09 ago 2020

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'Todo está en tu cabeza' de Suzanne OSullivan: cuando el cuerpo grita

La neuróloga se adentra en 'Todo está en tu cabeza' en el resbaladizo terreno de las enfermedades psicosomáticas

Ernest Alós

'Todo está en tu cabeza' de Suzanne OSullivan: cuando el cuerpo grita

MÓNICA TUDELA

El título del libro de Suzanne O’Sullivan‘Todo está en tu cabeza’ (Ariel / Angle) corre el peligro de ser malinterpretado. No sostiene que todas las enfermedades sean originadas o puedan ser evitadas por la mente sino que, en determinadas personas, todas las dolencias que sufren tienen ese origen. Y hasta extremos inimaginables: ¿cómo puede estar realmente convencida una mujer de que está ciega sin estarlo -pinta ‘a ciegas’ un árbol… con el tronco marrón y las hojas verdes-? En línea abierta por Oliver Sacks de convertir historias clínicas en narraciones literarias, y desde su misma especialidad, la neurología, O’Sullivan recolecta casos conmovedores, chocantes o inquietantes. Esa madre que había borrado de la mente la muerte de su hijo y no encontraba explicación a sus males teniendo lo feliz que había sido su vida, enfermos paralizados sin motivo aparente o con ataques epilépticos que según los electroencefalogramas no son tales…

Pero ‘Todo está en tu cabeza’ es, al mismo tiempo que literatura médica (y no en el sentido académico del término), un texto de divulgación sobre las enfermedades psicosomáticas, escrito por una especialista del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres, que va y viene sin cesar de la narración al ensayo.   

'Todo está en tu cabeza' / 'Tot és al teu cap'

Suzanne O'Sullivan

Trads: Gemma Deza / Anna Turró
Ariel / Angle
336 páginas. 19,90€ 

 “El título, efectivamente, queda abierto a ciertas malinterpretaciones. Mi idea era dejar claro que mientras que las enfermedades neurológicas y mentales se han contemplado como cosas distintas, tratadas por distintos especialistas, con distinta formación, el cerebro y la mente están íntimamente más  interrelacionados. Defiendo que los neurólogos y los psiquiatras trabajen juntos”.

Para que quede claro: nada que ver con esos pseudoensayos ‘new age’ sobre el poder ilimitado de la mente para curar, o los sentimientos negativos como causa del cáncer o de prácticamente cualquier enfermedad imaginable. “Me sorprende –dice la doctora O’Sullivan- la de veces que estos días me han preguntado si el cáncer lo causa el estrés. Y no hay en absoluto ninguna evidencia que lo indique. Este libro no da ningún apoyo, en ningún sentido, a ideas de este tipo. Afortunadamente hay muy poca gente que renuncie a los tratamientos que ofrece la medicina moderna, que tiene una base científica que otras teorías no tienen”. Tampoco defiende, por otra parte, la sobremedicación, "que el paciente espere que haya una pastilla para todo".

CONSCIENTES O INCONSCIENTES

En los casos relatados en ‘Todo está en tu cabeza’ se dibujan las fronteras tenues y las zonas grises que van de la simulación consciente a las enfermedades psicosomáticas (o transtornos de conversión, que trasladan un trauma psicológico al terreno de la dolencia física). Hay tres grupos, dice O’Sullivan. Están los  simuladores que buscan conseguir una baja médica o el dinero de un seguro. O’Sullivan dice que en su carrera solo se ha encontrados con dos casos claros… incluyendo aquel al que siguió en el párking y vio como se levantaba de la silla de ruedas y la plegaba para subir al coche.

Después, dice, en plena zona gris, están los “transtornos facticios” (como el famoso síndrome de Münchhausen), los de “las personas que buscan la atención médica, peregrinando de hospital en hospital y falsificando sus síntomas”, llegando a provocarse daño conscientemente pero sin ser conscientes de que lo hacen porque necesitan ser cuidados, lo que en sí ya es un trastorno psicológico

Pero el grupo mayoritario es el que padece enfermedades psicosomáticas, que se suelen tratarse, aunque de forma inconsciente, de “una mala imitación de una enfermedad orgánica; una persona que cree que tiene un tumor en el lado derecho de su cerebro y no sabe que este controla la parte izquierda del cuerpo, puede tener realmente paralizado… el brazo derecho”.  No siempre es el estrés el que desencadena estas afecciones (y de hecho quizá lo sean más a menudo los intentos de sepultar este estrés, y otros traumas). “Hemos de ser capaces de expresar lo que nos preocupa; si enterramos nuestros problemas, el cuerpo acabará hablando por nosotros”, dice.

Pero cuidado con la frivolidad a la hora de buscar necesariamente, incluso con hipnosis, un trauma sexual en la infancia tras cada uno de estos problemas.  “Son muy importantes, en cerca de un 30% de los casos, pero no se puede obligar prácticamente a una persona que tiene convulsiones a aceptar que sufrió abusos en su infancia”.

DOS TEMAS CONTROVERTIDOS

O’Sullivan se mete conscientemente en un par de buenos jardines. Uno, el de la relación entre sexo y enfermedades psicosomáticas, aun dejando atrás aquellas teorías tan patriarcales de la histeria (su libro, por cierto, también viaja a la historia de la medicina).  “El 70% de quienes están diagnosticados por enfermedades psicosomáticas son mujeres, porque los médicos tienen más tendencia a atribuir esta causa a una paciente; pero también es cierto que las mujeres tienen más riesgo de sufrir las presiones que les llevan a desarrollar estos síntomas, y que socialmente está más aceptado que las mujeres puedan quejarse de afecciones que se supone que los hombres sencillamente deben soportar”.

El otro es el de caracterizar el síndrome de la fatiga crónica como enfermedad psicosomática, algo de lo que está bastante convencida. “Sí, es algo extraordinariamente controvertido. Pero no hay ninguna otra explicación hasta ahora que resulte convincente. Y que sea un síndrome de origen psicosomático no supone en absoluto que se minusvalore ese sufrimiento, que es real”.  

Volviendo al título, al ‘Todo está en tu cabeza’. Cuando un enfermo oye esta frase, en lugar de estar aliviado porque se haya descartado, por ejemplo, un tumor, suelen indignarse. “Es comprensible su frustración, saben que este diagnóstico reducirá el respeto y comprensión que recibirán como enfermos -admite O’Sullivan-. Pero nunca debemos olvidar que sus dolencias son reales”. 

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