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INVITADOS DE LUJO EN EL CENTRO DE LA CALLE DE MONTCADA

Picasso, innovador hasta el final

El Museu del genio acoge, hasta junio, tres óleos de su última etapa prestados por el Museo de Arte Moderno Louisiana

Natàlia Farré

El jugador de cartas II, óleo realizado por Pablo Picasso en 1971.

El jugador de cartas II, óleo realizado por Pablo Picasso en 1971.

La capacidad productiva de Picasso es legendaria, así que ejecutar tres óleos y dos grabados en un día no era algo inhabitual en la dinámica creativa del genio malagueño. Eso es lo que hizo el 18 de abril de 1956, cuando en una jornada de su pincel salieron los lienzos 'Hombre y mujer en la playa', 'Mujer y tocador de aulos I' y 'Mujer y tocador de aulos II', además de dos litografías. Las tres últimas lucen juntas por primera vez en el Museu Picasso. Las estampas son de la colección del centro, entraron con la donación que hizo Jaume Sabartés, al que el malagueño regalaba una prueba de artista de todos los grabados que realizaba. El óleo procede de Dinamarca, del Museo de Arte Moderno de Louisiana, y llega acompañado de otras dos piezas 'Le déjeneur sur l’herbe’ (1961)' y 'El jugador de cartas II' (1971). Las tres estarán en la calle de Montcada hasta el 20 de junio, fecha en la que volverán a casa junto con 27 dibujos prestados por el museo del genio para la exposición en Dinamarca de 'Picasso before Picasso'.

Las piezas, muy diferentes entre sí, evidencian que no hay que meter en el mismo saco su trabajo tardío

Se trata de un intercambio que "enriquece el discurso" de la pinacoteca y se trata, también, de "tres obras importantes porque son de la última época del genio", aquella realizada a partir de 1950 y que suele meterse en un cajón de sastre. "Con estas tres piezas se evidencia que Picasso no fue siempre igual en sus últimos 23 años, ya que son tres obras completamente diferentes", afirma Malén Gual, conservadora del centro. 'Mujer y tocador de aulos II' se inscribe en la época en que Picasso, instalado en la Costa Azul, hizo aflorar en sus lienzos escenas pastorales, faunos, centauros... en las llamadas series de la 'joie de vivre'. Es un cuadro de una simplificación extrema, tanto en el paisaje con planos sin perspectiva como en la estructura absolutamente lineal de los personajes.

INTERPRETANDO A MANET  

En la tradición de las interpretaciones de grandes artistas del pasado a los que el genio admiraba y respetaba (como 'Les femmes d’Alger' de Delacroix, 'Las Meninas' de Velázquez o 'El rapto de las sabinas' de Poussin) se encuentra 'Le déjeneur sur l’herbe', una de las 27 pinturas (además de 150 dibujos, 8 grabados y 18 cartones para escultura) con las que Picasso se midió, entre 1959 y 1962, con Manet y su 'Les déjeuners sur l’herbe'. Un tema y una forma muy alejados de 'El jugador de cartas II', la más tardía de las tres piezas expuestas que pertenece al llamado periodo de Aviñón. "Es una obra espléndida que muestra la vitalidad de Picasso hasta el último momento", afirma Gual. No en vano, el malagueño contaba con 90 años cuando la ejecutó. En un periodo en el cual lo figurativo no era lo más vanguardista, "Picasso jugó con las texturas para demostrar que continuaba innovando, continuaba sin repetirse a sí mismo, continuaba en la palestra y continuaba siendo uno de los más importantes", concluye la conservadora. Genio y figura hasta el final.

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