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Desenmascarando a Philip Roth

La biografía de Claudia Roth Pierpoint descubre, entre otras cosas, que el autor americano tuvo un breve 'affaire' con Jackie Kennedy

ELENA HEVIA / BARCELONA

Philip Roth, en Nueva York, en el 2008.

Philip Roth, en Nueva York, en el 2008. / RICHARD DREW

Máscara sobre máscara, Philip Roth, que ha sido considerado el mejor autor norteamericano vivo y  el merecedor absoluto de ese Premio Nobel que se le resiste año tras año, ha ido construyendo con su obra una serie de espejismos, verdades a medias y alter-egos multiplicados para explicarse a sí mismo. De ahí que, cuando el autor de ‘El mal de Portnoy’ decidió anunciar en el 2012 que echaba  definitivamente el cerrojo a  la creación, parecía que solo cabían esperar los ensayos que explicaran y ordenaran  todo ese intrincado laberinto ficcional que es su obra desde el punto de vista autobiográfico. El propio Roth, que ahora tiene 82 años, lo anunció así, dijo que su labor a partir de ese momento era clasificar sus papeles personales para allanar la que posiblemente será la biografía canónica escrita por Blake Bailey, que ya firmó la definitiva (y por cierto no excesivamente complaciente) de John Cheever. 

Como la biografía de Bailey, que se presume muy concienzuda, se hará esperar varios años, llega  ahora otro libro, ‘Roth desencadenado’ (Literatura Random House), firmado por la crítica Claudia Roth Pierpont (que pese al apellido no tiene el menor parentesco). Miembro del círculo privado del escritor: ella era una de las cuatro o cinco personas que leía sus originales antes de ser publicados. Más que una biografía al uso, el libro, que se vale de conversaciones con el autor, analiza sus novelas a la luz de los hechos intentado separar la ficción de la realidad, quitándole las máscaras. Y lo hace buscando rebajar la polémica que siempre ha rodeado a Roth, mostrándose comprensiva, incluso en los aspectos más evidentes de su misoginia. Esta no es una biografía autorizada. De hecho, decir que lo era  le ha valido a Martin Amis una corrección oficial en su crítica en el ‘New York Times’, ya que Roth Pierpont asegura que Roth no quiso leer una sola línea del trabajo antes de su publicación. Pero eso no elimina la sensación de que el autor de ‘Pastoral americana’  ha teledirigido el trabajo de su biógrafa, incapaz de ponerle un pero a sus acciones y aunque sí algún pero a sus trabajos.

TRAS UNA FIESTA

No se detiene mucho 'Roth desencadenado' en los aspectos más cotillas de la vida sentimental del autor -para eso Roth se basta y se sobra él solo-.  La más jugosa de las anécdotas, y desconocida hasta el momento, vincula al autor con Jacqueline Kennedy. Se conocieron en una fiesta neoyorquina en 1964, un año después del atentado de Dallas. Hablaron durante un buen rato  -“era inteligente”, consideró Roth-  y él la acompañó a casa. aunque en todo momento se sintió intimidado por no estar a la altura del glamur y las convenciones sociales. Se compró un traje nuevo para la siguiente cena, en la que Jackie hizo la habitual pregunta. “¿Quieres subir a casa?”. Una vez arriba le informó de que los niños estaban durmiendo -“¿Quieres decir ese niñito que saluda así y esa niña que tiene un poni?”, recuerda que se interrogó nervioso el autor para sí-. El primer beso fue “como besar un cartel publicitario”. Después de eso el escritor y la viudísima apenas se vieron dos o tres veces más. Un malicioso Roth cuenta a Pierpoint que le hubiera encantado que en el juicio de divorcio que estaba a punto de venírsele encima de parte de su primera mujer, Maggie  -que acabaría inspirando varios personajes especialmente odiosos en sus novelas-  Jackie se hubiera visto obligada a  comparecer como testigo. El caso no se dio porque Maggie falleció antes en un accidente.

Hay más revelaciones. Como el hecho de que Roth pidió realmente en matrimonio a la mujer que sirvió de modelo 

A los 70 años, el autor pidió en matrimonio a la veinteañera que le inspiró 'Animal moribundo' 

a Consuela, la protagonista de ‘El animal moribundo ‘–para el gran público, la historia que Isabel Coixet llevó al cine bajo el título de ‘Elegy’ con Penélope Cruz-, una veinteañera 50 años menor que media casi metro ochenta y que a diferencia del personaje no era cubana y tampoco tenía cáncer . Roth, es fácil imaginarlo, recibió calabazas y  llevó sus frustraciones a la novela. 

CON MIA FARROW

Otros nombres femeninos que apenas se vislumbran en el trasfondo de la biografía son Susan Glassman, la novia que Saul Bellow le ‘robó’ a Roth; o Mia Farrow, presentada aquí como buena amiga y vecina, cuando en realidad tuvo con Roth un ‘affaire’, que a decir de algunos propició la venganza de Woody Allen en su película ‘Desmontando a Harry’, retrato cruel de un famoso escritor judío bien conocido por sus aventuras sexuales y el odio hacia su raza.

La biógrafa también pasa de puntillas por el sonado matrimonio del escritor con la actriz Claire Bloom, cuyas miserias se conocen muy bien porque la protagonista de ‘Candilejas’ se dedicó a airearlas en unas memorias particularmente venenosas. Por cierto, ‘Adiós a una casa de muñecas’ (Circe) se publicó en castellano por primera vez el año pasado, casi 50 años después de su edición original.

Finalmente, y como conclusión, el libro muestra a un Roth en paz consigo mismo, divertido y paródico como dicen que sigue siendo en la intimidad, aceptando lo más difícil: que es posible vivir , y vivir bien, sin necesidad de abordar una nueva novela.

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