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EN EL MARCO DEL FESTIVAL LOOP

Harun Farocki: cine, trabajo y militancia antinapalm

La Fundació Tàpies recorre la obra del desaparecido cineasta y artista alemán en la exposición 'Empatía'

Anna Abella

Una de las salas de la exposición Empatía, que recorre en la Fundació Tàpies la obra de Harun Farocki. / AUGUST BLÁZQUEZ I RUBÍ

Una de las salas de la exposición Empatía, que recorre en la Fundació Tàpies la obra de Harun Farocki.
Instalación El trabajo en una sola toma, de la exposición Empatía, que recorre en la Fundació Tàpies la obra de Harun Farocki.
Sala de la exposición Empatía, que recorre en la Fundació Tàpies la obra de Harun Farocki.
Un fotograma de la película política de Farocki Fuego inextingible, donde apagó un cigarrillo en su propio brazo para comparar el efecto que tenía en napalm en la guerra de Vietnam, y que puede verse en la Fundació Tàpies. 
Harun Farocki, en el 2007, en la galería Àngels Barcelona, durante una visita a la capital catalana. 
Composición con números (1976), obra en la que Tàpies mostró su crítica política, realizada a los pocos días de la muerte a manos de la Guardia Civil franquista del anarquista Oriol Solé Sugranyes, fugado junto a otros presos de la cárcel de Segovia.

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No podía faltar en ‘Empatía’, la exposición que hasta el 16 de octubre recorre la obra del desaparecido Harun Farocki (1944-2014), en la Fundació Tàpies y en el marco del festival Loop de videoarte, la imagen que probablemente es la más recordada del cineasta, artista, escritor y activista alemán: él ante la cámara apagando en su antebrazo un cigarrillo y explicando que este quema a 400 grados mientras que el napalm, utilizado en la guerra de Vietnam, a 4.000: "Si os mostramos los efectos del napalm en sus víctimas, cerraréis los ojos. Primero cerraréis los ojos ante las imágenes. Luego ante el recuerdo de esas imágenes. Luego ante los propios hechos". Era la cinta ‘Fuego inextinguible’, que puede verse junto a sus otras cinco primeras, y ya rompedoras, ‘películas militantes’, realizadas entre 1966 y 1969, donde señalaba el distanciamiento anestesiante que producía el bombardeo de imágenes de Vietnam en las noticias. 

Comisariada por Carles Guerra, director de la Fundació Tàpies, y por Antje Ehmann, viuda y colaboradora de Farocki, la exposición ejemplifica la obsesión por el cine y el trabajo que recorre la producción de este artista referente de la segunda mitad del siglo XX. En una primera sala el espectador halla, entre otras obras, 12 monitores sobre el suelo que reproducen vídeos (de Lumière a Lars von Trier o Michelangelo Antonioni, paseando con Monica Vitti por un paisaje industrial) que recuperan el concepto de los trabajadores saliendo de la fábrica en la historia del cine.

Ese lazo cine-trabajo llega al título de la muestra, ‘Empatía’, surgido de un texto de Farocki donde, cuenta Guerra, afirmaba que “en los 60, cuando se impuso el distanciamiento de Brecht, regalamos esa palabra al enemigo: la industria del entretenimiento y el cine de consumo. Él reconsideró esa empatía para mostrar el mundo del trabajo sin intervenir, mirando, observando y empatizando”. De ahí que la exposición “revise su imagen de difícil, frío y distante”.

'EL TRABAJO EN UNA SOLA TOMA'

En otra sala, Ehmann presenta por primera vez en España la instalación ‘El trabajo en una sola toma’ (2011-2014), que realizó junto al cineasta y que proyecta en nueve grandes pantallas suspendidas en el aire 54 filmes de 9 ciudades, de entre 1 a 2 minutos de duración, seleccionados entre unos 400 realizados por estudiantes de cine de 15 urbes. Mostrando pescaderos, oficinistas, policías, estatuas vivientes... en trabajos remunerados o no, tradicionales y nuevos, materiales o no, todos se preguntan qué es hoy el trabajo. Otra obra muestra distintas formas de fabricar ladrillos en Austria (lo hace un obrero desde una sala de control), Francia, Burkina Faso o India (hechos por mujeres).

DIÁLOGO CON EL TÀPIES  POLÍTICO

Los inicios militantes de Farocki han permitido a la Fundació hacer dialogar al alemán con Tàpies porque, como señala Guerra, “los dos se preocuparon entre 1966 y 1976 por cómo hacer política con sus obras”, cada uno en su contexto: el catalán en la España franquista y Farocki en la contracultura berlinesa de posguerra. “Tàpies dio la cara en la Caputxinada (el encierro de intelectuales en el convento de los Capuchinos de Sarrià de 1966), se implicó en la protesta en Montserrat de 1970 por el consejo de guerra de Burgos contra etarras... y politizó su obra sin cambiarla ni abandonar su arte matérico y objetual”. Ahí, su ‘Pila de platos’ (1970), símbolo de los días encerrados en la frugalidad franciscana que, bromea Guerra, con su porcelana blanca, es el ‘Urinario’ de Duchamp de la Tàpies; o la pintura ‘Composición con números’ (1976).

En ella se aprecia un agujero como de bala sobre una mancha roja, que evoca la muerte del anarquista Oriol Solé Sugranyes, que tras la fuga de presos de la cárcel de Segovia fue abatido por la Guardia Civil, cuando con Franco ya muerto la sociedad reclamaba una amnistía general que no llegaba, apunta el comisario.  

Como colofón, las seis películas militantes de Farocki, donde halló su lenguaje político y pedagógico. Creía que el cine no podía ser solo entretenimiento y criticaba a  Wim Wenders y Fassbinder, grandes nombres del cine alemán, que, según él, se habían vendido a la industria. Cine, política y trabajo. 

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