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Joël Dicker: "La literatura nos devuelve la fuerza de creer de los niños"

El escritor suizo pasa del 'thriller' de 'La verdad sobre el caso Harry Qubert' a un drama de juventud con 'El libro de los Baltimore'

Ernest Alós

El escritor suizo Joël Dicker, en Madrid.

El escritor suizo Joël Dicker, en Madrid. / JOSE LUIS ROCA

Tres años después de saborear el éxito por ‘La verdad del caso Harry Quebert’, el escritor suizo Joël Dicker (Ginebra, 1985) regresa con ‘El libro de los Baltimore’ / ‘El llibre dels Baltimore’ (Alfaguara / La Campana). El protagonista y narrador es de nuevo el escritor Marcus Goldman, joven y marcado por un éxito precoz como el propio Dicker. En esta ocasión, Goldman, de los triviales Goldman de Montclair, Nueva Jersey, recuerda su infancia y juventud  al lado de sus brillantes primos, los Goldman de Baltimore, hasta que se desencadena el Drama, con mayúsculas. De nuevo un viaje al pasado se convierte en un libro dentro de un libro, pero atención: esta vez el autor ha pasado del ‘thriller’ a la tragedia familiar. Hablamos con Dicker en Madrid; este jueves estará en Barcelona, firmando libros en La Casa del Libro del paseo de Gràcia (19 horas).

Aquí pesan más los sentimientos que la intriga.

Sí, es cierto. Los sentimientos, el retrato de la gente, la construcción psicológica de los personajes. Yo quería hacer personajes que existieran de verdad. Y lectores que quisieran sumergirse en el libro atraídos por esos personajes, y no solo para averiguar quién ha hecho quién.

En el libro hay dos grandes temas. Uno, los celos en todas sus formas: por la riqueza, por el amor, por el estatus... Y  todo el mundo tiene celos de todo el mundo.

Como en la vida misma. A veces nos da vergüenza  tener envidia, pero todos la tenemos. Es un sentimiento interesante porque no tiene que ver con el otro sino con uno mismo. El otro no es más que un espejo en el que vamos a ver los problemas que tenemos con nosotros mismos, y que desencadenarán la rabia.

Y el otro tema es la nostalgia por una juventud perdida.

Es un periodo de la vida en el que todo el posible. ¿Se trata de la nostalgia de un tiempo que ya no existe o de la nostalgia de la capacidad de imaginar, de inventarse, de soñar porque ya te ha aplastado el peso de la vida? Cuando los niños juegan a indios y vaqueros tienen capacidad de imaginar, de hacer como si fuera verdad, de sublimarse. Y eso es algo que pasa a estar escondido dentro nuestro. Yo creo que la literatura nos vuelve a hacer capaces de imaginar. Para mí es un retorno a la fuerza de la fe infantil. 

Hace tres años, nos explicó que había hecho algunas concesiones, como hacer demasiado 'blanca' la relación entre Quebert y Nola, para asegurarse que por fin un libro suyo se publicara. ¿Ahora, tras su éxito, se siente más libre, menos condicionado?

En ‘Harry Quebert’ no me atreví a ir tan lejos en la escritura, pero aquí sí he podido ir hasta el final. Aunque al mismo tiempo, el éxito también me condiciona, y ahora me preguntan por qué este libro no es un ‘thriller’ como el anterior. Ahora quien lo haya leído tiene unas expectativas.

El personaje de este libro, ¿podría ser Marcus Goldman o no serlo? Porque aparte del nombre y de su carrera literaria no hay muchos lazos claros entre un libro y otro.

Podríamos empezar por este libro y seguir por ‘Harry Quebert’ sin problema ninguno. Y de hecho esto es lo que buscaba. Yo quería escribir libros independientes e interdependientes, proyectos diferentes, con un hilo conductor que es el narrador en primera persona. Marcus vuelve a ser el narrador, pero cuenta historias diferentes. No quería repetirme.

La madre de Marcus, una madre judía bastante idiosincrática, un auténtico personaje cómico en el libro anterior, aquí no parece la misma.

Sí, pero ¿porqué? Se plantea la duda: ¿la madre de Marcus es un incordio como la percibimos en ‘Harry Quebert’?  ¿O se trata de una madre normal como la ve el Marcus niño en este libro? Las personas no solo se perciben de forma distinta, sino que muestran distintas facetas de sí mismas a diferentes personas.

En ‘Harry Quebert’ ya han sucedido los hechos de este libro, y en este, ya ha escrito el libro anterior.  Resulta quizás extraño que no aparezca ninguna traza de uno en el otro.

¿Por qué debería hacerlo?

Se supone que ha sido algo importante en la vida de Marcus Goldman.

