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ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

Pixar, de la originalidad a la franquicia

La productora de animación bucea por océanos conocidos en 'Buscando a Dory', secuela de 'Buscando a Nemo', que llega este miércoles a nuestros cines

Juan Manuel Freire

Un fotograma de Buscando a Dory.

Un fotograma de Buscando a Dory.

En sus primeras dos décadas de historia, Pixar destacó por dedicar más energías e imaginación a las creaciones originales que a las continuaciones. Las nuevas entregas de ‘Toy story’ eran la excepción más que la norma; y tampoco podía haber problema con ellas porque la segunda era mejor que la primera, pero peor que la tercera.

Algo cambió, e hizo inquietar a los adeptos de la marca, cuando se anunció la segunda entrega de ‘Cars’ (2006), que a pesar de ser un proyecto soñado por John Lasseter (director creativo de Pixar y, desde que Disney compró la compañía en el 2006, también los Walt Disney Animation Studios) no acabó de cautivar las imaginaciones. La secuela del 2011 se aprobó, en parte, por las buenas ventas de coches de juguete y 'merchandising' ligados a la película.

Disney parece querer trabajar en esa dirección, combinando los títulos originales con la explotación de personajes ya conocidos. El temor del fan de vieja escuela radica en que, ahora mismo, la balanza se decanta hacia lo segundo. De los cuatro títulos en preparación, tres son secuelas: ‘Cars 3’ (para el 2017), ‘Toy story 4’ (2018) y ‘Los Increíbles 2’ (2019); la novedad es ‘Coco’ (2017), inspirada por la festividad mexicana del Día de Muertos.

CONTROL DE CALIDAD

Dicho esto, en el caso de Pixar, el control de calidad sigue siendo tan alto que incluso cuando se autoreciclan saben deslumbrar. Por ahora, solo una de sus secuelas (‘Cars 2’, así es) ha quedado muy por debajo de la entrega original. Las primeras críticas de ‘Buscando a Dory’, que llega este miércoles a nuestros cines, hablan de una jugada sobre terreno seguro, pero también, porque al fin y al cabo es Pixar, un puñado de ases inesperados bajo la manga.

¿Por qué existe ‘Buscando a Dory’? La respuesta descreída señalaría hacia los 825 millones de euros amasados, según datos de ‘Box Office Mojo’, por ‘Buscando a Nemo’. Pero vamos a confiar en el codirector de ambas Andrew Stanton cuando asegura que, durante mucho tiempo, no dejó de pensar en Dory, el pez cirujano con pérdidas de memoria a corto de plazo que robaba todas las escenas a Nemo y su padre Marlin.

En la primera entrega, Dory (con voz de Ellen DeGeneres en el original y una inspirada Anabel Alonso en la versión en castellano) presentaba su rasgo más distintivo en estos términos: “Olvido todo casi al momento. Viene de familia… ¿Dónde estarán?”. Stanton quería indagar en esta última pregunta; es decir, si la primera era, bajo su apariencia colorida, un drama sobre el entramado de las relaciones paternofiliales, ésta empieza como un relato sobre la búsqueda de las raíces y la identidad.

NUEVOS PERSONAJES

Stanton siempre supo que la película acabaría tratando sobre la aceptación de uno mismo y la capacidad para triunfar a solas, pero antes de llegar a eso, Dory se sirve de la ayuda de otros. No tanto de Nemo y Marlin (aquí según parece muy secundarios) como de amigos inéditos: véase la tiburón ballena miope Destiny o el pulpo gruñón Hank, quien transporta a Dory por las instalaciones del acuario donde se desarrolla la mayor parte de la acción.

Al parecer, animar a Hank fue uno de los grandes desafíos de la producción, esencialmente porque los pulpos no tienen huesos y crear un movimiento creíble requiere esfuerzo extra; el proceso duró más de un año. Será secuela, pero parece hecha con cariño.

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