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CONCIERTO

Salif Keita, del arte a la fiesta

El cantante maliense lució su refinamiento vocal en un trepidante recital en Barts

Jordi Bianciotto

Salif Keita, del arte a la fiesta

ELISENDA PONS

Las artes de Salif Keita han llegado a nuestros días en plenitud, fundiendo la mirada poética y el baile frenético, los tejidos tradicionales y el influjo pop, y valiéndose del instrumento más refinado, esa voz tocada por un don, que se eleva fundiendo sensualidad y trascendencia. Así fue, una vez más, este lunes: menuda exhibición, la suya, en Barts (Banc Sabadell Festival Mil·lenni).

El cantante maliense, entretenido en los últimos tiempos con el 'revival' de su grupo de los años 70, Les Ambassadeurs, vive días de receso discográfico (su última referencia, 'Talé', tiene cuatro años) y parece haber concebido esta gira con cierto ánimo recreativo, aunque invirtiendo más recursos de lo previsto: el anunciado concierto acústico no fue tal, puesto que Keita contó un formato mixto, cinco músicos, en el que los instrumentos tradicionales, la kora y el ngoni, trenzaron sus cenefas melódicas en diálogo con la muy despierta guitarra eléctrica manejada por Djessou Mory Kante.

ECOS DE MELANCOLÍA

Keita comenzó, como sus músicos, sentado, hierático frente al micro, arropado por el dulce balanceo de las dos coristas y apelando a la memoria en canciones como 'M’bemba', que acude a los abuelos y ancestros con reproches al alma humana y su egoísmo. De la contemplación filosófica a la melancolía de la emigración en 'Tu vas me manquer' y el romanticismo de 'Yamore', pieza que hace más de una década grabó con Cesária Évora y en que la lengua bambara dio paso al criollo caboverdiano.

Mudo entre pieza y pieza, expresándose únicamente, totalmente, con el canto, rindió su homenaje al presidente Sékou Touré, impulsor de la independencia de Mali, en 'Mandjou'. Las ruedas melódicas hipnóticas fueron ganando altura, crecidas con frenéticos punteos de kora y construyendo un oleaje rítmico irresistible que hizo que Keita y los suyos se alzaran de sus sillas y afrontaran el tramo final del concierto con otro ánimo en clásicos como 'Mana mani'. Público bailando con los músicos en el escenario, convirtiendo las inquietudes del alma en celebración. 

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