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Cálido homenaje del Liceu a Plácido Domingo

El artista celebró los 50 años de su debut en el Gran Teatre encarnando un Simon Boccanegra lleno de carisma

CÉSAR LÓPEZ ROSELL / BARCELONA

Hubo que esperar al final para que las emociones del homenaje del Liceu a Plácido Domingo se desataran. La función número 3.822 de su longeva carrera, encarnando el rol de Simon Boccanegra en esta ópera de madurez de Verdi, había transcurrido sin más gloria que la presencia del tenor, ahora barítono, celebrando los 50 años de su debut en el Gran Teatre. La expectación por ver al incombustible artista, de 75 años, hizo que se agotaran las localidades y el cantante no defraudó a sus seguidores con una actuación llena de carisma, vibración dramática y una notable consistencia vocal. Pero fue durante las cálidas aclamaciones finales donde se manifestó el cariño y reconocimiento a una leyenda de la ópera que inició su carrera profesional en España a los 25 años en el coliseo de la Rambla.

Con todos los participantes del montaje en escena, y después de recibir aplausos y bravos por su actuación y una lluvia de ramos de flores dedicadas a él y a sus compañeros de reparto, la directora artística del teatro, Christina Scheppelmann, entregó al cantante un pastel de chocolate presidido por el número 50. Domingo, con la voz quebrada por la emoción, recordó las inolvidables veladas vividas "junto a un  público tan entrañable como entendido", pero al mismo tiempo lamentó que, tras casi 10 años de continua presencia en la programación, se alejara un tiempo de la casa.

VOLVERÁ CON 'THAÏS'

 "Si alguien me hubiera dicho 50 años atrás -prosiguió- que hoy todavía estaría cantando, en lugar de estar sentado viendo alguna representación, no me lo habría creído", añadió después de reiterar que nada le gustaba más que seguir encarnando sobre las tablas a algunos de los 146 personajes de su carrera y que si Dios se lo permitía, "y hasta que la voz aguante" volvería al Liceu, donde la próxima temporada tiene previsto interpretar al monje Athanaël, en 'Thaïs' de Massenet. "Te queremos", gritaron algunos espectadores, mientras la celebración se prolongaba con el público puesto en pie. Uno de los más aplaudidos de la función fue el imponente Ferruccio Furlanetto (el aristócrata Fiesco). Davinia Rodríguez (Amelia) vivió un prometedor debut en el Liceu aunque debe madurar su papel.

La fiesta se prolongó en los abarrotados camerinos, donde Plácido, acompañado de su esposa Marta Ornelas y sus hijos Pepe y Plácido, atendieron a sus amigos, entre ellos Josep Bros, que acudieron a felicitarle. "Ha sido una noche muy especial, que además ha coincidido con la diada de Sant Jordi. Durante la función me han venido a la cabeza un montón de recuerdos y personas que dejaron huella en mi vida en una ciudad en la que crecieron mis hijos", manifestó a EL PERIÓDICO.  "Sobre todo -añadió- me he acordado de mis padres que asistieron a mi debut y se hubieran sentido felices con lo ocurrido hoy". El Liceu le ofrecerá la noche del domingo una cena celebrada sobre el escenario, a la que asistirán numerosos invitados que contribuirán con sus óbolos a la recaudación de fondos para las obras de reforma de la fachada del teatro.