Ir a contenido

Una nueva piel para el Liceu

Frederic Amat cubrirá las dos fachadas del teatro lírico con casi 200 círculos rojos de cerámica esmaltada

La intervención artística, que se espera ultimar en otoño, será íntegramente financiada por el mecenas Josep Suñol

Rafael Tapounet

Recreación fotográfica virtual de la fachada del Liceu, vista desde el Pla de lOs, tras la intervención artística de Frederic Amat.  

Recreación fotográfica virtual de la fachada del Liceu, vista desde el Pla de lOs, tras la intervención artística de Frederic Amat.  

El Gran Teatre del Liceu tendrá "una segunda piel". En esos términos define el artista Frederic Amat la intervención que se propone llevar a cabo en la fachada del coliseo lírico de Barcelona. Una intervención que, explicada con trazos muy gruesos, consistirá en la colocación de entre 150 y 200 piezas de cerámica esmaltada de color rojo sangre de toro con la forma de un "círculo abierto" de 105 centímetros de diámetro. El proyecto incluye asimismo la recuperación para la ciudad, en la fachada de la calle de Sant Pau, de las cuatro vidrieras con escenas wagnerianas instaladas en el vestíbulo del Cercle del Liceu. El resultado, que a estas alturas solo se puede valorar a partir de maquetas y simulaciones fotográficas, no deja indiferente. Para bien o para mal.

La fachada del Liceu, cuyo plano original firmó en 1847 Miquel Garriga Roca, solo ha sufrido dos transformaciones de importancia a lo largo de su historia (en 1874 y 1918) y permaneció inalterada tras el incendio que en 1994 obligó a reconstruir el teatro. Ahora, un informe técnico aconsejaba acometer una obra para corregir algunos defectos estructurales ocasionados por el paso del tiempo y, de paso, solucionar, con el empleo de tecnología LED, los problemas de iluminación. El proyecto de "restauración canónica" fue encargado al estudio DFT, de los arquitectos Lluís Dilmé y Xavier Fabré, que ya participaron en la reconstrucción del Liceu. Pero a ese trabajo de conservación "le faltaba algo", como apunta el propio Fabré. Y ahí es donde aparece, 'deus ex machina', Frederic Amat.

UN EDIFICIO ENSIMISMADO

Amat llevaba un tiempo dándole vueltas a las carencias de la fachada del Liceu. "A diferencia de lo que ocurre en otros teatros de ópera, el '¡oh!' de admiración se produce dentro, en la sala, no fuera. Apenas hay elementos en el exterior que anuncien que ese es un gran espacio de representación", señala el artista. Esa "falta de irradiación" resulta todavía más palmaria en la anodina fachada de la calle de Sant Pau, "que sugiere la idea de un seminario o un hotel, pero no la de un teatro de ópera". Amat había empezado a desarrollar algunas ideas sobre el asunto cuando, el pasado verano, la lectura de un artículo sobre una campaña de captación de fondos para costear la restauración de la fachada le impulsó a dar forma a sus intuiciones y presentar un proyecto. "Es ahora o nunca, pensé".

La intervención de Amat se basa en la forma del círculo abierto, que el artista conecta con la planta del teatro romano ideal concebida por Marco Vitruvio y con la propia platea del Liceu. "El círculo abierto evoca la presencia del público, es la gente", explica. La yuxtaposición de entre 150 y 200 piezas con esta forma sumada al juego de sombras y reflejos que brinda el gres esmaltado creará un efecto de movimiento que el artista considera fundamental: "Los edificios viven, y la vida comporta tránsito y movimiento".

El proyecto de restauración y transformación se propone además integrar de manera efectiva las fachadas de la Rambla y de Sant Pau y subrayar la importancia del ángulo que forman. "La fachada es la esquina", sentencia Amat. El arquitecto Jordi Rogent, asesor del Liceu, argumenta esta opción. "El Liceu es el único gran teatro de ópera de Europa que no genera espacio público. Esta obra refuerza el papel del Pla de l’Os [donde se halla el mosaico de pavimento de Miró] como la plaza pública que le corresponde al Liceu e invita a la gente a adentrarse por Sant Pau, llegar hasta la Filmoteca y recuperar la zona".

ESPERANDO LA LUZ VERDE

Esa dimensión del proyecto como  motor de una transformación social fue la que acabó de convencer al director general del Liceu, Roger Guasch, de avalar la propuesta. "Necesité cuatro días para asimilarlo -admite-, pero ahora, cada vez que veo la fachada echo en falta los círculos". Tras obtener el beneplácito de la comisión ejecutiva del teatro y de la del consorcio y de recabar la opinión de arquitectos, técnicos, artistas y liceístas, se iniciaron los trámites para llevar a cabo las obras. Tanto el ayuntamiento como la comisión territorial de patrimonio cultural han aprobado el proyecto de restauración canónica pero han requerido un informe con detalles técnicos sobre la intervención de Amat (la fachada del Liceu es un bien cultural de interés nacional y, por ello, la obra del artista debe tener carácter reversible) antes de darle luz verde. La previsión de Guasch es empezar los trabajos en abril y tenerlos acabados para el inicio de la temporada operística 2016/2017, en octubre.

Y todo esto, ¿cuánto cuesta y quién lo paga? El presupuesto de la rehabilitación ‘clásica’ de las fachadas, incluida la recuperación de las vidrieras del Cercle del Liceu, asciende a unos 730.000 euros, que se financiarán con micromecenazgo y lonas publicitarias. Y el coste de la obra de Amat, que rondará los 300.000 euros, lo asumirá íntegramente el empresario, coleccionista de arte y mecenas Josep Suñol.

Las vidrieras recuperadas

Uno de los aspectos más atractivos del proyecto de restauración de la fachada del Liceu es la recuperación de las cuatro vidrieras instaladas en el vestíbulo de entrada del Cercle del Liceu, que reproducen otras tantas escenas de la tetralogía wagneriana del anillo. Fueron realizadas en 1905 por la casa de cristaleros Antoni Bordalba a partir de los diseños del pintor y escenógrafo Oleguer Junyent.

Estas obras de cristal esmaltado no son en la actualidad visibles desde el exterior porque, en algún momento entre la Semana Trágica y los años 30 (el hecho no está documentado), el Cercle del Liceu decidió taparlas para evitar que fueran objeto de posibles ataques e iluminarlas con unos fluorescentes situados entre las vidrieras y la falsa pared que se construyó al efecto en la fachada de la calle de Sant Pau. La obra de recuperación supondrá desmontarlas, restaurarlas y volverlas a instalar, con un coste de unos 200.000 euros.      

Temas: Liceu

0 Comentarios
cargando