Jim Crace: "No he querido sostener un espejo frente al mundo real"

El prestigioso y secreto escritor británico publica 'Cosecha', una fábula milenarista

El escritor británico Jim Crace. 

El escritor británico Jim Crace.  / ANDREW BAINBRIDGE

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ELENA HEVIA / BARCELONA

Hay más vida en la novela inglesa más allá de los publicitados Ian McEwan, Martin Amis o Julian Barnes. Y no, no se trata de jóvenes. Jim Crace, posiblemente el escritor vivo británico más riguroso y original, pertenece a la misma generación que ese trío de vacas sagradas pero por carácter y por vocación siempre se ha mantenido al margen. Para dar su medida, habría que decir que en la lista de las mejores novelas británicas de los últimos años su libro 'Amanece la muerte' tendría un lugar de honor. A esto hay que añadir que Crace (St Albans, 1945) ha tenido una suerte editorial bastante errática en España. Ahora acaba de aparecer su última novela, 'Cosecha' (Hoja de lata), fábula milenarista ambientada en una Edad Media mítica que no debe ser leída solamente como una novela histórica. En una conversación mantenida a través de internet, Crace se define como un hombre que a pesar de escribir novelas oscuras solo es un padre de familia alegre y optimista "que ha tenido una justa ración de buena suerte".

¿Hasta qué punto se considera un escritor secreto? ¿Situarse alejado de los focos mediáticos ha sido una decisión voluntaria o producto de las circunstancias? Vivo lejos de la vida literaria y los medios de comunicación y, si no puedo evitarlo, intento tener el menor contacto posible con ellos. Pero en lo tocante al mundo de los narradores de historias no estoy alejado en absoluto. Creo que ningún escritor de verdad puede alejarse de eso.

Aseguró que después de publicar 'Cosecha' en el 2013 se iba a retirar de la ficción definitivamente. ¿Sigue en sus trece? No, lo he reconsiderado. Pero la razón principal ha sido el fangoso invierno británico que me ha atrapado en su interior. ¿De qué otra manera podría pasar el tiempo si no es escribiendo una nueva novela? Sin embargo, el verano finalmente ya ha llegado y ahora me doy cuenta de que soy mucho más feliz haciendo trabajos de jardinería o caminando que escribiendo. Así que mi vida creativa depende del clima. Si el próximo invierno se augura tan repugnante como el pasado, entonces mis lectores pueden esperar una nueva novela en el 2017.

Con 'Cosecha' recibió el prestigioso premio IMPAC. ¿Ha tenido que ver este reconocimiento en su  decisión de que, finalmente, no sea su última novela? Bueno, se podría decir que los premios me han dado una temerosa y temeraria confianza.

Usted residió en Birmingham durante años y ahora vive en un pueblo muy pequeño. ¿Ha afectado este cambio a su escritura? Vivo en pleno campo, entre ovejas y burros. El traslado fue decisión de mi esposa, que quería cambiar después de 40 años en el mismo suburbio de Birmingham. Aquello era demasiado rutinario y ahora estamos viviendo una aventura vinculada a la creación de nuestro jardín, que estamos cuidando con mucha dedicación.

¿Ese sentimiento está en la base de su novela? Es posible que haya una cierta sensación compartida con los personajes de 'Cosecha' que intentan luchar por un pedazo de tierra productiva al que poder llamar suyo, sí.

La mayoría de sus ficciones se sitúan en momentos históricos de transformación y cambio. ¿Por qué está tan interesado en ellos? La literatura prefiere el cambio al éxtasis (de la misma manera que prefiere la enfermedad frente a la salud, el divorcio al matrimonio, la guerra a la paz o la desesperación a la felicidad). La ficción prepara al lector para las sombras y la amargura que puede depararle el futuro.

¿'Cosecha' ocurre realmente en la Edad Media? ¿Se podría decir que en realidad esto es más bien una distopía obsesivamente detallada Un buen mentiroso nunca deja los detalles al azar…

Es decir que ¿en realidad no está verdaderamente interesado en la novela histórica? ¿Su intención es más simbólica? ¿Simbólica? Tal vez. Se supone que mis libros tienen más interés por el mundo contemporáneo que por la fidelidad a la historia. Su sensibilidad es del siglo XXI y probablemente, anacrónica en su configuración y sus prejuicios. Pero eso no es algo que haya pensado cuidadosamente. No tengo un plan. Es sencillamente el canto natural de mi voz. No he querido sostener un espejo frente al mundo real, prefiero la invención.

En 'Cosecha' un microcosmos social se destruye en siete días, los mismos que Dios tardó en crear el mundo. ¿Qué influencia tienen los textos religiosos en su estilo? No soy religioso en lo más mínimo. Soy ateo. Pero ningún contador de historias puede ignorar las grandes narrativas de las grandes religiones. Sus creencias pueden ser falsas pero la potencia y la trascendencia son reales. Me ha influido mucho la hermosa melodía de los textos religiosos, especialmente de la Biblia del rey Jacobo y del Corán. Pero mi respuesta a ello es literaria y no espiritual.

¿Por qué después de tantos siglos hemos erradicado tantas cosas en nuestra sociedad, pero no la violencia? ¿Por qué sigue siendo un poder tan esencial en nosotros? Bueno, hemos erradicado bastante la violencia en comparación con los animales y con nuestra propia prehistoria. La mayoría de la gente no suele levantar la mano cuando se enfada. La violencia entre nosotros es una aberración, no una norma. Debemos hacer que esa norma sea cada vez más estricta. 

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¿Se podría decir que esta es su novela más política? Quizá no sea la que más. Mi novela anterior, 'Lennie sopla', protagonizada por un antiguo activista, tenía una vinculación con la realidad más acuciante. Y mi próxima novela, todavía a la espera de un invierno húmedo, está relacionada con el tema de la pobreza. Sin embargo, 'Cosecha' se ocupa de una de las formas más habituales del robo de la historia, aquella en la que  los hombres y las mujeres son despojados de sus campos por organizaciones y negociantes que solo buscan la riqueza.

Aunque fue escrito antes, es fácil leer el libro bajo el paraguas de la crisis de los refugiados. Exacto, así es. He vivido la mayor parte de mi vida en una ciudad inmensamente multicultural y hospitalaria, pero el miedo a los extraños siempre está al acecho, especialmente cuando las condiciones sociales se deterioran. Eso es un motivo de preocupación y de interés. Y no podemos arriesgarnos a ignorarlo.

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