No tiene ningún interés. Marcus cuenta en un lugar la historia de Harry Quebert y en el otro cuenta otra historia, que es la historia de sus primos. Son partes separadas de su vida. Repetir acontecimientos no me convence.

Joël Dicker

escritor

"Escribir una y otra vez la misma historia policiaca, con un crimen, un poli y una investigación, como autor no me motiva, y creo que cansaría a mis lectores"

Al lector puede sorprenderle que haya pasado de un libro de intriga a un drama familiar.

Es como si le preguntase a un chef por qué tiene un plato de pescado y uno de carne. Yo no voy a pensar en qué espera el lector y ofrecerle esa misma cosa. Para mí es lo peor que uno puede hacer, cuando uno repite una y otra. Yo lo que quiero evolucionar, explorar otros campos, esperando que mi lectores me sigan cuando les descubro otros horizontes. Escribir siempre la misma historia policiaca con un crimen, un poli y una investigación como autor no me motiva, y creo que eso también cansaría a mis lectores. Con este libro he querido dar al lector el placer de la lectura pero con un género un poco diferente.

En cambio, sí hay cierta similitud en la fase final del libro, con sucesivos cambios de vista que nos van cambiando rápidamente la visión que tenemos de la trama.

Estamos en una escritura que es un poco más compleja, porque tenemos tres líneas temporales, en lugar de dos. Y pasamos de una a otra. Aquí tenemos tres periodos, la infancia del tío Saul y del padre de Marcus, tenemos la infancia y juventud de Marcus, Woody y Hillel, y luego tenemos a Marcus en el 2012 contándolo todo. La primera parte del libro exige un poco más de tiempo para ir pasando de uno a otro, y cuando llegamos al final quedan solo dos niveles y el cambio de uno a otro es más rápido.  

Da la impresión que haya sembrado el libro de guiños, con nombre que recuerdan a referentes de la novela americana o de la TV (un Nathan, como el Zuckerman de Roth, un autor del que se encuentran otras referencias, o un Saul Goldman abogado que suena mucho a Saul Goodman. ¿Son pequeños chistes, indicios de sus referentes...?

No, en absoluto, es todo casualidad. Me he dado cuenta de que en Harry Quebert aparecía el nombre del jefe de la policía de New Hampshire. Y yo no tenía la más remota idea. Y Marcus Goldman es el nombre del fundador de Goldman Sachs, y yo no lo sabía. Es peligroso ir a Google. Los nombres no se eligen para hacer referencia a nada, yo los elijo en función de la construcción del personaje.

En sus libros aparecen reflejos de grandes novelas americanas, de Roth, de Nabokov, de Irving, pero también de la ficción televisiva de calidad. ¿Cuál de esos modelos se pone usted como objetivo?

Ni lo uno ni lo otro. ¿Qué es lo que yo quiero hacer? Lo que me apetece, sin plantearme si va a gustar o no. Y creo que se trata de una mezcla de cosas que me apasionan, me gustan, me interesan o conozco. Lo que me da el ritmo, la intriga y el color en el libro. Pero no parto de un formato predefinido, porque entonces nos limitamos, nos encasillamos.

En sus libros siempre hay un representante de un colectivo profesional con el que pasa cuentas. En el anterior, los editores (no es de extrañar después de que le rechazasen cuatro libros). Aquí, los profesores y el sistema educativo. ¿Por qué? ¿Quién será el próximo?

Habrá otros, sí. El sistema escolar es cierto que no sale muy bien parado. El sistema educativo suizo es muy malo, y también lo es el francés. No se anima a los niños y a los jóvenes, no se les motiva, no se les escucha. Y además se intenta igualar poniendo el listón muy bajo. Es una pena, y es grave, porque la educación es la garante de que se abra el espíritu a los conocimientos.

Habla ahora del sistema educativo suizo y francés, cuando la novela se desarrolla en EEUU. ¿Por qué situarlas siempre allí?

La novela se desarrolla en EEUU pero podría suceder en cualquier lugar. La envidia, los celos, las pasiones humanas, que la gente cada vez lea menos, todo eso ocurre en muchos países.

Durante toda su infancia y juventud pasaba los veranos con sus primos americanos en Maine. ¿Tiene alguna relación esa experiencia con la de Marcus con sus primos de Baltimore? ¿Su familia americana era una familia Baltimore o una familia Montclair?

No, no tiene nada que ver con la experiencia de Marcos. Para mí lo importante es inventar historias, crear situaciones curiosas, o tristes. Contar algo es más gratificante que conformarse con contar tus experiencias familiares. A mí no me produciría ningún placer, porque el elemento creativo no estaría allí.