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Los actores (de Hollywood) se pasan a la literatura

La aparición de sendos libros de David Duchovny y Jesse Eisenberg propicia el recuerdo de otros intérpretes metidos a literatos

ELENA HEVIA / BARCELONA

David Duchovny y Jesse Eisenberg. 

David Duchovny y Jesse Eisenberg. 

Los actores son un asco. Lo dijo un descorazonado Ben Hecht, que pretendía conocerlos bien y que escribió para ellos como guionista del Hollywood clásico no pocas frases memorables que los transformaba en mentes brillantes y chispeantes. El juicio es excesivo. El colectivo (Hecht se refería en concreto a  los actores de cine) puede pecar en ocasiones, esa es su fama, de vanidoso y un punto egocéntrico; sin embargo, no puede despacharse de un malintencionado plumazo y buena prueba de ello es la flexibilidad que demuestran muchos de ellos. Se diría que la versatilidad es la regla en el Hollywood actual, pero mucho más especialmente en el 'cine indie'. Allí hay actores que lo mismo te dirigen una película o la producen, los más; pero también, los que han llegado a escribir su propio guion o bien, y esto es ya más raro, se están abriendo paso en el terreno de las letras.

Coinciden ahora en las librerías dos muestras de esta tendencia. Son ‘Holy Cow’ / ‘Vaca Sagrada’ de David Duchovny y ‘El besugo me da hipo’ de Jesse Eisenberg, punta de lanza de una larga lista de actores lanzados a la escritura, aunque no todos tengan  su correspondiente traducción. Atención a estos 10 artistas del trasvase profesional.

DAVID DUCHOVNY
Mulder emula a George Orwell

No solo encarnaba a un escritor en 'Californication'; David Duchovny (el recordado Mulder de 'Expediente X') ha sido capaz de debutar en la novela con 'Holy Cow' / 'Vaca sagrada' (Stellla Maris / Empúries), una versión pop y animalista de 'Rebelión en la granja'. Aunque el personaje que mejor ha cultivado en la pequeña pantalla ha sido el tipo más bien pasota, este exalumno de Yale construye con solvencia  y humor una fábula en la que una vaca intenta huir de los masificados y tecnificados mataderos para llegar a la Tierra Prometida, que no puede ser otra que la India. Duchovny sigue imparable redecorándose también como cantante (se le vio recientemente en la sala Barts) y en su regreso del dúo Mulder / Scully en una miniserie, que quizá con el tiempo traiga cola.

JESSE EISENBERG
De mayor quiero ser como Woody

No cazó una sola broma en su participación en ‘El hormiguero’, así que decididamente el humor naif del programa televisivo no es para este 'milennial' sofisticado e intelectual. Jesse Eisenberg, el Mark Zuckerberg de 'La red social' o el Rex Luthor de 'Batman v. Superman', tiene adoración por Woody Allen (con quien comparte rizos y origen judío), tanto que cuando era adolescente a punto estuvo de que le pusieran una demanda al enterarse de que Eisenberg había escrito una obra de teatro cuyo personaje protagonista era el director de 'Annie Hall'. Después de haber escrito y estrenado con éxito tres piezas teatrales, ahora debuta en la narración con un libro de relatos, 'El besugo me da hipo' (Reservoir Books), en la que deja en mantillas  a su maestro en su faceta neurótica (qué ya es decir).  

STEVE MARTIN
Mucho más elegante de lo que podría parecer

Se le ama o se le odia, pero nadie le niega al cómico Steve Martin el talento para escribir sus propios monólogos, el ojo para ser uno de los más reputados coleccionistas de arte de Hollywood  -tiene, al parecer, un Hopper espectacular- y la puntería en la elección de un puñado de películas (no todas) de culto y el interés de los relatos que con regularidad escribe en 'The New Yorker'. Hace unos tres años Random House publicó 'Un objeto de  belleza', su tercera novela, un ajuste de cuentas con el mundo del arte neoyorquino que él ha diseccionado con una elegancia cercana a Scott Fitzgerald. No, no es broma.

GENE HACKMAN
Una jubilación dorada imaginando aventuras

¿Alguien se ha dado cuenta de que hace más de una década uno de los más grandes actores de Hollywood no aparece en una sola película? La respuesta es que se ha puesto a escribir. Hay que decir que lo suyo no es la alta literatura, pero estaba harto de que la crítica despachara el talento interpretativo de sus últimas incursiones cinematográficas con una o dos frases indulgentes. No ha querido seguir el ejemplo de Robert de NIro, resistiéndose a morir profesionalmente de forma no muy digna. Hackman, de 86 años, se lo pasa en grande escribiendo de todo, novelas de aventuras e históricas a cuatro manos -con su amigo y conocido submarinista Daniel Lenihan- e incursiones a solas, como el thriller ‘Pursuit’ y el western ‘Payback at Morning Peak’. Todas esperan la traducción.

