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Canet, en suelo firme

El festival agotó las 20.000 entradas y planea volver en el 2017 tras culminar su tercera edición viajando del metal de Sangtraït a la verbena de Els Catarres

Jordi Bianciotto

Público del Canet Rock durante el festival en el Pla den Sala.

Público del Canet Rock durante el festival en el Pla den Sala. / FERRAN SENDRA

Cada edición es un examen para Canet Rock, un festival que nunca da por hecha su continuidad de un modo automático, que se sienta a evaluar pros y contras antes de tomar la decisión. Y todo apunta a que sí, a que habrá cuarto Canet en el 2017. “Si todo acaba saliendo bien lo haremos. Es lo más probable. Esencialmente porque nos lo pasamos bomba organizándolo y porque el resultado es bueno”, explicaba la madrugada de este domingo la directora del festival, Gemma Recoder.

Canet Rock parece haber dado con su fórmula, si es posible hablar en esos términos de una convocatoria viva y sujeta a los cambiantes gustos del público: una secuencia de actuaciones muy estudiada, con pop por la tarde, gestos históricos en el ‘prime time’ nocturno y verbena sin freno en la madrugada, y con su dimensión física precisa. Este año se pusieron a la venta 20.000 entradas, como en el 2015, que se agotaron el mismo sábado. Eso significa 5.000 menos que en la primera edición, en el 2014. Pero ya está bien así, apunta Recoder: aquellos 25.000 asistentes no salían a cuenta. “Salidas de emergencia, más personal, un puente que tuvimos que construir expresamente… El año pasado decidimos que 20.000 es un buen aforo”, señala. Cifra a la que hay sumar algunos centenares de invitados, tanto artistas como patrocinadores y prensa.

PISTA VALENCIANA

Situar la muestra en el Pla d’en Sala, donde se celebró en los 70, con un único escenario, como entonces, y con un programa 100% autóctono, “de los Países Catalanes”, precisa la directora (este año no ha habido grupos baleares pero sí tres valencianos, Tardor, La Raíz y Aspencat), responde a la idea de “mantener el romanticismo y la esencia”. Ahí cabe cualquier expresión musical, ya sea en catalán o en castellano (el festival ha mantenido contactos con Estopa), y la inclusión de artistas de otras áreas geográficas es observada con suma prudencia. “Se nos ha pasado por la cabeza invitar a algún grupo escocés o irlandés, pero por ahora es solo una idea. Quizá se podría plantear un intercambio con otro festival e incluir a un grupo de fuera como invitado”, razona Gemma Recoder, que subraya “el momento brutal que vive la música del país, que permite que el festival pueda mantener su identidad”.

CAMINO DE JAMAICA

La larga noche de Canet Rock 2016 la encarrilaron Els Pets con un ‘grandes éxitos’ seleccionado en buena parte por el público, que no pidió rarezas sino canciones conocidas como ‘La vida és bonica (però complicada)’, ‘S’ha acabat’, ‘Agost’, ‘Una estona de cel’… Pase muy vigoroso, con un Lluís Gavaldà que domina el lenguaje de los grandes recintos y que hizo que sus fans se quitaran las camisetas y las hicieran ondear cuando interpretaron ‘Jo vull ser rei’ rumbo al ‘Bon dia’ final. “Salut i república!”.

Quim Mandado y Martín Rodríguez evocaron su pasado en Sangtraït con Joan Cardoner y un tercer miembro de aquel grupo, el guitarrista Josep Maria Corominas, que se sumó a medio concierto dando más cuerpo a ‘Buscant una dona’, ‘Alè de mil cent’, ‘El senyor de les pedres’ y su mayor clásico, ‘El vol de l’home ocell’. Y tras el rock metálico, cambio drástico de guión con La Gran Pegatina, que anunció el tiempo de verbena en Canet. Hiperactiva, fundiendo con extrema ansiedad latinidad y ska en un formato de ‘big band’ mestiza, 13 músicos triturando a placer canciones como ‘Alosque’, ‘El gat rumberu’ y ‘No som d’aquí’, con Adrià Salas turnándose en sus labores vocales con La Canija (de D’Callaos) y el rapero Pipo Ti (Gregtown).

La Raíz alzó el tono político con su choque de rock urbano y guiños tropicales con sección de viento, y el ritmo con vistas a Jamaica se mantuvo en el sustrato de los pases de Itaca Band y Aspencat. El momento icónico, la salida del sol, llegó con Els Catarres. “Esteu desperts?”, preguntaron cerca de las seis de la madrugada ante un Pla d’en Sala todavía repleto, en pie de guerra y de fiesta. De ‘Rock & roll’ y ‘Vull estar amb tu’ a ‘Estels al vent’, mientras la luz diurna desvanecía lentamente el encantamiento.

La conexión: visitas de la Dharma, Gossos y Txarango

Muchos artistas pasaron por este Canet Rock, y no solo los que formaban parte del cartel. Se vio a músicos que han actuado en ediciones anteriores, que mantienen un vínculo de simpatía con el festival y no quisieron perderse esta nueva cita de la música catalana. Como los hermanos Joan, Lluís y Maria Fortuny, de la Companyia Elèctrica Dharma, que acabaron siendo reclutados como coristas de la breve actuación del ex ‘trinco’ Josep Maria Mainat.

También se pudo ver a miembros de Txarango (banda que actuó en los Canet Rock del 2014 y 2015) y Gossos (2014), y al que fuera vocalista original de Lax’n’Busto, Pemi Fortuny, que cantó el año pasado con La Banda Impossible y que pasa una temporada en su localidad natal, El Vendrell, haciendo un alto en sus proyectos de acción humanitaria en Sierra Leona.

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