo”, le hizo notar la ampurdanesa a Martirio aludiendo a un público que, rondando ya las dos horas y  media de recital, se deleitó volviendo al principio, a las ‘Sevillanas de los bloques’, en el Palau sin chándal ni tacones, pero con todo el descaro con el que un día decidió llevarse la vida por delante.

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