JAMES FRANCO
La hiperactividad creativa del chico listo

Las redes sociales no han tratado con demasiada compasión al intérprete que, sí, es cierto, ha pretendido tocar demasiados palos. Para ello y tras haber cultivado una, digamos, olvidable poesía, en el 2008 se matriculó en cuatro cursos de postgrado a la vez e inició un doctorado en Yale. Gary Shteyngart, que lo tuvo como alumno en sus clases de escritura creativa en Columbia, le recuerda muy implicado y sin hacer apenas pellas. Dos años más tarde publicó ‘Palo Alto’, colección de relatos a la que ‘The New York Times’ le reconoció el talento narrativo aunque el resultado final fuese calificado de un tanto "vacuo". Hace dos años apareció ‘Hollywood Dreaming’, un ejercicio de autoficción ilustrado, cómo no, por él mismo.  

HUGH LAURIE
House paralizó al nuevo Wodehouse

En el 2006 en plena efervescencia de la fiebre 'House', la edición española recuperó la primera y única novela del británico Hugh Laurie, escrita diez años antes, cuando era un reconocido secundario en series como ‘L’Escurçó Negre’ o películas como ‘Los amigos de Peter’. El libro tuvo entonces su momento de gloria. Laurie, buen amigo de otro actor-escritor, Stephen Fry (el Peter de la película) mucho más dotado para la escritura,  logró en él una mezcla ingeniosa de las aventuras de James Bond con el tono de Wodehouse. Hace ya una década que el actor anunció la salida de la secuela de aquella, ‘The paper soldier’, pero el proyecto parece estar en dique seco ‘sine die’. 

VIGGO MORTENSEN
Aragorn tiene una editoral alternativa

Buena parte del dinero obtenido por su papel en la trilogía de 'El señor de los anillos' lo empleó Viggo Mortensen en crear una pequeña editorial, Perceval Press, una empresa casi caballeresca en la que el actor no solo publica su propia poesía (en inglés, pero también en castellano y alguna cosa en danés, hasta el momento una docena de libros) sino también discos, libros de arte de algún artista marginal y en general obras comprometidas con la ecología o la política de caracter más social. Su impulso ha sido decisivo para la más joven poesía de la Argentina, país donde Mortensen vivió hasta los 11 años.

MEG TILLY
La sombra del trauma infantil

Fugaz rostro en algunas películas importantes de los 80 -'Reencuentro', 'Valmont' y 'Agnes de Dios', por la que fue nominada al Oscar y obtuvo un Globo de Oro-, Tilly sufrió abusos por parte de su padrastro -su padre, un chinoamericano, desapareció pronto de su vida-. Esa experiencia traumática ha nutrido cuatro de las cinco novelas de su trayectoria como escritora, que inició en los 90, cuando los papeles protagonistas empezaron a abandonarla. 'The New York Times' destacó en su momento la "notable coherencia y claridad" de la voz narrativa de su primera novela, 'Singsing sons'.

ETHAN HAWKE
Autorretrato de actor con sus contradicciones

Tiene todo el sentido saber que tras el papel de la trilogía ‘Antes de…’ que Richard Linklater construyó para Julie Delpy y Ethan Hawke se escondían las aspiraciones reales del actor por convertirse en escritor, el papel que interpretó por las calles de Viena, París y, finalmente, en Grecia. Hawke debutó en 1996 con una breve novela generacional, ‘The Hottest State’, más tarde llevada al cine, que fue saludada con una sonrisa condescendiente por la crítica. Su segunda incursión, ‘Ash Wednesday’, en el 2002, un retrato esquinado de sí mismo que no esconde sus contradicciones, convenció muchísimo más y disparó un crítica ditirámbica en 'The Guardian'. En el 2015 publicó la juvenil e histórica ‘Rules for a knight’.

MICHAEL CERA
Un fichaje de ‘McSweeney’s’

Carismático secundario habitual del cine 'indie', el canadiense Michael Cera se dedicó a escribir durante el rodaje sus películas, como 'Confesiones de una mente peligrosa', 'Superbad' o 'Juno'. El resultado en cuanto a extensión es más bien escaso pero tuvo la suerte de que Dave Eggers, que no es solo el compañero de filas de David Foster Wallace y Jonathan Franzen sino el rey de la edición alternativa norteamericana, le entusiasmara su depresivo relato ‘Piña’ y lo incluyese en su revista ‘McSweeney’s’ con una recomendación guay: "¿Por qué es todo tan injusto? Que alguien sea Michael Cera y que sea además un gran escritor de ficción…". Alpha Decay la publicó hace algunos años en su colección mini.

Antecedentes 

La figura del actor escritor no es nueva en el Hollywood clásico pero sí se trata de una rara avis. George Sanders, el villano más cínico de la historia del cine, publicó en los años 50 una novela policiaca, 'Crimen en mis manos', que en su momento llegó a formar parte del catálogo de Austral. A Javier Marías que la leyó muy joven le gustó particularmente. Pero fue tongo. En sus 'Memorias de un sinvergüenza profesional' y haciendo honor a su título, Sanders confesaba que en realidad se había limitado a poner su nombre en una novela escrita por otro.

Más solvencia tuvo Tom Tryon, un actor -fue el protagonista de 'El cardenal'- que no acabó de encontrar su lugar en las cumbres de la industria –ser homosexual entonces era duro- y se retiró en los 60 para dedicarse escribir. Hoy es sobre todo recordado por dos de sus trabajos, 'El otro' y 'Fedora', porque paradójicamente acabaron regresando al cine, a través de las excelentes adaptaciones de Robert Mulligan y Billy Wilder.  

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