Ir a contenido

Una olla a presión en Bayreuth

El festival alemán dedicado a las óperas de Wagner implanta medidas de seguridad extremas mientras se multiplican los dramas no escénicos

Rosa Massagué

El tenor alemán Klaus Florian Vogt, durante un ensayo de ’Parsifal’, en Bayreuth.

El tenor alemán Klaus Florian Vogt, durante un ensayo de ’Parsifal’, en Bayreuth. / ENRICO NAWRATH HANDOUT

Cuando faltan pocas horas para que se alce el telón del Festival de Bayreuth dedicado a las obras de Richard Wagner, el teatro de la ciudad bávara es una olla a presión con varios dramas no escénicos en ebullición. El anuncio de que Angela Merkel no asistiría a la inauguración como había hecho cada año desde que llegó a la cancillería en el 2005 parecía un mal augurio. La versión oficial recurría a problemas de calendario.

La rumorología -en Bayreuth todo es hermético- daba otras explicaciones. Una de ellas la situaba en la interpretación del mensaje que el director de escena, Uwe Eric Laufenberg, daba a ‘Parsifal’, el drama sacro con el que se abre esta edición. Su declaración de que profundizaría en el tema de la religión como causa de las guerras hizo que se asociara este enfoque con el antiislamismo. Laufenberg no es un iconoclasta. Sus puestas en escena son más bien acomodaticias (basta recordar su 'Caballero de la rosa' visto en el Liceu hace seis años) y él mismo desmintió tal enfoque aunque también añadió que no iba a renunciar a sus ideas.

MALESTAR ENTRE LOS ARTISTAS

Sea como fuere, lo que sí se plantea es una cuestión de seguridad, hecha más acuciante tras el atentado del viernes en un centro comercial de Múnich. Los controles impuestos son tan severos que los propios artistas que llevan más de un mes ensayando han manifestado su malestar por tanto rigor. Incluso Klaus Florian Vogt, el tenor que cantará el papel de Parsifal, vio denegado su acceso al teatro por no llevar consigo su identificación.

La colina ya no será un lugar abierto en el que por las zonas ajardinadas o alrededor de los edificios del teatro se confundían espectadores engalanados, turistas con bermudas y familiares de los artistas que acostumbran a pasar en Bayreuth los casi tres meses de estancia que implican los ensayos y las funciones.  Unas vallas restringirán el acceso solo a quienes tengan entrada. Un Bayreuth encerrado sobre sí mismo es un mal presagio.

Una de las medidas de seguridad es la prohibición de llevar cojines. Cuando Wagner construyó su teatro quiso que los asientos fueran incómodos para que los espectadores no se durmieran. Por ello es habitual que los asistentes intenten mejorar la confortabilidad por cuenta propia. El anuncio ha desatado quejas, como la del expresidente de la Sociedad Wagneriana de Escocia, que pide una alternativa. Dice que, tratándose de una persona anciana, le preocupa la perspectiva "de tener que estar sentado 15 horas en asientos de madera".

Y en un giro trágico-cómico, la policía local de Bayreuth ha detectado a 35 personas con algún tipo de antecedente penal entre el personal de seguridad contratados por la gerencia del festival.

INTERFERENCIAS DE THIELEMANN

El otro drama es el artístico, o más bien es un drama sobre el poder. Cuando faltaban cuatro semanas para la inauguración, Andris Nelsons, director de 'Parsifal', anunció que abandonaba dejando claro que no lo hacía por diferencias de criterio con Laufenberg, lo que permitía interpretarlo como un desencuentro con el director musical del festival, Christian Thielemann, a quien se le acusa de interferir en el trabajo de los directores de orquesta.

Una nota difundida por la oficina de Nelsons, que en ediciones anteriores del festival había dirigido 'Lohengrin' con gran éxito, señalaba que en esta ocasión no se había desarrollado "una atmósfera cómoda para todas las partes". Por su parte, Laufenberg aseguró en una entrevista que nunca tuvo problemas con Nelsons y apuntaba directamente a las interferencias de Thielemann.

El pasado año el director musical del festival ya logró que Kiril Petrenko, que había dirigido magistralmente 'El anillo del nibelungo', renunciara a seguir haciéndolo. Su sucesor en el podio será este año el veterano Marek Janowski, que en los años 80 grabó un 'Anillo' que aún hoy es de referencia, lo que no fue obstáculo para que Thielemann se permitiera darle consejos.

Se da la circunstancia de que los nombres tanto de Nelsons como de Petrenko aparecían junto al de Thielemann en la lista de posibles directores de la Filarmónica de Berlín. Al final fue Petrenko el escogido.

Otra renuncia polémica cuando faltaban pocas semanas para la apertura del festival ha sido la de Jennifer Wilson, que debía cantar Sieglinde en 'La valquiria'. Oficialmente, su voz no es adecuada para el papel, algo que el director musical de Bayreuth debería haber sabido antes de contratarla, solo que quienes realmente entienden de voces saben que este no es su fuerte.