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Aquelarre zombi con Jane Austen

Un fotograma de 'Orgullo + prejucio + zombies'.

Un fotograma de 'Orgullo + prejucio + zombies'. / periodico

JUAN MANUEL FREIRE / BARCELONA

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A finales de la década pasada, el escritor Seth Grahame-Smith obtuvo un éxito inesperado con ‘Orgullo y prejuicio y zombis’, como su título indica, una revisión del clásico de Jane Austen ‘Orgullo y prejuicio’ con inyecciones de terror zombi. Su siguiente libro, ‘Abraham Lincoln, cazador de vampiros’, presentaba al 16º presidente de Estados Unidos como… exactamente lo que dice el título.

La película sobre este insólito “honesto Abe” llegó en el 2012, pero la basada en las aventuras de Elizabeth Bennet contra los no-muertos se ha hecho de rogar, a pesar de haber sido anunciada en el 2009, el mismo año de la edición del libro, con Natalie Portman como protagonista y productora. El desfile de directores caídos del proyecto habla casi de proyecto maldito: el legendariamente difícil David O. Russell (‘El lado bueno de las cosas’) desistió por cuestiones presupuestarias; después entraron y salieron Mike White y Craig Gillespie.

Al final ha sido Burr Steers –director de vehículos para el lucimiento de Zac Efron como ’17 otra vez’ y ‘Siempre a mi lado’– quien ha acabado la película, no sin antes reescribir el guión para respetar las constantes del original literario, el de 1813. La película tiene sus dosis de gore, algo tímidas, como también de humor absurdo: su Elizabeth Bennet (Lily James) caza al estilo shaolin las moscas carroñeras usadas por Mr. Darcy (Sam Riley) para detectar zombis inminentes. Pero en general es más solemne de lo que una película con ese título tiene derecho a ser.

AUSTEN REVISADA

La obra de Austen ha dominado la cultura popular como la de pocos autores: está ahí arriba en el listado de adaptados con Shakespeare, Dickens, Dumas padre, Dostoyevski y no tantos otros. ‘Orgullo + prejuicio + zombis’ formaría parte del grupo de adaptaciones sui generis de su obra, casi tan abundantes como las, digamos, literales.

A finales del siglo pasado estuvieron en boga –y no han dejado de estarlo del todo– las traslaciones de sus historias sobre diferencias de clase al entorno actual. ‘Metropolitan’ de Whit Stillman llevaba ‘Mansfield Park’ a las islas de Manhattan y Long Island en los 90. Más famosa fue ‘Fuera de onda’, versión de ‘Emma’ en clave de comedia 'teen' con Alicia Silverstone como chica popular y casamentera no de la campiña inglesa del XIX sino de un instituto de Beverly Hills. (En la misma onda, quince años después, la India nos dio ‘Aisha’).

No es casualidad que uno de los pretendientes de Bridget Jones se llame Darcy, ni que la editorial donde trabaja la heroína se llame Pemberley Press (Pemberley era la finca palaciega de los Darcy): Helen Fielding escribió ‘El diario de Bridget Jones’ como tributo declarado a ‘Orgullo y prejuicio’ y su adaptación en forma de miniserie de 1995, que, como la saga fílmica de Bridget, tenía a Colin Firth como Darcy.

Antes de su variación zombi, ‘Orgullo y prejuicio’ se convirtió en comedia de ambiente mormón (‘Pride & prejudice. A latter-day comedy’), musical al estilo Bollywood (‘Bodas y prejuicios’) o, más recientemente, una webserie estructurada en vlogs (‘The Lizzie Bennet diaries’). La historia tuvo incluso una secuela apócrifa en ‘La muerte llega a Pemberley’, miniserie de BBC basada en la novela de P.D. James que introducía a los personajes del clásico en un misterio de asesinato.

La Austen-manía toma múltiples formas en el cine, va más allá de la adaptación o revisión. ‘La joven Jane Austen’ demuestra que las historias de orígenes no son propiedad exclusiva de los superhéroes. ‘En tierra de Jane Austen’ nos lleva a un parque temático dedicado a la escritora. Y ‘Conociendo a Jane Austen’ gira en torno a los beneficios vitales de un club del libro dedicado exclusivamente a la autora, fuente de inspiración en apariencia infinita.