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Wilco exhibe sus poderes en el Vida

La banda rock de Chicago reina en la primera jornada oficial del festival

Juan Manuel Freire

Wilco, en el Vida Festival de Vilanova i la Geltrú. En la imagen, Jeff Tweedy.

Wilco, en el Vida Festival de Vilanova i la Geltrú. En la imagen, Jeff Tweedy. / JORDI VIDAL

Lo de la madrugada del viernes en el Vida Festival fue, simplemente, otro concierto de Wilco, lo que en su caso significa: otra exhibición. Pocas novedades respecto a lo visto y admirado en sus últimas visitas, salvando el repertorio del reciente ‘Star wars’ (2015), explorado sobre todo en la recta inicial de su actuación, con la folk ‘More…’ y después las más rocker ‘Random name generator’ ‘The joke explained’. El resto fue un recorrido por la carrera con tintes experimentales que iniciaron a principios de siglo –apenas referencias a su período anterior, más ligada al power-pop– con los hitos habituales.

Es decir, el líder Jeff Tweedy volvió a mostrar una voz que emociona sin estridencias, su guitarrista Nels Cline exhibió sus modos habituales de Dios de la Guitarra y el batería Glenn Kotche ofreció la tormenta perfecta cuando fue necesario. Quienes buscaran oldies de los 90 tuvieron que conformarse con ‘Box full of letters’ y ‘Via Chicago’. Quienes quisieran escuchar sus hitos de la última década y media, saborearían con gusto tomas simplemente perfectas, entre la pericia y la sangre, de ‘Art of almost’, la odisea con guiños al krautrock (el rock experimental alemán de los 70) ‘Spiders (Kidsmoke)’ y, por supuesto, ‘Impossible Germany’, cuyo solo de guitarra a cargo de Cline alcanzó anoche duración extra y también capacidad emotiva extra. Cerraron con un corte más breve y directo a la encía: ‘I’m a wheel’.

TRIUNFALES MANEL

Antes, la programación vespertina del Vida había ofrecido la posibilidad, por ejemplo, de ver a Kiko Veneno acompañado por Refree a bordo de ese Vaixell encallado entre los árboles. Repertorio clásico de Veneno (“Estaba lloviendo', 'Coge la guitarra') llevado a su última esencia, solo voz y guitarras (acústicas y eléctricas), sin que se echara en falta ornamento. El dúo parecía disfrutar sinceramente. “Alguna gente piensa que la felicidad es una lacra que hay que erradicar, pero yo no”, se paró Veneno a decir a mitad de ‘Reír y llorar’.

Ya en el escenario grande de la Masia, Conor O’Brien, alias Villagers, apostaba también por el esencialismo, aunque viniera con banda completa, incluyendo a una arpista-teclista. Ni una nota de más en sus canciones folk-rock, ya fueran extractos del ejemplar ‘Darling arithmetic’ (2015) o una discografía anterior que ahora revisa desde la mayor fragilidad posible.

Manel han hecho un poco el camino inverso, apostando en su reciente ‘Jo competeixo’ (2016) por una paleta de sonidos y una variedad de registros inimaginables en aquellos comienzos con ukelele. Conquistaron al público con las aventuras sintéticas del nuevo disco, incluyendo la cumbia relajada de ‘La serotonina’, pero la euforia se respiró realmente en la triada casi final de ‘Ai, Dolors’, ‘Benvolgut’ y ‘Teresa Rampell’; en la segunda se llegaron a ver camisetas al aire y amagos de castellerisme entre la audiencia.

HACIA LA PISTA

Unknown Mortal Orchestra desplegaron a la hora oportuna, ya cerca de la medianoche, un arsenal de hits psicodélicos bajo el influjo de R&B, disco y funk. Hubo momentos de divagación instrumental, incluyendo una escena de batería virtuosa a lo ‘Whiplash’, pero sobre todo mucha melodía irresistible: ‘Multi-love’ parece componerse por entero de un estribillo detrás de otro. Ya a última hora, también se pudo bailar (visceralmente) con el shoegazing de Triángulo de Amor Bizarro y el synth-pop con gráciles desembocaduras house-disco de Delorean, quienes presentaban el recién publicado y excelente ‘Muzik’.

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