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Javier Marías enseña 'El Quijote'

Las notas que el autor escribió en 1984 para un curso en la Universidad de Wellesley se reúnen ahora en un libro

ELENA HEVIA / BARCELONA

Javier Marías 

Javier Marías 

En 1984, El Wellesley College, en Massachusetts, ofreció al joven Javier Marías, 33 años, la posibilidad de enseñar durante un cuatrimestre en esa Universidad norteamericana. Elitista y (contemplado con los cánones actuales ) un tanto retrógrado, el centro está dirigido (todavía hoy) exclusivamente a las mujeres. Allí se  formaron la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, la escritora y directora de cine Nora Ephron o la que fue secretaria personal del presidente Obama, Katie Johnson, por poner solo tres ejemplos. Marías no era entonces un escritor tan reconocido como lo es hoy. Había publicado cuatro novelas con muy buena recepción crítica pero todavía estaban por llegar las que le harían saltar fronteras como 'El hombre sentimental' y, sobre todo, 'Todas las almas',  inspirada en su paso como profesor en Oxford, antes y después de Wellesley. El tema de aquel curso fue 'El Quijote'.

Treinta y dos años más tarde, las notas para aquella labor, escritas entonces sin ánimo de estilo y sin la voluntad de ser editadas, aparecen ahora al completo (una versión muy reducida se publicó en una revista de escasa difusión) bajo el título de 'El Quijote de Wellesley' (Alfaguara) y ponen de relieve la habilidad del autor para dirigir al clásico una mirada de escritor poco o nada profesoral. Asegura no haberlas releído porque tiene por costumbre no hacerlo con sus textos. "Me he dejado convencer por mis editoras que opinaron que los textos estaban bastante articulados y tenían el suficiente interés como para darlos a la imprenta y me fié de su criterio, espero no haber metido la pata", dice cauteloso, vía e-mail (un mail de larga elaboración puesto que el pretecnológico Marías, es sabido, solo escribe a máquina y una mano solícita escanea el resultado para hacerlo digital),  Con este libro, el autor madrileño ha querido así unirse a la celebración del cuarto centenario de la muerte de Cervantes por aquello de "no escatimarle un solo homenaje".

Marías, que luego daría clases en la Universidad Complutense hasta 1990 cuando dejó por completo la docencia, se recuerda entonces a sí mismo en Wellesley como alguien "no del todo malo para enseñar". "Dar clases se me hacía cuesta arriba antes de empezarlas, pero una vez en el aula lo pasaba bien y lo que procuraba era intrigar e interesar a los alumnos, no aburrirlos en ningún caso".

Las notas del escritor recorren prácticamente toda la novela y se detienen a veces mucho en determinados pasajes, y en otros pasan a vuelapluma o sencillamente los ignora: "Me limité a fijarme en cuanto me parecía más pertinente e interesante de la obra, no en los tópicos habituales". Siendo 'El Quijote' un clásico inagotable, Marías acepta que en las múltiples lecturas que permite el libro, como novela humorística, patética, postmoderna o de aventuras, para él sea sobre todo una obra sobre la relación del arte y la vida, "sobre la transformación que aquel puede operar en ésta, cómo dependemos del arte, y por tanto de lo imaginario, en mucha mayor medida de lo que creemos". Para aquellos que consideran que el arte es tan solo un  adorno o un lujo secundario, el escritor opone la necesidad de contarnos lo que nos pasa, con el necesario añadido de la imaginación y eso es algo que las andanzas del caballero hacen patente: "Es inevitable que cualquiera vea su propia existencia como un relato, o como una pintura o como una película, lo que prefiera. Y eso lo supo ver 'El Quijote' antes que nadie, y con desconcertante, asombrosa claridad. Hasta cierto punto somos quienes queremos o decidimos ser. Aunque solo sea como fantasía en el peor de los casos". 

SU PRIMER AÑO DE VIDA

El primer contacto del autor con Wellesley viene sin embargo de muy lejos. Su padre, Julián Marías, dio clases allí (las primeras en suelo estadounidense) y se vio obligado a marcharse hacia Massachussets el mismo día que nació Marías, hijo. “Solía decir que le dio tiempo a estrecharme la mano antes de coger el avión”, escribe. Un mes más tarde, toda la familia, pudo reunirse y el bebé Marías pasó su primer año de vida en aquel ambiente académico, algo que sin duda debe imprimir carácter.

En esas mismas aulas también enseñaron ilustres exiliados como Jorge Guillén y Vladímir Nabokov. Las clases de Nabokov, es sabido, mostraban sus apasionadas filias y fobias sobre la lectura y entre ellas, precisamente, se encuentra un curso completo sobre ‘El Quijote’. Y aunque el autor ruso se pasó siete años en Wellesley como profesor asistente, las clases referidas al ingenioso hidalgo fueron dictadas (y en su caso nunca mejor dicho) en Harvard (justo de 1951 a 1952, ese mencionado primer año de vida de  Marías). El autor de ‘Mañana en la batalla piensa en mí’ no está nada de acuerdo con las apreciaciones cervantinas del autor de 'Lolita', a quien tacha de "obtuso" respecto al clásico, cosa que expresa con contundencia:  "Sobre todo al principio no entendió nada. En la segunda parte algo más. Imagínese, le parecía un libro violento y cruel, cuando la violencia del 'Quijote' es de la misma índole que la de las películas de Tom y Jerry y de los dibujos animados en general. Don Quijote y Sancho son paralizados a menudo, pero al instante están como si nada, lo mismo que el gato Tom. Y, lejos de ser cruel, es un libro enormemente compasivo, y que inspira compasión en el lector".

En muchas ocasiones, su amigo Francisco Rico ha postulado que 'El Quijote' no debe ser lectura obligatoria en la enseñanza secundaria. Otro de sus amigos, Arturo Pérez Reverte, ha realizado una versión adaptada para los jóvenes. Según Marías ningún libro es obligatorio pero él insta a leer la novela de novelas. "Cualquier persona que tenga alguna curiosidad por sí misma, por la vida en general, por cómo pasamos por el mundo, que desee comprenderse un poco mejor a sí misma y a los demás, que no quiera atravesar la vida como si fuera un mueble, debe asomarse a esta novela, como debe hacerlo a Shakespeare o a Montaigne. Son lecturas que iluminan un poco, solo un poco, de la inmensa oscuridad”.

De entonces a ahora 

El calificativo que Marías dedica a sus antiguas alumnas de Wellesley es "perspicaces". La pregunta de si hoy en día encontraría alumnos de la misma talla, tiene una respuesta negativa en el autor: "La tendencia de los actuales profesores es rebajar el nivel, exigir poco o lo mínimo, en el fondo despreciar al alumno. El daño que los pedagogos han hecho a la enseñanza es indescriptible. Todas esas imbecilidades de 'aprender a aprender', o de que el profesor no enseña nada que un estudiante no pueda rebatirle desde su más escaso saber, han logrado crear generaciones de estudiantes sastisfechos de su ignorancia desde el primer día".