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CRÓNICA

Triunfo del clasicismo en el Auditori

Adam Fischer, al frente de la Sinfónica de Viena, y el violoncelista Pablo Ferrández brillan en la velada de Ibercamera

César López Rosell

Un momento del concierto de la Sinfónica de Viena en el Auditori.

Un momento del concierto de la Sinfónica de Viena en el Auditori. / IBERCAMERA

Noche vienesa en el Auditori con un programa edificado sobre seguras bazas. La apuesta de Ibercamera por el clasicismo más tradicional, con MozartHaydn Beethoven, interpretados por la Sinfónica de Viena, garantizaba el rigor de la versión de las obras. Con el maestro Adam Fischer en el podio, un experto en este repertorio, la seguridad de una pulida ejecución se multiplicaba todavía más. La presentación del violoncelista madrileño, de 24 años, Pablo Ferrández, premiado en el prestigioso Concurso Chaikosvki, y bendecido, entre otros, por Valery Gergiev, fue un aliciente añadido a la propuesta.

La ‘Sinfonía, num. 35’, ‘Haffner’, de Mozart, fue un buen ejercicio de estilo de la orquesta. La festiva pieza discurrió con fluidez y una buena aplicación de las dinámicas y los tiempos, expresadas en la vehemencia del ‘Allegro con spirito’ inicial y desarrolladas en la belleza melódica central hasta llegar al rápido ‘Presto’ final’. Tras su ejecución llegó uno de los momentos más esperados con el ‘Concierto para violoncelo, num 1’ de Haydn. Y  Ferrández, con un modélico acompañamiento de la orquesta, no defraudó.

REITERADOS APLAUSOS

El solista, tocando un Stradivarius ‘Lord Aylesford’ de 1696, de preciosa sonoridad y con una gran variedad de armónicos, encandiló con la expresividad de un discurso que, manteniendo el respeto a la partitura, tuvo mucho de personal. Soberbio en los dos primeros movimientos, especialmente en la serenata del ‘Adagio’, llegó al virtuosismo y juegos de artificio del espectacular ‘Allegro molto’ final. Los reiterados aplausos fueron premiados con una sensible versión de ‘El cant dels ocells’.

La traca final, con la interpretación de la ‘Quinta’ de Beethoven, completó una velada complaciente. Fischer llevó en volandas a una orquesta que se desenvuelve con apabullante naturalidad en este repertorio. La amplia y bien coordinada gama de gestos del director ayudó a dar homogeneidad al sonido orquestal. Desde el motivo inicial, la formación se enfrentó con seguridad a los impactantes contrastes entre los diferentes grupos instrumentales hasta desembocar, después de un ‘Scherzo’ menos notable, a un esplendoroso ‘Allegro’. Una vibrante recreación de la ‘Danza húngara, num. 5’, de Brahms, y la ‘Polka pizzicato’, de Johann y Josep Strauss, cerraron una aclamada sesión.