Bowie, en diez discos

El músico británico hizo de la metamorfosis constante su razón de ser

Ejemplares del disco ’Blackstar’, de David Bowie, en una tienda de Londres.

Ejemplares del disco ’Blackstar’, de David Bowie, en una tienda de Londres. / AFP / JUSTIN TALLIS

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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‘HUNKY DORY’ (1971)La voz cambiante

Su cuarto álbum, el primero de altos vuelos pese a la relativa dispersión de su contenido, con folk narrativo, guiños cabareteros y épica melódica a través de puntos de luz como ‘Life on Mars?’, ‘Quicksand’ y el manifiesto ‘Changes’, donde anuncia su disposición a evolucionar y convertirse cada vez en “un hombre distinto”.


'THE RISE AND FALL OF ZIGGY STARDUST AND THE SPIDERS FROM MARS’ (1972)El rey del glam

Bowie inventa un personaje, Ziggy, un mesías alienígena que termina siendo víctima de su éxito. Cima glam y mucho más: todas sus canciones son clásicos mayúsculos, con cumbres como el ‘crescendo’ de ‘Five years’, la soñadora ‘Starman’ o el clímax de ‘Rock’n’roll suicide’. Emparejado con otro clásico, ‘Aladdin Sane’ (1973).


'YOUNG AMERICANS’ (1975)El giro soul

Cambio de escenario: Bowie cruza el Atlántico y graba en Filadelfia, influido por los aires urbanos del soul y el funk y dejándose arropar por secciones de metal y coros libidinosos. Un disco sensual y con un punto de nocturnidad, que le da su primer ‘hit’ en Estados Unidos: ‘Fame’, compuesto y grabado con John Lennon.


'STATION TO STATION’ (1976)En tierra ignota

Disco de transición entre las fibras negras y la oscuridad maquinal de su inminente período berlinés. Despuntan los diez minutos de la pieza que le da título, para gloria del imaginario Thin White Duke, y canciones voluptuosas y un poco distantes, como ‘Golden years’ y ‘Stay’. Y el ‘momento crooner’ de ‘Wild is the wind’.


'HEROES’ (1977)Capital, Berlín

Segundo volumen de la trilogía berlinesa, funde la épica y el romanticismo de piezas como la que titula el disco, inspirada en el beso de dos amantes junto al muro, con la electrónica germánica. Bowie, acompañado por su productor fetiche, Tony Visconti, y con cómplices como Brian Eno y Robert Fripp (King Crimson).


'SCARY MONSTERS’ (1980)Fin de una era

El álbum que cierra, y culmina, su era clásica. Art-rock con guitarras disonantes (‘Scary monsters and super-creeps’) y funk robótico (‘Fashion’), estribillos extravagantes (‘It’s no game’) y un clásico pop de vanguardia, ‘Ashes to ashes’, que evoca la narración de ‘Space oddity’. Antes del salto a los estadios.


'LET’S DANCE’ (1983)Ídolo de vídeoclip

Bowie se acuerda del éxito comercial de ‘Young americans’ y vuelve a la música negra, al funk, para grabar su disco más accesible de la mano de Nile Rodgers (Chic, Diana Ross). La canción central, así como ‘China girl’ (más bailable que en la toma original de Iggy Pop) y ‘Modern love’ le convierten en ídolo ‘mainstream’.


'OUTSIDE’ (1995)Nuevos misterios

Tras algunos pasos en falso, en los 90 corrige el rumbo con una serie de discos entre los que destaca este reencuentro con Eno en torno a una ficción futurista protagonizada por el detective Nathan Adler. Rock denso con capas electrónicas, texturas industriales y logros como ‘Hallo spaceboy’ y ‘Strangers when we meet’.


'HEATHEN’ (2002)Cima neoclásica

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Su mejor disco de madurez pre-retiro, de nuevo con Visconti tras 22 años de alejamiento. Un Bowie sólido, que recupera la versión más intrigante y sobria de sí mismo, con hondas inflexiones vocales y piezas dramáticas, dotadas de esplendor melódico, como ‘Slip away’ y ‘Slow burn’, y adaptaciones de Neil Young y Pixies.


'BLACKSTAR’ (2016)El adiós

Tras una década de silencio y la agradable sorpresa de ‘The next day’ (2013), el último, más escalofriante, episodio llega con esta despedida llena de pistas que apuntan al tránsito hacia la muerte. Una obra turbulenta, hermosa pero trágica, cocinada con músicos de jazz, con la que firma su propio réquiem en vida.