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'¿Quién es Flavia Albia?', por Lindsey Davis

La creadora de la serie de Marco Didio Falco, investigador en la Roma imperial, presenta a su hija, protagonista de una nueva serie que publica Ediciones B

LINDSEY DAVIS

Lindsey Davis, en su última visita a Barcelona.

Lindsey Davis, en su última visita a Barcelona.

¿QUIÉN ES FLAVIA ALBA?

En el punto en el empieza a dirigirse directamente a nosotros en ’Los idus de abril’ [la primera de la tres novellas que ha protagonizado], las señas de Flavia Albia son muy claras: hija del équite Marco Didio Falco y de la patricia Helena Justina, sobrina de dos senadores en ejercicio, viuda del exlegionario T. Léntulo. Se le ha concedido la ciudadanía romana, tiene 28 años y vive sola en el Aventino. No tiene hijos.

Lindsey Davis vuelve con 'Mater familias'

Lindsey Davis vuelve este miércoles 1 de junio a las librerías españolas con 'Mater familias', una novela de la serie protagonizada por Flavia Albia, hija del detective de la roma imperial Marco Didio Falco que empieza a publicar, con este título, Ediciones B. La emperatriz de la novela negro-histórica con toga y sandalia decidió dar un giro tras dedicar a Marco Didio Falco, un humilde investigador a servicio del emperador que acaba casado con una bella patricia. 

Su sucesora es Flavia Albia, una niña adoptada en Britania que ha asumido el mismo trabajo que su padre, el de 'delatrix' durante el mandato del emperador Domiciano. Previamente ya se habían publicado dos títulos de la serie de Flavia Alba, 'Los idus de abril' (2013) y 'El enemigo en casa' (2014). En 'Mater familias' (su título original es 'Deadly election'), Flavia investiga el origen de un cadáver mientras la ciudad bulle en plenas elecciones, unas circunstancias en las que la labor de una 'delatrix' es clave para manchar la reputación del candidato rival.

Lindsay Davis recibió en el año 2013 el primer Premio Barcino de Novela Histórica. Durante su visita a la ciudad, ante la petición de que situase la acción de algunos de sus libros en ella, prometió que estudiaría la posibilidad de trasladar a Flavia Albia en alguna de sus nuevas novelas (una desplazamiento más probable que el del ya retirado Marco Didio Falco o el de su hija carnal, nacida en la colonia de Barcino y que por ese motivo lleva el nombre de Julia Junila Layetana).

Alguno de estos hechos quizás sean ligeramente inusuales. Pero lo que sería perfectamente normal en la Roma del año 89 d. C. es que sea una persona llegada desde lejos; aunque es cierto que el hecho de venir de Britania sí que le daría un cierto aire exótico. Es adoptada, lo que le afecta emocionalmente pero no modifica su status. Lo que sí podría importar en una sociedad esnob es ese interrogante que gravita sobre sus orígenes. La encontraron abandonada, siendo aún un bebé, en medio de los humeantes rescoldos de la rebellion de Boadicea contra Nerón, así que nadie puede saber de quién era hija. Y mi intención (no importa lo que hagan otros autores en casos como estos) es que siga siendo siempre un misterio.

Para Albia, e incluso para Falco y Helena, la gran ironía es que aunque han pasado toda su vida respondiendo preguntas para otras personas, ahora tienen que aceptar que algunos misterios no podrán tener nunca respuesta. Este es uno de ellos. En nuestro mundo actual estamos acostumbrados a que el ADN pueda decirle exactamente a todo el mundo quién es, e incluso averiguar a través de la ciencia forense de dónde vinieron sus ancestros, pero no podemos olvidar que en el pasado las cosas eran muy distintas. Así que Flavia Albia es una persona que ha aprendido a aceptar lo desconocido.

Bajo la guía de la muy estimable y leída Helena Justina, a Albia siempre la han animado a aprender. Dispone de una educación clásica, así que entiende cuáles son las aspiraciones en el mundo romano, aunque su formación ha sido también la mejor posible –en el sentido de que le han enseñado a preguntar, evaluar y juzgarlo todo por sí misma. Así que cuando observa el mundo que la rodea, su punto de vista es el de un observador externo. Ella ve el mundo que yo definí, la sociedad esencialmente romana de Falco, a través de una nueva mirada.

   
Albia también es una mujer. Como informadora tiene una razón de ser: trabaja sobre todo para mujeres con problemas, que no tienen otro recurso que contar con ella. Aún no la hemos visto haciéndolo mucho -su primer cliente fue una mujer, aunque lamentablemente murió en los primeros momentos de la acción. Pero sabemos que es así como ella se maneja en una sociedad predominantemente masculina. Es algo que influye en sus opiniones, en particular en relación a los hombres con los que se cruza.

Se ha cruzado, por supuesto, con un hombre, uno con el que parece destinada a un nuevo momento de felicidad. Albia no es una figura tragica: ya ha conocido la felicidad, aunque se truncó prematuramente. En qué se convertirá en esta  nueva vida -suponiendo que esto suceda- es parte de un asunto familiar típicamente romano. La mayor parte del imperio se basó en este tipo de colaboración, digan lo que digan los libros escritos por la élite de esos tiempos. Albia y Tiberius tendrán ese tipo de complicidad. De hecho, debido a una serie de desgraciados acontecimientos durante las primeras semanas de su matrimonio, tendrá que ser Albia quien lleve el pan a casa.

Porque, bueno, esta es otra de sus características: es trabajadora, seria y competente.

Lindsey Davis © 2016