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CÓMIC DOCUMENTAL

Bajo la máscara de Fukushima

El manga 'Ichi Efu' describe el día a día como trabajador en la accidentada central nuclear de su autor, oculto bajo el seudónimo de Kazuto Tatsuda

Anna Abella

Fragmento de la portada del manga ’Ichi Efu’, de Kazuto Tatsuta, sobre su experiencia como trabajador en Fukushima tras el tsunami.

Fragmento de la portada del manga ’Ichi Efu’, de Kazuto Tatsuta, sobre su experiencia como trabajador en Fukushima tras el tsunami.

“Lo peor no es sudar bajo la máscara”, sellada con cinta, ataviado con dos trajes especiales, dos guantes, casco…, “lo peor es no poder rascarte cuando te pica la nariz”, afirma sorprendentemente en una viñeta Kazuto Tatsuda, seudónimo bajo el que se oculta para contar en manga su experiencia cotidiana durante los seis meses que pasó en el 2012 trabajando en las tareas de reparación, limpieza y desmantelamiento de la central nuclear de Fukushima. Él es uno de los 44.000 empleados que han ayudado a paliar la crisis en Japón provocada por el tsunami del 11 de marzo del 2011, del que acaba de cumplirse un lustro. El título del cómic, ‘Ichi Efu’ (Norma), en japonés, ‘Ichi’, el número 1, y ‘efu’, la letra F: 1F, como llaman los trabajadores a Fukushima 1.

"Si me llaman tengo la intención de volver a trabajar en Fukushima", afirma hoy el dibujante

Tatsuda se ofreció voluntario, admite, no para hacer luego un manga sobre ello sino por “el sueldo elevado y la curiosidad”, además del “impulso altruista de ayudar en las zonas afectadas” y comprobar si tanta alarma era cierta. “No he vuelto a Fukushima 1 desde el trabajo anterior pero pedí a las empresas subcontratadas que me avisaran cuando surgiera alguna tarea. Si me llaman tengo la intención de volver”, asegura hoy por correo electrónico el dibujante, a pesar de que “no es un lugar seguro ni agradable”, escribe en una viñeta. 

"NO ME PREOCUPAN LOS EFECTOS DE LA RADIACIÓN"

Pero lo de las buenas condiciones económicas se fue desmontando por el camino, pues la mayoría de trabajadores cae presa de un entramado de empresas contratadas y subcontratadas (hasta siete contó Tatsuda) por Tepco, la poderosa compañía propietaria de la central, con lo que al final el sueldo que reciben, una vez descontada la comida y el alojamiento, es bajo si además se tiene en cuenta el peligro al que están expuestos. El autor acabó el contrato al alcanzar la dosis límite de radiación por tiempo transcurrido, que iba sumando un contador individual que todos llevan siempre al cuello. “No me preocupan en absoluto los efectos que pueda provocar la radiación en mi salud”, afirma sin embargo confiado.    

En ‘Ichi Efu’, además de su nombre real, Tatsuda cambia los de otras personas y empresas para evitar ser identificado. Pero el manga, sin ningún ánimo crítico ni de ser una investigación periodística, describe de forma objetiva y aséptica, y con intención más bien documental su día a día en Fukushima, como el proceso de selección de personal, la llegada, el alojamiento, los desplazamientos por la zona contaminda, la rutina rodeada de altas medidas de seguridad. Así, desgrana por ejemplo paso a paso cómo tardan en vestirse y desvestirse para a veces poder trabajar apenas una hora al día por los índices de radiación acumulada.         

Tatsuda ve ciudades fantasma invadidas por la vegetación, vacas nacidas tras el tsunami aparentemente normales, se sorprende ante “la normalidad” y las “bromas sobre sexo y apuestas deportivas” que gastan sus compañeros. Indicios que le llevan a “desterrar ideas preconcebidas”. “Se han exagerado tanto los daños debido al accidente de Fukushima y se han dado pábulo a tantos peligros inexistentes que estoy absolutamente consternado”. A pesar de su opinión y su testimonio, cinco años después muchos japoneses siguen sin poder volver a sus casas y la población no ha dejado de temer las consecuencias de la radiación.