10 abr 2020

Ir a contenido

Escritor busca pensión

Juan Cruz

Ya sé que les importará una mierda (a ellos: los de siempre), pero si han podido leer esta frase es porque antes hubo (mucha) gente que escribió para que pudieran (aprender a) leer. Mi abuela era analfabeta. La vida fue muy dura con ella. Aprendió 'los números' para ir al mercado. Le daba seguridad saber que no podían engañarla. La aversión que tienen algunos a aprender y otros a que nos enseñen viene dada del miedo que finalmente da la seguridad de saber, de conocer. Mejor, iletrados. Mejor, maleables.

Ahora, este Gobierno -tan ilustrado, como el resto- en su reforma de las pensiones ha creído oportuno que a todo aquel que se maneje en las letras, es mejor que no le salgan los números. Me explico: un escritor jubilado que ingrese más de 9.000 euros al año -aunque haya cotizado durante toda su vida laboral- debe escoger entre seguir escribiendo o cobrar su (merecida) pensión. Y da igual que seas uno de los poetas contemporáneos de mayor reconocimiento, que hayas recibido premios como el Cervantes, el Reina Sofía o el Nacional de Poesía. Pero bueno... ¿Qué demonios es todo eso? ¿Tienen esos laureles la valía de una copa de Champions? La respuesta es no. Si los poetas pudieran entrenar poetas, esto no pasaría. Y por eso el reconocimiento local está sobrevalorado. Es de categorías inferiores. Pura bisutería. Quincalla, decía mi abuela. De hecho, no tienen sentido.

Esta es una condena a la transmisión del conocimiento en forma de obra, conferencia, seminario, curso o coloquio. Y por enésima, a nuestros mayores. Es la reedición del 'muera la inteligencia', pero que además a ti, creador, te salga a pagar, que le debemos mucho dinero a toda esa gente que lo que lee son cuentas de resultados y esto, todo esto… les importa una mierda.

Un mojón, como decía mi abuela.

*Juan Cruz es guionista y director de cine.