HASTA EL 30 DE OCTUBRE

El Lejano Oeste cabalga en el Thyssen de Sant Feliu

La baronesa presenta la exposición temporal 'La ilusión del Far West', con un centenar de obras de artistas pioneros del siglo XIX

La localidad ampurdanesa acogerá el museo con la colección permanente de autores catalanes de Carmen Cervera, que incluirá las obras que ahora tiene en el MNAC

La baronesa Carmen Thyssen, ante el óleo ’El rastro perdido’  (1856), de Charles Wimar, que forma parte de la exposición ’La ilusión del Far West’, en el Espai Thyssen de Sant Feliu de Guíxols.  / EFE / ROBIN TOWNSEND

La baronesa Carmen Thyssen, ante el óleo ’El rastro perdido’  (1856), de Charles Wimar, que forma parte de la exposición ’La ilusión del Far West’, en el Espai Thyssen de Sant Feliu de Guíxols. 
Óleo ’Montando el campamento, Littel Big Horn, Montana’ (1895-1912), de Joseph Henry Sharp, que forma parte de la exposición ’La ilusión del Far West’, que acoge el Espai Thyssen de Sant Feliu de Guíxols.
’Las cascadas de San Antonio’, óleo de Albert Bierstadt que forma parte de la exposición ’La ilusión del Far West’, en el Espai Thyssen de Sant Feliu de Guíxols. 

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En 1837, una epidemia de viruela exterminó a la tribu india de los mandan. Hoy algunos de sus miembros, como el gran jefe Mato Tope, ataviado con sus atributos bélicos que indican que mató a un jefe cheyene, fue herido por mosquete y flecha y era un “aguerrido indio de la pradera”, miran al visitante del Espai Carmen Thyssen de Sant Feliu de Guíxols desde los grabados (algunos retratos exigieron un día entero de posado) realizados cuatro años antes por el joven Karl Bodmer, quien convivió con ellos todo un invierno, asistiendo a sus rituales y también a los de sioux o pies negros. Es uno de los artistas pioneros del siglo XIX fascinados por el Lejano Oeste que forman parte de la exposición ‘La ilusión del Far West’, comisariada por Miguel Ángel Blanco, que mostrará desde este sábado y hasta el 30 de octubre más de un centenar de obras -pinturas, esculturas, grabados, acuarelas, mapas de época y objetos antropológicos- en las que conviven indios y cowboys

Como cada año por estas fechas, Carmen Thyssen ha vuelto a presentar la exposición temporal en el monasterio de la localidad ampurdanesa. Será este mismo espacio, previamente ampliado y acondicionado, el que, según ha anunciado el alcalde de Sant Feliu, Carles Motas, acogerá a primeros del 2019, el deseado museo que expondrá la colección permanente de obras de artistas catalanes de los siglos XIX y XX de la baronesa, incluidas, como ha reconocido ella misma tras visitar la muestra, las que actualmente tiene en préstamo en el MNAC, como ‘La catedral de los pobres’, de Joaquim Mir. Tita Cervera cierra así los anteriores coqueteos para que el Thyssen se quedara en Barcelona

"GALAXIA" MADRID-SANT FELIU-MÁLAGA

“Los grandes pintores catalanes se merecen estar expuestos, no guardados”, ha señalado Tita Cervera, que ha seleccionado 123 de los 385 cuadros de su colección catalana para un proyecto para el que el consistorio prevé un presupuesto de 5 millones de euros, que cuenta con el apoyo de la Generalitat y que buscará además patrocinadores privados. Esta apuesta cultural, comportará, según Motas, colocar Sant Feliu dentro de la “galaxia Thyssen”, con exposiciones temporales en rotación con los otros museos Thyssen, como esta sobre el Far West, que viene del de Madrid y después viajará al de Málaga.  

Tras ver la silla de rodaje del fallecido actor y primer marido de la baronesa, Lex Barker (conocido Tarzán tras Johnny Weissmüller), la muestra se adentra en obras que inspirarían el futuro imaginario cinematográfico del wéstern. Las habituales paredes blancas de las salas del monasterio se han pintado de los colores de la tierra rojiza de Arizona y del “rojo sangre de búfalo”, apunta el apasionado comisario (de un físico calcadito a “Búfalo Bill”, bromea la baronesa). Blanco señala tres óleos de las cataratas de San Antonio de Henry Lewis, George Catlin y Albert Bierstadt, con un paisaje desaparecido pues hoy se alza allí la ciudad de Minneápolis. Los acompañan lienzos como el de Rafael Monleón, de 1887, que da fe de cómo el primer explorador español que cruzó el Misisipí murió y su cadáver fue sumergido en las aguas del río.

GABINETE DE LAS MARAVILLAS

Se suceden luego tramperos y exploradores, vaqueros, como el propio pintor Charles M. Russell, e indios, como los de las piezas de Charles Wimar, Joseph Henry Sharp o Frederic Remington, dinámicas esculturas de bronce y, sobre todo, la galería de grabados del citado Bodmer, que viajó a lo largo del Misuri con el príncipe alemán y antropólogo Maximilian zu Wied-Neuwied. “Los indios creían que si los retrataban las balas enemigas no les herirían”, comenta Blanco ante diversos grandes jefes inmortalizados por el artista, rodeados de un pequeño “gabinete de las maravillas” con piezas originales de la cultura india: un cinturón navajo, una maza comanche, una muñeca de madera kachina hopi, un gran penacho de plumas o unos mocasines nidata con una pezuña de búfalo trazada con púas de puerco espín. Al lado, un óleo sobre el exterminio de las grandes manadas de búfalos (“Eran millones y quedaron unos 200 ejemplares”).

También una pipa sagrada de la paz que recibió un montón de quejas de colectivos indios en el Thyssen de Madrid. “Estaba expuesta con la cazoleta unida a la caña, algo que solo debía hacerse cuando se iniciaba el ritual. Ahora hemos aprendido de ello y se muestra separado”, admite el comisario.

TRAJE DE PRINCESA INDIA

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Cierran la exposición una selección de carteles, libros y tebeos, junto a tres revólveres Colt (uno como el de Bufalo Bill y otro el preferido de Clint Eastwood, “grande y pesado”), un traje de princesa india dakota de la baronesa (que compró para lucir en una fiesta, explica ella misma, en un museo de Texas necesitado de fondos), cráneos de búfalo, oso o lobo y la colección de libros-caja con materiales de los parques nacionales del Oeste americano realizada por el propio Blanco –la ‘Biblioteca del bosque’-. Uno de ellos, montado con plumas de cuervos negros. “Evocan un velo que puede cruzarnos a otra dimensión y conectar con el Gran espíritu”. Manitú ha bendecido a Sant Feliu.