Ir a contenido

FESTIVAL D'A DE CINE DE AUTOR

Andrés Duque, cazador de libertad

El cineasta venezolano afincado en Barcelona filma a una figura escurridiza de la cultura rusa en 'Oleg y las raras artes'

Juan Manuel Freire

Andrés Duque.

Andrés Duque. / CARLOS MONTAÑÉS

Oleg Karavaichuk no es un nombre que suene en todas las casas a la hora de comer. Para conocerlo debe ser uno devoto de la cultura rusa. Y en particular, quizá, de su música de cine: el pianista Karavaichuk ha compuesto más de 200 bandas sonoras. Fue a través de dos temas de 'Los largos adioses', la película de Kira Murátova de 1971, como el director Andrés Duque entró en su mundo. "Soy un melómano incurable", confiesa. "Entre otras cosas colecciono bandas sonoras de la época del cine soviético. Solía comprar en una tienda rusa de Rector Oliveras, donde encontré un recopilatorio con esos temas para la película de Murátova".

Mirando por Internet acabó de quedar prendado por este pianista superdotado, el único autorizado a rozar con sus dedos el piano imperial del Hermitage de San Petersburgo, en los días en que el museo cierra. No era solo su bendita manía de tocar tumbado o con una funda de almohada en la cabeza, sino también "su modo casi poético de moverse en un espacio".

Duque se armó de valor y se marchó a Moscú con intención de convertir a este conocido ermitaño en protagonista de su próximo proyecto. 'Oleg y las raras artes' es una realidad (el viernes, a las 20.45, se podrá ver en el Aribau Club 1 como parte del D’A, y tendrá estreno en otoño), pero a punto estuvo de no llegar a serlo. "Fue complicado. Él no suele hablar con la gente. Tardé 20 días en encontrar a alguien que lo conociera bien, el ingeniero de sonido Boris Alekseev. Él organizó un encuentro supuestamente casual en una plaza. Yo iba vestido de azul, mi intérprete también, y Oleg también. Eso le encantó; le pareció razón suficiente para tener una conversación relajada".

La recomendación del día

'Chronic'
(Aribau Club 1. Sábado. 18.00)

Tim Roth presidió el jurado de la sección 'Una cierta mirada' en Cannes 2012. Allí apoyó la victoria de 'Después de Lucía' e hizo buenas migas con su director, el mexicano Michel Franco. En su primera colaboración, Roth encarna a un enfermero que cuida a enfermos terminales mientras descuida su propia vida. Material potencialmente lacrimógeno tratado, según parece, con equilibrio y sensibilidad.

MENOS YO

Si en las celebradas 'Color perro que huye' y 'Ensayo final para utopía' jugaba con la autobiografía y el yo, aquí Duque se introduce menos en la acción. Imperan largos planos secuencia en los que Oleg exhibe su arte y su pensamiento. "Poco a poco, me fui excluyendo. No quería aparecer en la película ni hacer ningún comentario puntual. Todo lo que él dice ya es suficiente para explicar un estilo de vida ejemplar, que refleja su manera incorruptible de ver el arte, en la que no intervienen ni el éxito ni el dinero".

El director venezolano, afincado en Barcelona desde hace 16 años, ya había retratado en otra ocasión a un personaje poco dado a claudicar: el fallecido Iván Zulueta, cartelista sublime y autor del clásico del cine español 'Arrebato', en su debut 'Iván Z'. "Cuando yo veo a Karavaichuk saliendo de casa con su gabardina no dejo de pensar en Zulueta. Hay algo ahí que los une y es el deseo de libertad; a veces lo pagan caro, pero lo defienden hasta el final. Es algo que en el arte se ha perdido".

Duque trabaja también a su aire: ahora planea trasladarse a la zona compartida entre Rusia y Finlandia donde se encuentra la comunidad de los carelios. "Es una cultura peculiar. Tienen una manera de exteriorizar las emociones muy diferente a la rusa o la finlandesa. Si muere alguien cercano, no has de ser fuerte, sino llorar hasta que no quede una lágrima; solo así te curarás. Todavía no sé qué forma daré a la película, pero en otoño espero estar allá".