Cervantes por Cervantes

Jordi Gracia parte de los propios textos del creador del 'Quijote' para situarlo como "inventor del pensamiento moderno"

Retrato de Miguel de Cervantes.

Retrato de Miguel de Cervantes.

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Desde 1984, la biografía de referencia para aproximarse a la persona de Miguel de Cervantes ha sido la del profesor francés Jean Cannavaggio. Pero el doble año Cervantes año Cervantes(2015, cuarto centenario de la segunda parte del ‘Quijote’, 2016, cuarto centenario de la muerte de su autor) ha propiciado ya la publicación de dos biografías que aspiran a integrar el conocimiento cervantino acumulado en estas tres décadas: el año pasado, la de Jorge García Jorge Garcíapara Pasado & Presente y, ahora, la de Jordi Gracia para Taurus, ‘Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía’.

Respecto a Canavaggio, dice el catedrático de la UB y también biógrafo de Ortega y Gasset y Dionisio Ridurejo, opta por situarse "en el punto de vista, lo más fiable posible, del propio personaje, reconstruyendo con fidelidad cronológica lo que va sucediéndole y lo que podemos imaginar que proyecta, que programa o que se le cruza por en medio”. Gracia lo hace hilvanando pasajes, hasta convertirse el libro en algunos momentos en un ‘digest’ de la obra de Cervante. “No me gusta esa idea –responde-. Me atrevo a extraer de la obra de Cervantes las citas que entiendo que pertenecen a su rumor mental. El método es hacer que Cervantes explique su propia vida. Aunque nunca escondo cuando conjeturo”.

QUÉ SABEMOS DE CERVANTES

Hay dos opiniones contrapuestas, las de quienes sostienen que sabemos muy poco de Cervantes y la de quienes, como Gracia, opinan que tenemos suficiente información: “Yo soy de los segundos, sabemos mucho más de lo que pensamos porque su propia obra está saturada del propio Cervantes, de cómo es él, qué piensa, cómo muta. Otra cosa es que la documentación fáctica en algunos periodos sea limitada. La carencia más criminal es la de la correspondencia”.

El método lleva a leer vivir como una auténtica aventura el periodo de la milicia y el cautiverio en Argel, y enzarzarse un poco más con el texto cuando llega ‘La Galatea’ y los esfuerzos del cautivo rescatado por integrarse en las redes de la sociedad literaria del momento. Pero acaba llegando el ‘Quijote’.

A LOS 50 AÑOS

“Es una biografía en la que hasta la mitad no sale citado el ‘Quijote’ porque el ‘Quijote’ no existe hasta que Cervantes no tiene 50 años. Intento ponerme en su cabeza a medida que va descubriendo la potencialidad de una figura que primero es un chalado que sale solo de su casa y vuelve, ridiculizando los libros de caballerías; pero Cervantes ya tiene muchos años y ya sabe que eso es ridículo, que él no lee literatura para recibir lecciones morales”.

Los recorridos de Cervantes por los campos del sur de España incautando grano para el rey, y los sufrimientos por sus problemas para rendir cuentas son un periodo que lo tenía todo para acabar con Cervantes como autor. Pero sucede lo contrario. Aunque el biógrafo insiste mucho en rechazar la idea de un escritor que va encadenando fracasos y desengaños. “Fracasó poco, estrena con éxito, se conecta con el sistema literario, pero cambia de opción profesional al quedarse con quien debía de ser su mecenas y se busca la vida a partir de 1587; yo creo que sin que para él sea un gran sacrificio”.

LA REALIDAD Y EL 'QUIJOTE'

“Ese es un periodo de barbecho. Entra en contacto con la realidad viscosa, imprevisible, ingobernable, de la vida cotidiana. Metaboliza esta experiencia, y la de su vida literaria, su vida militar, su vida de cautivo. Y prácticamente en la senectud, Cervantes tiene un momento de plenitud creativa cuando ya nada importa, cuando nadie espera nada de él”, explica Gracia, que comparte la hipótesis de que el ‘Quijote’ nace como una más de las futuras ‘Novelas ejemplares’ y crece y absorbe otros materiales “cuando ve que de allí puede salir una nueva estructura narrativa capaz de permitirle expresar sus meditaciones, sus perplejidades, su buen humor, más allá de desarrollar el chiste alargado que es el hallazgo de su pareja”.

LA CONQUISTA DE LA IRONÍA

El subtítulo de la biografía es ‘La conquista de la ironía’: “Alguien que está postulando una novela que crece sobre la base de la ambigüedad permanente de las verdades tiene un componente heterodoxo muy potente en su tiempo. Situaría a Cervantes como el inventor de la modernidad, si como modernidad entendemos la exclusión jovial de las verdades absolutas y la capacidad de identificar en la ironía el mejor instrumento del conocimiento”.

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Que hasta siglo y medio no se entienda realmente el ‘Quijote’ “más allá de comicidad superficial” (lo que por otra parte, y esa es otra ironía, lleva a Cervantes a intentar reivindicarse ante las jerarquías cultas con el 'Persiles') demuestra hasta qué punto, argumenta Gracia, “Cervantes inventa  el pensamiento moderno, la manera moderna de leer la realidad pero no a través del ensayo, del pensamiento, sino de un mecanismo nuevo que es la ficción moderna, en la que cabe todo, cualquier género, cualquier tono, y sobre la base de la incertidumbre crónica sobre si un hombre ridículo es a la vez un hombre conmovedor, si una situación ridícula puede ser al mismo tiempo una situación honorable, y ante la que es potestad del lector decidir si es una cosa u otra”.

Mujeres, Barcelona y algunas "tonterías"

CERVANTES Y BARCELONA. “Los mitos locales son pura invención. No tenemos ninguna certidumbre sobre cuándo y dónde estuvo, aunque estoy seguro de que pasaría por Barcelona. Sin embargo, sus descripciones de Roma, Sevilla o Lisboa son mucho más vividas y reales que la de Barcelona". "Lo que sí es incuestionable la presencia de catalanes en todas sus obras”, añade. Aunque navegando por el Mediterráneo occidental del siglo XVI los habría encontrado sin necesidad de pasar por Catalunya.

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