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El hallazgo de unas fotos perdidas levanta nuevas dudas sobre el archivo Centelles

La familia del fotoperiodista Joan Andreu Puig Farran conserva su archivo, del que faltan numerosos negativos, mientras que algunos de ellos se encuentran en Salamanca atribuidos a su colega

Ernest Alós

Manifestación contra Alejandro Lerroux. Negativo conservado en el fondo Puig Farran.

Manifestación contra Alejandro Lerroux. Negativo conservado en el fondo Puig Farran. / JOAN ANDREU PUIG FARRAN

El archivo de uno de los fotógrafos más activos en los años 30 en Barcelona, Joan Andreu Puig Farran (1904-1982), que había sido dado por desaparecido en los campos de concentración del sur de Francia, ha salido finalmente a la luz. Parte de su fondo se conserva aún en manos de su familia. Los descendientes de Puig Farran han mantenido contactos con el Arxiu Nacional de Catalunya y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica de Salamanca, sin llegar aún a ningún acuerdo sobre su destino. Los negativos conservados, una cifra indeterminada datada de 1929 y 919 placas de vidrio y 85 en película con su trabajo entre 1933 y 1937, son cuantitativamente pocos: el trabajo posterior se perdió en el exilio y la parte del archivo que se conserva muestra trazas de haber sido espurgado, con numerosas cajas semivacías y hasta 162 sobres sin la fotografía que debería estar en su interior. Sin embargo, la posibilidad de estudiar el archivo de Puig Farran abre de nuevo numerosas cuestiones sobre la autoría de parte del archivo de Agustí Centelles depositado en Salamanca: en este fondo aparecen fotografías de Puig Farran, alguna de las cuales aparentemente podría proceder de su mismo archivo, después de que Centelles accediera a él en circunstancias para las que ambas familias tienen explicaciones discrepantes y, en una de las dos versiones, sospechosas. 

UNA HISTORIA INTRINCADA

Puig Farran publicó en publicaciones como ‘La Humanitat’, ‘La Vanguardia’, ‘L’Opinió’, ‘El Matí’, ‘El Noticiero Universal’ ‘Última Hora’, entre otras, fue uno de los primeros en marchar con su cámara al frente de Aragón y uno de los dos fotógrafos que se embarco con la expedición del capitán Bayo para reconquistar Mallorca y fue socio en distintos momentos de Carlos Pérez de Rozas y Agustí Centelles. Sin embargo, el hecho de que su archivo desapareciera y que fuese inhabilitado para ejercer como fotoperiodista después de haber sido encarcelado en el campo de concentración de Miranda de Ebro tras regresar del exilio en Francia, condenado a muerte y salvado solo gracias a la intercesión de un familiar, hizo que su nombre pasase al olvido como el de tantos otros.   

En el año 2010 salió a subasta un archivo de fotografías de la guerra civil que los vendedores intentaron revalorizar atribuyéndolo a Joan Andreu Puig Farran. Se acabó identificando como autor a Francesc Boix, el fotógrafo de Mauthausen, y el archivo Puig Farran siguió dándose por perdido. Hace ya dos años, no obstante, este diario informó de los trabajos de investigadores como Andrés Antebi, Pablo González Joaquín D. Gasca, que concluían que parte del archivo Centelles se componía de fotografías atribuibles a otros fotógrafos, como Pablo Luis Torrens o Joan Andreu Puig Farran (en su caso, algunas ampliamente reproducidas como obra de Centelles, como una del regreso de Lluís Companys de la cárcel o una imagen de Francesc Macià), aunque en este caso el hecho de que se hubiese perdido el rastro de su hijo, un fotógrafo que dejó el país, dificultaba proseguir la investigación.

Pero con motivo de la publicación de ese artículo, la familia de Puig Farran se puso en contacto con este diario: efectivamente el hijo de este, Andreu Puig Vicente, había fallecido en el anonimato en Honduras, tras romperse la sociedad que había unido a su padre con el fotógrafo Antoni Campañà para producir postales turísticas, pero el archivo aún existía, conservado por la nuera de Joan Andreu Puig Ferran, Teresa Brujas, y los cuatro nietos del fotógrafo fallecido en 1982. Ya en verano del 2014 la familia mostró a este diario el contenido del fondo, aunque con el compromiso de mantener durante un tiempo la discreción de su existencia, con la excepción de los datos biográficos e imágenes que permitieron incluir la figura del fotógrafo en el volumen ‘Reporters gràfics’ publicado el año pasado.

UN ARCHIVO FRAGMENTADO

La familia conserva en su poder 171 cajas de negativos sobre placa de vidrio, en los formatos 6x9 y 9x13. En su interior cada una de ellas contienen entre 1 y 15 placas, aunque de muchas de las que se echan a faltar queda aún el sobrecito vacío del negativo: en total 919 placas de vidrio (de las 2.500 que podrían llegar a contener), más 162 sobres vacíos, con temáticas como diversos deportes, retratos de personajes públicos, espectáculos, mitines, las elecciones de 1936, los combates del 19 y el 20 de julio de 1936, las defensas antibombardeos o heridos y mutilados durante la guerra. Las descripciones de algunas de las fotografías ausentes coinciden con imágenes integradas en el archivo Centelles, en placas de vidrio de formato 6x9.

CENTELLES, Y EL ARCHIVO PUIG FARRAN

La familia de Puig Farran destaca que, como otros tantos represaliados por la guerra, la actitud de mutismo del anciano fotógrafo sobre esos tiempos era total. Según su nuera, mientras que mantuvo buenas relaciones con Carlos Pérez de Rozas o Campañá, no sucedió lo mismo con Centelles, y su reacción cuando en los años 70 y 80 empezaron a publicarse fotos de este último fue extraña. “Era una época de su vida que parecía querer borrar. Una vez le enseñé un reportaje con fotos de Centelles y su respuesta fue tajante: ‘Esto no lo quiero ver’”, explica Teresa Brujas.

Tras la muerte de Joan Andreu Puig Farran en 1982 y con su viuda, la maestra republicana Samara Vicente, afectada de demencia senil, según la familia, Agustí Centelles, al que la cuidadora de la mujer identificaba como “el señor de la gabardina”, visitó varias veces la vivienda y estudio de la calle Bailèn de Barcelona. La familia le negó el acceso al domicilio, explican, después de que encontrasen a faltar material de laboratorio, como una ampliadora, y encontrasen el contenido del archivo removido. Acto seguido, lo escondieron en otra localidad catalana. “Me había encomendado que cuidase el archivo”, explica su nuera, que considera sospechoso “que las fotos que faltan sean de asuntos muy concretos”.

Sergi Centelles, hijo de Agustí Centelles, no llegó a conocer de primera mano ese contacto. “Sí que recuerdo sus conversaciones con el fotógrafo Josep Maria Badosa, que le trajo  a veces negativos y que cuando le preguntaba si las fotos eran suyas mi padre decía que no lo recordaba”, explica. Añade que un día vio esa ampliadora en el estudio de su padre de la Diagonal. “Me dijo que lo había comprado a la viuda de Puig Farran, que pasaba unas circunstancias difíciles. De otro material, no sé nada. Lo que sí puedo decir es que seguro que mi padre no se aprovechó de nadie: siempre era él quien ayudaba a otros fotógrafos o acababa perdiendo dinero”. 

Parte dos: un sobre vacío que lleva a Salamanca

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