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DOBLE CONCIERTO

Adele, el regreso de la diva discreta

La cantante británica vuelve a Barcelona convertida en una estrella para presentar su tercer disco, '25', en sendos recitales en el Palau Sant Jordi

Jordi Bianciotto

Adele, en la gala de los Grammy celebrada el 12 de febrero en Los Ángeles.

Adele, en la gala de los Grammy celebrada el 12 de febrero en Los Ángeles. / MARIO ANZUONI

Frente a las cantantes que gritan, se contorsionan en una barra de 'stripper' y enseñan carne, Adele es la chica normal tocada por el don de una gran voz que maneja sin sobreactuar demasiado, quizá solo un poco, pero sin perder nunca de vista la canción. El suyo es el éxito de la discreción y del clasicismo, hasta el punto de que no parece una estrella de hoy en día. Pero la formalidad de sus discos-dietario, en primera persona y llenos de sentimiento, contrasta en el estrépito con el que llena recintos como el Palau Sant Jordi, que la acoge esta semana, martes y miércoles.

Adele ha hecho esperar su regreso tras la resonancia en 'crescendo' de sus dos primeros discos, '19' y '21', y regresa a Barcelona para mostrar '25', una obra lanzada el pasado noviembre, casi cinco años después de la anterior. Le ha costado tanto terminarla y presentarla que ya no tiene 25 años, como el título sugiere, sino 28, cumplidos el 5 de mayo. Y decimos que regresa porque actuó el 1 de abril del 2011 en Bikini con un concierto que atrajo a más británicos que a catalanes (el fenómeno aún no había alcanzado nuestras tierras) y en el que Luis Troquel destacó en este diario su voz "dulzona pero sin artificios", "estándar pero honda, en ningún momento impostada ni exhibicionista".

CANCIONERO DE CLAROSCUROS

Una voz que si bien se acerca al territorio emocional de la música negra, no podemos calificar de soul. La londinense Adele Laurie Blue Adkins puede cantar lo que le apetezca, pero se ha hecho fuerte en torno a un pop de trazos intimistas, con silencios, instrumentaciones parcas y orquestaciones elegantes que le permiten brillar sin recurrir al aplastamiento del oyente; un cancionero dado a la balada de claroscuros y prematuramente adulto. Clásica y confortable pero sin decantarse por el bochorno 'revivalista', con ella no sueles tener la sensación de que esa misma canción ya la has oído 54 veces en los últimos 20 años.

Cuida las composiciones buscando el colaborador idóneo para cada una, consciente de que exhibir su bella voz no lo es todo, permitiéndose desechar a Damon Albarn (Blur) y buscando un acabado contemporáneo que la distancia de las trilladas arenas de la 'power ballad': ahí está el ligero pero resultón enfoque pop de 'Send my love (to your new lover)', su nuevo sencillo, aportado por Max Martin y Shellback, o el espectral desnudo a voz y piano de 'When we were young', cocinado a medias con Tobias Jesso Jr.

LA SOMBRA DE DUSTY SPRINGFIELD

Y aunque Adele no se circunscriba al ejercicio de estilo ni a la copia de la copia, sí que respira en ella el tenue eco de una tradición lejana y poco explotada: la delatan canciones como 'Million years ago', mirada al pasado envuelta en una melancólica rueda de armonías que parece sentir muy de cerca el clásico 'Hier encore', de Charles Aznavour, pieza más conocida en el Reino Unido por su adaptación al inglés, 'Yesterday, when I was young', que cantó Dusty Springfield. La refinada y dulce Dusty, sí, fallecida en 1999, a los 59 años. Como Adele, era una británica blanca que conquistó América, y que cantaba apartada de los carriles del fingimiento emocional aparatoso, tan transitados, tan potenciados ahora por los 'talent shows'. 

De aspecto lánguido pero con mano de hierro, huidiza pero determinada, Adele da la impresión de dominar su destino y de no aceptar el futuro que los demás puedan disponer para ella. Hablar de cifras de ventas en un artículo de música es una vulgaridad, pero no es una nota a pie de página que '25' fuera, con 17,4 millones de ejemplares (físicos y digitales), el disco más vendido en el mundo en el 2015, como ya lo fue '21' en el 2011.

Con ese capital de voz, actitud y poder industrial vuelve una Adele capaz de poner condiciones a los servicios de 'streaming' ('25' no está ni en Spotify ni en Apple Music) y a quien ha mostrado sus respetos la mismísima Aretha Franklin, que incluyó 'Rolling in the deep' en su último disco. La cantante normal que no es normal, triunfal pese a no estimular apenas el recurso del morbo, más amiga enamoradiza que amante (pese a los revolcones de 'I miss you', "jugando sucio en la oscuridad"). En sus aptitudes para ser más grande que su fama estará la prueba definitiva de su talento.

Un recital de guion inflexible

Desde que, el 29 de febrero, Adele inició su gira en Belfast, viene interpretando las mismas 18 canciones cada noche. Un guion que recorre ocho piezas del nuevo disco, '25'; seis del anterior, '21', y tres del primero, '19', además de 'Skyfall', su aportación a la banda sonora de la última película de James Bond. Todas las canciones están compuestas por ella, al menos parcialmente, con la única excepción de 'Make you feel my love', de Bob Dylan: original de su disco 'Time out of mind' (1997), aunque grabada poco antes por Billy Joel. Los conciertos en el Sant Jordi son los únicos que Adele ofrece en España. El espectáculo está dispuesto alrededor de dos escenarios, uno de ellos colocado en el centro de la pista, y cuenta con espectaculares recursos de vídeo.

Temas: Adele Música