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Víctor Amela gana el Ramon Llull con una novela romántica sobre el carlismo

'La filla del capità Groc' recupera la figura histórica Tomàs Penarroch

ELENA HEVIA / BARCELONA

Victor Amela, tras conocer el galardón.

Victor Amela, tras conocer el galardón. / JOAN PUIG

El periodista y escritor Víctor Amela (Barcelona, 1960) ha viajado a las tierras de sus antepasados, Forcall, en la provincia de Castelló, donde de niño solía veranear, para contar la historia real de Tomàs Penarrocha, un héroe de las guerras carlistas llamado el Groc de Forcall, en la novela 'La filla del capità Groc'. Con ella acaba de ganar el Premio Ramon Llull 2016, dotado con 60.000 euros.  

El primer impacto frente al personaje que acabaría siendo el protagonista de su obra lo tuvo Amela a los 8 años en Forcall. Otro niño le espetó que si no conocía la historia de cuando el Groc se escapó de las tropas isabelinas en el Santuari de la Balma. Si no la conocías eras poco menos que tonto. Era, lo deduce ahora, una manera de dejar en ridículo al chico de ciudad, ignorante de las míticas aventuras del héroe local. ¿Motivo? Estaba paseando con una de las niñas guapas del pueblo. “Éramos rivales y su estrategia para apartarme de ella fue contarme esta historia que me atrapó”.

DEBUT EN CATALÁN

Muchos años después nació esta novela, la primera que el autor escribe en catalán, con modismos de la zona de Morella y el Maestrazgo, donde está situada la acción. Cuenta las vicisitudes de un capitán de las tropas del líder carlista Ramon Cabrera, que tras su derrota en 1840, decide regresar a su pueblo, donde le ha esperado su hija adolescente. “El Groc es una especie de Robin Hood ultralocal que se dedica a ayudar a los campesinos más humildes frente a los poderes liberales de entonces. A algunos les parecerá un héroe recto y coherente y a otros, un bandolero fanático”, asegura Amela que ha hecho una ingente tarea de trabajo de campo con documentos poco conocidos. “Aunque la tarea del novelista sea la de rellenar los huecos de lo que no existe constancia”.

Amela se había propuesto escribir la obra en castellano, como toda su obra periodística y de ficción anterior,  pero la fuerza de las expresiones locales del catalán utilizado por su padre (nacido en Barcelona) y por su abuelo, forcallano  de origen, hizo que finalmente  se decidiera por un “catalán  purísimo que ha estado encerrado durante un siglo y es capaz de mantener giros lingüísticos medievales”. El abuelo de Amela emigró  a Barcelona en 1914, después de que las guerras carlistas destrozaran el modo de vida del Maestrazgo. “Soy hijo, mejor dicho nieto, de los hechos que se cuentan en la novela”. 

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