05 ago 2020

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Descubrir una nación detestada

Josep Fontana presenta en el Muhba el libro de Rosa Congost sobre la relación el joven historiador Pierre Vilar con Catalunya entre 1927 y 1939

Ernest Alós

Josep Fontana y Rosa Congost, en la presentación de ’Les lliçons d’història. El jove Pierre Vilar (1924-1939) en el Muhba.

Josep Fontana y Rosa Congost, en la presentación de ’Les lliçons d’història. El jove Pierre Vilar (1924-1939) en el Muhba. / CARLOS MONTAÑES

“La palabra república federal que utilizan en su cabecera los diarios de Barcelona, me arruino de comprar diarios madrileños para encontrarla”. No se trata de un comentario de un observador de la reciente actualidad política, sino de una carta del aún joven historiador Pierre Vilar en los días siguientes a la proclamación de la república. Llegado cuatro años antes a Barcelona para trabajar en su futura tesis doctoral, había descubierto una nación que desconocía, y ya se había formado una idea de sus relaciones con el resto de España que en gran parte sigue siendo vigente. “Va aún 50 años por delante de buena parte de la historiografía académica española que pretende darnos lecciones explicándonos la verdadera historia de Catalunya”, ha concluido su discípulo Josep Fontana en la presentación en el Muhba de ‘Les lliçons d’història’ (Llibres de L’Avenç), el libro de Rosa Congost que reconstruye el periodo de formación de Vilar, primero en París con compañeros de estudios como Sartre, Nizan y Aron y después en Barcelona, a través de su abundante correspondencia.

"Al cabo de 50 años de discusiones muy ásperas ya no se puede hablar más de unidad española", escribió en 1939        

“Fontana es un exponente de la primera generación de discípulos de Pierre Vilar, yo de la segunda, y he tratado de explicarlo a la tercera y a la cuarta”, expone Congost. Con su llegada a Barcelona se produce, explica Fontana, “un descubrimiento de la historia de Catalunya; él, que inicialmente había venido a estudiar su geografía, había descubierto, por este camino, que las explicaciones que eran necesarias para entender esta sociedad no se podían deducir del paisaje, sino que se debían buscar en su evolución histórica”.

De sus estudios, pero sobre todo de cómo la conmoción de la guerra civil y la segunda guerra mundial modifican la carrera de este geógrafo en formación, nació “un planteamiento global de una historia nacional, que Vilar renovaba desde los orígenes medievales hasta unos siglos XVI y XVII recuperados por él del tópico de la decadencia”.

INCOMPRENSIÓN DE LOS HISTORIADORES ESPAÑOLES

Explica Fontana que es explicable que Francia sus planteamientos no hayan sido conocidos, “pero no lo es, en cambio, que fuese totalmente ignorado por los historiadores españoles de habla castellana”. Un desconocimiento que Fontana dice haber sufrido en sus carnes, cuando recogió en su libro ‘La formació d’una identitat’ la tesis de Vilar de que ya en los siglos XIII y XIV Catalunya era el país de Europa a propósito del cual sería menos inexacto encontrar “fenómenos tan próximos a los hechos nacionales modernos”.

 “Tuve que oír todo tipo de descualificaciones insultantes, como la de Gabriel Tortella, que se burlaba sin ni siquiera citar a Vilar; no se puede discutir de forma serie con un personal que no solo no ha leído lo que Vilar publicaba en 1962, sino que ignora por completo todas las aportaciones que ha hecho la historiografía sobre Catalunya en los últimos 50 años, lo que no les impide tratar de imponernos su ‘verdad’”, explica Fontana, que no se corta al retratar a la académica Carmen Iglesias por calificar al grueso de los historiadores catalanes de “personas que desconocen la historia, analfabetos radicales, antisistema y anarquistas de los malos”.

“DETESTADA COMO NACIÓN”

El libro de Congost aporta auténticas perlas inéditas de entre la correspondencia familiar de Vilar. Algunas llenas de frescura y sagacidad, como esta descripción de Barcelona tras la proclamación de la república: “Aparte de algunos incidentes de los bajos fondos, da más bien la impresión de un niño atemorizado que ha hecho una gamberrada porque el maestro ha marchado (el maestro es la Guardia Civil, que la República ha neutralizado)”.

Pero merece especial atención la carta a un amigo español (Congost cree que se trata de Claudio Sánchez Albornoz) hostil hacia Catalunya en unas fechas tan funestas como junio de 1939. De nuevo, como dice Fontana, Vilar va adelantado 50 años. “En realidad, los políticos castellanos juzgan mucho a Catalunya a través de los políticos catalanes; y imaginan que el catalanismo es un producto de los políticos catalanes. Pero cuando uno ha vivido años entre los intelectuales catalanes, entre los estudiantes, entre los jóvenes; cuando uno ha recorrido el campo catalán, ha leído los diarios, escuchado los coros, etc, etc, uno se siente obligado a admitir que hay no obstante alguna cosa más profunda, y que probablemente los políticos catalanes son un producto del catalanismo, y no al revés”, escribía el francés.

 “Al cabo de 50 años discusiones muy ásperas -en las que los castellanos han sido a menudo más violentos en sus expresiones menospreciadoras que los catalanes- ya no se puede hablar más de unidad española”, añadía.

“Le confesaré que una de las razones que me hacen considerar a Catalunya como una nación es el hecho de que sea detestada como nación por sus vecinos; basta con tomar el tren entre Barcelona y Madrid para oír a los castellanos hablar de los catalanes como los franceses hablan de los alemanes durante la guerra”, concluía, sin abandonar la esperanza de "convertir" a su amigo.