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CRÓNICA DE TEATRO

Póquer de ases para 'El preu'

Sílvia Munt lleva a buen puerto la obra de Arthur Miller con Arquillué, Madaula, Marco y Renom en el reparto

César López Rosell

De la imponente 'Les bruixes de Salem' inaugural del Grec a 'El preu', drama con montaje de Sílvia Munt que se ha estrenado con gran éxito en el Goya. Dos obras de Arthur Miller de diferente textura que nos acercan a las inquietudes del ser humano de hoy. La primera, en torno a la caza de brujas, recordando que el fanatismo y la intolerancia sigue vigentes, y la que nos ocupa, poniendo en primer plano la inseguridad del hombre ante las decisiones más relevantes de su existencia en un contexto de recesión, tras el 'crack' del 29, muy parecido al que vivimos hoy.

Con el reducido cosmos familiar de la historia, Miller construye una demoledora crónica de la decadencia americana durante la Gran Depresión. Munt ha acertado al evitar la tentación de actualizar la obra, y es que el mensaje universal que transmite conecta mucho mejor con el espectador reproduciendo la atmósfera real de la historia. La austera pero expresiva escenografía de Enric Planas, apoyada en la proyección de imágenes relacionadas con el pasado, refuerza el marco donde se desarrolla la trama.

MUEBLES EN VENTA

'El preu' narra el encuentro de dos hermanos, que llevan 16 años sin hablarse, en la buhardilla de la antigua casa paterna donde se acumula una montaña de muebles viejos que van a ser vendidos porque el inmueble será derruido. Víctor (Pere Arquillué), un humilde policía a punto de jubilarse, y su mujer, Esther (Rosa Renom), han convocado al hermano mayor, Walter (Ramon Madaula), un cirujano de éxito. El objetivo de la cita es conseguir un buen precio para los enseres. Salomon (Lluís Marco) es el tasador que intenta hacer negocio con estos objetos.

Walter tarda en llegar y Víctor alcanza un rápido acuerdo con el chamarilero. Cuando el primogénito aparece, la negociación entra en punto muerto, y el viejo y filosófico comerciante, que ve en esta operación una oportunidad de volver a sentirse vivo, se retira de la escena para dejar que los dos hermanos acaben de dilucidar sus diferencias sobre el valor de los objetos.

FANTASMAS DEL PASADO

Pronto se pondrá en evidencia que, salvo para el tasador y para una Esther que recurre al alcohol para ahuyentar la depresión, el dinero no es el meollo del asunto. Los muebles agitan los recuerdos de un pasado que han dejado en el aire muchas incógnitas. A partir de ahí se abre un enfrentamiento dialéctico de mucho voltaje favorecido por la arquitectura dramática de Miller y que Munt y sus cuatro intérpretes han sabido modular magistralmente.

El autor no toma partido y deja que las razones de unos y otros salgan a la luz. Walter, que desvela el secreto que le obligó a alejarse de un padre arruinado, intentará acercarse a su hermano ofreciéndole un trabajo que asegure su futuro, pero la desconfianza de Víctor le impedirá avanzar en la reconciliación. El excelente trabajo con los bien caracterizados personajes cierra el círculo virtuoso de una excelente puesta en escena potenciada por un lujoso póquer de ases de la interpretación.

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