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CITA CON LA HISTORIETA

Marion Fayolle y la anunciada muerte del padre

La dibujante francesa presenta en el Salón del Cómic la crónica desdramatizada y autobiográfica 'La ternura de las piedras'

Anna Abella

La dibujante francesa Marion Fayolle, que presenta en el Salón del Cómic la autobiográfica ’La ternura de las piedras’.

La dibujante francesa Marion Fayolle, que presenta en el Salón del Cómic la autobiográfica ’La ternura de las piedras’. / FERRAN SENDRA

Describe la joven autora francesa Marion Fayolle a su padre, en ‘La ternura de las piedras’, (Nórdica) como “un hombre esquivo, a menudo ausente y de temperamento muy duro”, como “un peñasco que se clava en los pies cuando vas descalzo, hecho de asperezas que raspan, cortan, son agresivas y frías” pero bajo el que “deseabas cobijarte sin sentirte amenazada”. Él hace un par de años que murió pero en realidad ella le había ‘matado’ antes en el libro: “Necesitaba prepararme para su muerte e imaginármela como algo bonito, aunque sí me dio miedo que hacerlo en el libro lo matara en la realidad”. Era una muerte anunciada. Tenía cáncer de pulmón.  

PÉRDIDA EN CUALQUIER FAMILIA

Fayolle empezó con 23 años ‘La ternura de las piedras’, que ha presentado en el Salón del Cómic, y halló la forma de contar el proceso de enfermedad y muerte del padre desdramatizándolo. “Era importante -apunta- encontrar imágenes que incluso en algún momento pudieran hacer sonreír”. “Necesitaba poner distancia con lo que estaba viviendo -continúa-. Era una manera de hablar de ello con mi madre y mi hermano. Pero no quería que hablara solo de nuestra experiencia personal sino de cualquier familia y de la pérdida de uno de sus miembros. Que no fuera solo mi testimonio sino que pudiera llegar a otras personas y serles de ayuda”. Porque, recuerda, todo el mundo piensa en el enfermo y tendemos a olvidar cuánto sufre la familia más cercana, que vuelca todas sus energías en cuidarle. 

Fayolle, que en España solo había publicado el breve tratado erótico ilustrado ‘Los traviesos’ (Nórdica), coge el cómic, lo abre y busca una de las páginas. “Es como aquí, donde enseño cómo tenía que traducir lo que él me decía y ayudarle a expresarse porque ya no podía hablar. Si decía ‘me ahogo’, yo decía ‘me ahogo’, y al final no sabías si eras tú quien se ahogaba”.     

LOS HOMBRES DE BLANCO 

También usa otro recurso para tomar distancia, sustituyendo la palabra médicos por “los hombres de blanco”, en la línea de otros de sus trabajos aún no traducidos. “Me gusta tratar a mis personajes como muñecos y bailarines con los que jugar y hacerlos bailar. Aquí los médicos son un grupo abstracto de ‘bailarines’ que entran en la historia y ocupan el cuerpo de mi padre con su baile y con sus acciones que lo van modificando”.  

Admite la dibujante que sintió cierto pudor en mostrar las intimidades familiares en una obra tan autobiográfica. “Por ello los personajes son muñecos en los que no puedes reconocer ni a mi padre, mi madre o mi hermano. Así otras personas pueden volcar en ellos su historia, que es una historia universal”.   

SENTIMIENTOS Y EMOCIONES

En Francia dicen que lo suyo es “poesía visual”. “Me gusta la definición. Me gusta hacer aparecer las cosas en imágenes más que contar historias. Aquí los capítulos son como poemas donde la figura de mi padre no aparece siempre de la misma forma. Según lo que quiero contar adopta un carácter u otro: una silueta grande, una roca, un niño pequeño... Utilizo el dibujo no para representar personas sino para hacer aparecer relaciones entre ellas y sentimientos y emociones”. 

Cuando estudiaba artes decorativas su trabajo con varios compañeros en una revista que experimentaba con nuevas formas de cómic e ilustración llamó la atención de su actual editor tras presentarse en festivales, entre ellos Angulema. Desde entonces, ha publicado en ‘The New York Times’ y ha ganado seguidores gracias a su difusión en internet. Esta es su primera obra autobiográfica. 

Para Fayolle, su padre era también un “misterio”. “Habitualmente ya no hablaba mucho y con la enfermedad ya no pudo hacerlo, así que es aún un enigma, alguien que te quería pero que te hacía pensar que no porque cuando te acercabas a él te hería. Tenías la esperanza de que el cáncer cambiara algo eso. Pero era complicado. Por ello muestro cómo pasa de ser un niño desvalido a un rey tirano”. 

Con voz dulce, la dibujante explica cómo mostró su final en imágenes con nubes que lo cubren todo, de forma que él acaba formando parte del paisaje. “Quería que lo incineraran, me pareció chocante porque el cigarrillo lo mató y quería convertirse en cenizas. Las esparcimos en un lugar que conocemos e imaginé que sería bonito pensar que no había simplemente desaparecido sino que formaba parte de la naturaleza”.