CRÓNICA DE CONCIERTO

El arrebato de Giulia Valle

El trío de la contrabajista presentó en la sala ArtTe el hipnótico 'Live in San Francisco'

El arrebato de Giulia Valle
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ROGER ROCA / BARCELONA

Giulia Valle levanta los ojos del estómago de su contrabajo y, un poco azorada, busca la mirada de su pianista. "Perdón, me he perdido", parece querer decirle. Solo es un segundo. Sonríe y sigue tocando. Ahora ataca el tema con determinación. Solo ha sido un momento. No es que se haya equivocado, es más bien como si se hubiera metido tan adentro de la música que por un momento no supiera dónde estaba.

Es jueves y está en la sala ArtTe, uno de los locales, junto con Mandacarú y El Foro, que son a la vez sala de conciertos y restaurante y en los que se están refugiando los músicos de jazz de Barcelona ante la escasez de espacios en los que tocar. En este caso, la sala quiere ser algo más que escenario, y ha colaborado en la producción del disco que presenta el trío de Giulia Valle, 'Live in San Francisco', grabado en directo en California el año pasado.

EN TRANCE

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A un lado del escenario está el pianista Marco Mezquida, volátil y poderoso, que de un tiempo a esta parte parece capaz de todo. Al otro, el batería David Xirgu, preciso, tan expresivo en los golpes como en los silencios, que quema como el hielo seco. En el centro está Giulia Valle. Pero aunque se escondiera en un rincón seguramente todas las miradas serían para ella. La contrabajista y compositora de origen italiano y carrera forjada en Barcelona toca como en trance, con todo el cuerpo, como si en cualquier momento fuera a ponerse a bailar. Se mueve en total simpatía con la música.

Un concierto del trío de Valle es un no parar de emociones. Melodías que crecen en bucles que parecen infinitos, aires de tragedia, un ritmo desenfadado que recuerda al de los pasacalles de Nueva Orleans hasta que descarrila y se convierte en tormenta. Ni los camareros osan hacer ruido al pedir nota. Una chacarera destensa el ambiente, pero es por poco rato. Dominan los tonos oscuros y los brochazos intensos, hasta tal punto que da la sensación que podrían poner los fundamentos para la continuación, ahora ya imposible, de 'Blackstar', el disco de despedida de David Bowie. No es poca cosa para un piano, un contrabajo y una batería. "¿Cuánta intensidad, verdad?", dice en un momento Giulia Valle, como sorprendida ella misma de lo que acaba de ocurrir. Esto también es jazz. 

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