Las cárceles de papel de Bel Olid

La escritora y presidenta de la AELC publica 'Vents més salvatges', su segundo libro de narraciones para adultos

Bel Olid.

Bel Olid. / CARLOS MONTANES

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

Escribe desde Barcelona

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Han pasado casi cuatro años desde la publicación de su primer libro de relatos para lectores adultos (‘La mala reputació') y este año Bel Olid (Mataró, 1977) publica el segundo de ellos, ‘Vents més salvatges’ (Empúries), otro i nfantil, ‘Gegantíssima’ (Estrella Polar) y cumple su primer año como presidenta de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC). Los de ‘Vents més salvatges’ son breves, escenas, en las que Olid no ha buscado “un desenlace superimpresionante, ni finales sorpresa, sino lo que tienes en la vida, momentos de lucidez, momentos de luz, de esperanza, cuando estamos en un momento de cambio colectivo, o social, o de lo que sea”.

Serán luminosos, pero en las historias de una mujer que ha malgastado toda su vida trabajando en la cárcel, o en la de un parto especialmente sangriento en una ciudad sitiada, la Barcelona de 1714 aunque no se cite explícitamente, no hay mucha exaltación ni optimismo. “Incluso en ese cuento, que es quizás el más duro, hay un pulso de vida que no se puede negar. Cuando digo luz digo calidez humana”, responde Olid.

En tres casos en sentido literal (una cárcel de mujeres, un centro de menores y un centro de internamiento de refugiados en Malta, una visita que dice le cambió la vida), y en otros figurado, las cárceles están presentes en muchos de los cuentos del libro.“No queremos ver las prisiones, permitimos que se ahogue gente en el mar porque no la vemos, cerramos la gente fuera pero con la idea de fortificarnos al final los que nos quedamos encerrados somos nosotros”, argumenta.

EL PIROPO

En otro de los cuentos, tres mujeres de Venezuela, Sabadell y Nueva York se enfrentan a la misma experiencia violenta del antes llamado piropo. ¿No está en desuso? “Cualquier mujer –replica- sabe perfectamente que pasará por delante de unas obras y le dirán cosas. Y que a determinadas horas por determinados sitios no pasarás. Cuando voy al trabajo pensando en mis cosas hay alguien que me recuerda que soy un trozo de carne, que no soy una persona, que estoy ocupando el espacio de otro, que tiene derecho a invadir el mío".

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La práctica del relato con intención más allá de lo literario incluye también otro con una mujer en conflicto con el hecho de dejar atrás una obesidad mórbida. “Quería hablar del empoderamiento sobre el propio cuerpo de alguien que no tiene un cuerpo normativo, que recibe mucha presión social y que ha decidido hacer de esto su trinchera”.

Ante las distintas causas a que se enfrenta en sus relatos, Olid sostiene que “hacer ver que todo esto no existe es un crimen”. Y como escritora, se siente obligada: “Yo me siento culpable de mi privilegio porque en la medida de que no hago nada para cambiarlo soy culpable de él. Escribir es lo mínimo que puedo hacer".