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ESTRENO DE UNO DE LOS DRAMATURGOS MÁS APRECIADOS

El Lliure presenta un Pinter de juventud

Mario Gas dirige 'Invernadero', una de las obras más tempranas del Nobel inglés

Natàlia Farré

Gonzalo de Castro y Isabelle Stoffel, en una de las escenas de ’Invernadero’.

Gonzalo de Castro y Isabelle Stoffel, en una de las escenas de ’Invernadero’. / ROS RIBAS

Lluís Pasqual, el director del Teatre LLiure, afirma que Harold Pinter (Londres, 1930-2008) es uno de esos artistas que parecen catalanes, aunque es muy consciente de lo británico que es, y lo afirma porque asegura que cuando se programa por estos lares la gente corre a verlo como si fuera uno de los suyos. Bien. Es cierto que Pinter goza de prédica en la cartelera catalana, tan cierto como que su pieza 'Invernadero' nunca se ha representado en los escenarios más cercanos. Hasta ahora. La obra llega este miércoles (con fin el 21 de febrero) al Lliure de Montjuïc bajo una producción del Teatro de La Abadía de Madrid (donde se pudo ver el pasado invierno) dirigida por Mario Gas e interpretada por Gonzalo de Castro, Javivi Gil Valle, Carlos Martos, Ricardo Moya, Isabelle Stoffel, Tristán Ulloa y Jorge Usón.

El montaje es una producción del Teatro de La Abadía de Madrid a partir de la versión de Eduardo Mendoza

Se trata de una pieza temprana de Pinter. El dramaturgo la escribió en 1958 bajo la impresión de la invasión de Hungría en 1956 por parte de las tropas soviéticas, pero no se sabe muy bien por qué la mantuvo encerrada en un cajón durante 22 años. En 1980 la desempolvó y la llevó personalmente a escena. A partir de aquí se ha representado en numerosas ocasiones, la mayoría con éxito. La que nos ocupa cuenta con la traducción de Eduardo Mendoza que es "tan clara o tan ambigua como lo es la versión del propio Pinter" afirma el escritor, no sin antes aclarar que le "fascinó" su lectura y le pareció una obra "divertidísima". Pero de una diversión de las que hielan la sonrisa, una risa dislocante que lleva al estupor. Porque Pinter, aunque joven, no deja de ser Pinter.

"No hay un Pinter sino muchos, unidos por un mínimo común denominador: el hombre urbano accidental, su alienación, su disolución mientras crece un poder occidental pretendidamente democrático y radicalmente aniquilador", apunta Gas. Aunque el del 'Invernadero' tiene la peculiaridad de ser un Pinter "muy extrovertido y muy vitriólico, que produce mucha hilaridad y que a través de la hilaridad llega a lo grotesco y al terror. Con los años su trabajo se volvió más estrecho, más contraído".

ANIQUILACIÓN MENTAL Y FÍSICA 

En el ‘Invernadero’ la acción transcurre durante una jornada navideña marcada por un nacimiento y una muerte, y se sitúa en un balneario, que se supone es una institución benefactora para el ser humano pero el de la pieza, en realidad, esconde un lugar de aniquilación mental y física patrocinado por el poder político y estatal.

No hay víctimas en escena porque las víctimas son los propios verdugos. Absurdo y opresión, y poder manipulante y fagocitador. Todo muy Pinter, pero que los no iniciados en el premio Nobel no se asusten: "Se tiende a creer que hay que observar a Pinter con una actitud de respeto intelectual. Pero en realidad hay que ir sin complejos, el público no tiene que pensar que va a ver un Pinter esotérico y críptico". Palabra de director.