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FESTIVAL BCNEGRA

Pierre Lemaitre: "Hoy es muy, muy fácil ser terrorista"

El ganador del Goncourt y 'padre' del policía Camille Verhoeven reflexiona sobre los atentados islamistas y analiza el relevo de la novela negra nórdica por la francesa

Anna Abella

El escritor francés de novela negra y ganador del Goncourt Pierre Lemaitre, este martes en Barcelona, donde participa en el festival BCNegra.

El escritor francés de novela negra y ganador del Goncourt Pierre Lemaitre, este martes en Barcelona, donde participa en el festival BCNegra. / JOSEP GARCIA

Pierre Lemaitre (París, 1951) disfruta siendo cruel con sus personajes, y si no, que se lo digan a su policía estrella, de 1,45 de altura, Camille Verhoeven, a la mujer de este, Irène, o a Alex (ambas dan título a dos de las novelas de su tetralogía negra, publicada por Alfaguara y Bromera, y que ha vendido más de medio millón de ejemplares). “Sí, tengo reputación de ser muy malo con ellos. Le explico por qué: cuando escribía ‘Vestido de novia’ vi que no funcionaba porque la protagonista era una mujer de 30 años y me había enamorado de ella y no quería que le pasara nada malo. Me salvó una cita de Jean Cocteau: ‘para que los dioses se diviertan es necesario que el héroe caiga de muy alto’. Así que puse mi mano sobre su cabeza y la empujé bajo el agua de la piscina –dice haciendo el gesto- y conté hasta 100. Cuando salió del agua, estaba perfecta…”. “Sí –añade en una maratoniana jornada de entrevistas antes de participar en BCNegra-, a mi mujer le dicen que se ha casado con un loco”. Es el ganador del prestigioso Goncourt por ‘Nos vemos allá arriba’ (2013), donde aparcó el género negro para viajar a la no menos negra Francia de finales de la primera guerra mundial.

A ese sangriento episodio lanza un guiño Lemaitre en la breve ‘Rosy & John’ -experimento nacido como folletines para ‘smartphone’ en honor a su admirado Alexandre Dumas-, donde Verhoeven se enfrenta al chantaje de un joven que ha explosionado un obús de la gran guerra en el centro de París y amenaza con hacer lo propio con otros siete si no liberan a su madre, en prisión por asesinato. “Hay un eco metafórico. Los años 20 y la posguerra se parecen a la Europa de hoy, tomada por la violencia física, no solo la violencia simbólica del desempleo, la pobreza, el quedarse fuera del sistema...”. 

Lemaitre escribió ‘Rosy & John’ años antes de los recientes atentados islamistas en Francia y aunque no se tiene por visionario “presentía que nuestras sociedades son muy frágiles”. “Siempre hemos creído que el terrorismo es complejo pero es muy, muy fácil ser terrorista y cualquier persona con motivación y sin miedo a morir es un peligro absoluto para las democracias, que creían que estaban a salvo y no lo están porque un solo individuo con un arma puede aterrorizar a una ciudad como París, a millones de personas”, constata. 

El autor habló con un técnico en explosivos de la policía. Le contó lo fácil que es conectar un cable a una bomba y hacerla estallar. “¿Y cómo hago la bomba?, le pregunté. ‘Coges una que ya está hecha’, me dijo, enseñando una foto en su móvil de un montón de obuses de la gran guerra que no explotaron, en una cuneta del Este de Francia. Hay millones de ellos, salen a la superficie como si fueran peces muertos y los campesinos los colocan ahí hasta que la policía los recoge”. 

LOS ATENTADOS ISLAMISTAS

 “Lo que provocó los atentados en Francia no es una radicalización del islamismo sino una islamización de la radicalidad –avisa Lemaitre-. Hay jóvenes marginados, rabiosos, que la sociedad ha dejado en la cuneta y que han encontrado en el islam radical una forma de expresar su cólera. Los ha fabricado la propia sociedad. Hemos abandonado durante 30 años muchos territorios de la República que son centros de droga y donde la policía no se atreve a poner los pies. ¿En qué se convierte esa gente?”. 

Gente con la que la crisis se ha cebado. “Seguro. El capitalismo experimenta un enorme problema: la división ingente entre ricos y pobres. En los últimos años hay menos ricos pero se han enriquecido más. En el otro extremo de la pirámide cada vez hay más gente y más pobre. La pirámide es un volcán y al final explota”. 

Con cuatro títulos (el último, ‘Camille’, de próxima publicación en España), Lemaitre da da por cerrada la serie de Verhoeven. “El lector quiere el mismo libro para revivir el placer de leerlo. No habrá otro Camille pero intentaré renovar esos placeres”, asegura. El policía quedó marcado mental y físicamente por su madre. También en ‘Rosy & John’ aparece el complejo de Edipo. “Es un tema recurrente en mis libros. Una lectora ya me dijo que mis madres siempre son malas, crueles, asesinas… Tengo una visión bastante trágica de la maternidad”, confiesa, advirtiendo que no piensa tumbarse en un diván para un psicoanálisis.      

Defensor a ultranza de la novela negra, que reivindicó al minuto uno de ganar el Goncourt (premio que no entiende cómo no se le dio en su día a George Simenon), el autor de ‘Irène’ cree que lo que nos fascina de la novela negra no es tanto la muerte como el asesinato. “Todos hemos tenido ganas de matar a alguien. Lo que nos da miedo y nos angustia es saber que somos capaces de ello. Eso forma parte del éxito del género”. Éxito que también atribuye a que muestra una “violencia física, de sangre”, que permite al lector exorcizar la violencia simbólica de su día a día -“según un sondeo, dos de cada tres franceses ve posible que un día acabe siendo un ‘sin techo’. Es superviolento”-, y también a que en la novela negra “hay un culpable, al que se identifica y se detiene. Eso tranquiliza. En cambio en la vida real no sabemos quien es el responsable del mal”. 

El 'polar' toma el relevo a la novela negra nórdica 

“Hay una ola de novela negra francesa que llega cuando la novela negra escandinava está ya en depresión. Esta ha tenido mucho éxito en Europa porque proponía una lectura excelente en un momento en que tras 30 años de economía floreciente se sumía en la crisis y sus novelas eran una caja de resonancia de esa depresión”, argumenta Lemaitre, que junto a autores como Bernard MinierMichel BussiOlivier Truc o Franck Thilliez, conforma un nuevo grupo de autores de 'polar', cuyo éxito ya cruza las fronteras de Francia. “Pero los atentados islamistas en París muestran que hemos cambiado de época –continúa-. Ahora el tema no es la depresión sino la seguridad, y la novela nórdica no está en tanta sintonía con las preocupaciones de hoy, en cambio el Polar sí”.

“La novela policiaca francesa se ha reactivado y tiene una gran capacidad de invención y creatividad, cada novela es una sorpresa –opina-. Eso es una señal de los tiempos, de que el mundo va muy rápido, no deja de renovarse a la misma velocidad que internet. Y esa diversidad es precisamente la gran fuerza del toque francés. No hay una corriente principal, un ‘mainstream’, como en la novela negra nórdica. La diferencia es que cada autor tiene un proyecto distinto, es la pieza distinta de un puzle. Y cuando juntas todas las piezas ves una fotografía completa de nuestra época”. 

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