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MEMORIA RECUPERADA

Los poetas (muertos) de la Barcelona libertaria

Una antología rescata las voces de 18 autores ya desaparecidos que eclosionaron en la etapa más transgresora de la ciudad

ELENA HEVIA / BARCELONA

Hacía muchos años, más de tres décadas, que el poeta David Castillo conservaba en su casa cajas con fanzines, revistas y libros de sellos alternativos como una forma de no desprenderse de uno de los momentos más intensos de su vida: su adolescencia ácrata y contracultural en la Barcelona de los 70. Una época cargada de rebeldía y promesas que vino y se fue en unos pocos años casi sin dejar rastro. Recientemente, le pidieron a Castillo un recital poético sobre William Burroughs y él respondió que el norteamericano estaba bien, pero que él había conocido auténticos 'beatniks', poetas que en la mayoría de los casos no presumían de serlo, que solían cultivar también la música y el dibujo y que se impulsaron gracias al anarquismo y las drogas por el lado más bestia de la vida, que dirían Lou Reed y Albert Pla.

 Y la constatación estaba precisamente en aquellas viejas cajas, verdaderas cápsulas del tiempo de las que nace ahora un libro, 'Poesía Contracultura Barcelona', publicado por el ayuntamiento de la ciudad, en el que Castillo y Marc Valls han ejercido de antólogos. Se reúnen textos de 18 poetas nacidos entre 1946 y 1967, y lo más sobrecogedor es que, como en la película, hoy todos están muertos. De losa 18, una docena estuvieron vinculados a la heroína; seis cayeron directamente a causa de ella entre los años 80 y los 90 y más tarde la enfermedad o la voluntad se llevó al resto. "Ninguno se apuntó al papel de víctima –precisa Castillo- , la droga no fue el origen de sus desgracias, sino un paliativo frente a la angustia".

UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA

Cuando buena parte de aquella historia se ha ido recuperando gracias a libros como ‘Los 70 a destajo’ de Pepe Ribas (que ha anunciado su intención de volver a reeditar la revista Ajoblanco) o las memorias de Nazario, devolver el protagonismo a los habitantes de aquel momento de euforia, rabia y posterior desencanto era una cuestión de justicia. El libro, construido a modo de fanzine de la época, no solo incluye poemas sino también obra gráfica, numerosas fotografías y textos de compañeros de viaje con mucho más predicamento como Enric Cassasses, Jesús Lizano,  Narcís Comadira o Joan Vinuesa.

La lista de los nombres antologados ocuparía medio artículo. Pero merece la pena detenerse en algunos. El primero en marcharse fue el suicida Zane Speer, seudónimo de Carlos Mesenburger, miembro de la banda Los Psicópatas del Norte, "una mezcla explosiva de temperamento y una gran sensibilidad", en palabras de su amigo Valls. Otro músico que también se apartó por propia mano fue Jaume Cuadreny, hacedor de canciones rarísimas y artista inclasificable.

El  saxofonista Jordi Carbó llegó a compartir escenario con Nico en la Floresta, donde la diva de la Velvet Underground se recluyó un cierto tiempo antes de huir a Ibiza. "Soy yonqui y moriré yonqui" confesaba en un texto impagable que funciona como punto de partida en el libro y en el que precisaba que cuando apareció el sida, "ya hacía tiempo que habían acabado con nosotros".

No uno sino dos hermanos de Pasqual Maragall figuran en la selección. El serio y callado Pau Maragall, alias Pau Malvido ("un eslabón entre la cultura libertaria y el punk londinense", según Castillo), dejó escrito, además de su poesía, todo un manifiesto generacional, 'Nosotros los malditos', publicado originalmente en la revista 'Star' y que quizá Anagrama debería reeditar. En un artículo publicado en EL PERIÓDICO en 1994, su amigo Pau Riba clamaba en ocasión de su muerte: "¿Cuándo empezaste a morir? Juraría que fue el mismo día en que alguien tuvo la sucia idea de utilizarte contra tu hermano el alcalde". Su hermana Mònica, menos inédita y exhibicionista que el resto pero mucho más oculta, también es la única mujer de la antología. 

CON ROBERTO BOLAÑO

Los hubo que pasaron por la cárcel, como Pepe Sales que a los 20 años compartió penalidades con Puig Antich. O el argentino Raúl Núñez (sí, el autor de 'Sinatra' y 'La rubia del bar', que tuvieron adaptación cinematográfica), un sosias de Bukowski que a poco que te descuidaras intentaba venderte sus libros por las Rambles. Y gente, en fin, hoy mucho más conocida, como Roberto Bolaño (con fama hoy estratosférica, entonces un desconocido infrarrealista) y Xavier Sabater, impulsor de la polipoesía. Pero también Pere Marcilla, Jordi Pope, Piru Cirugeda, Leo Segura, J. Daniel Vidal, Carlos Iguana (el más joven, seguidor incondicional del maldito Leopoldo María Panero), Sebastià Roure y Genís Cano, juez y parte de aquella época gracias a sus imprescindibles libros 'Poètica de la contracultura' y 'A imatge de la contracultura'.

"¿Quiénes son estos poetas tan buenos?", se pregunta Castillo en el prólogo. El libro aporta material suficiente como para que cada lector dé su propia respuesta. No se trata de establecer una nueva generación. Casi todos se conocían, algunos fueron amigos. Quedan reunidos aquí como habitantes de un momento peligroso y fugaz. Irrepetible.  

David Castillo, una mirada más a los 70

David Castillo tiene doblete en las librerías con la recuperación de 'El túnel del tiempo' (Sial / Contrapunto), sus poemas setenteros y de principios de los 80, que dan cuenta de una época  -como la definió Marcel Pey, testigo de aquellos años- "en la que todos los defectos se consideraban virtudes". Chico de barrio, el poeta, que aún no había cumplido los 20 años, escribía todavía en un castellano mestizo y estaba en la cumbre de su militancia libertaria.