Biel Mesquida, un pirata de fragmentos

Biel Mesquida se resiste a denominar cuentos a los textos de su último libro, 'Trèmolo', una exhibición de la "lengua mesquidiana"

El poeta mallorquín Biel Mesquida.

El poeta mallorquín Biel Mesquida.

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

Escribe desde Barcelona

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Un niño quiere ser Isabel Pantoja. No como Isabel Pantoja. Ser ella. Una mujer explica cómo fue secuestrada y torturada en un sótano hasta que mutiló a su captor; luego suelta una carcajada y se despide, dejando al hombre que la pretende cautivado y al lector dudoso. Un alto cargo del Gobierno balear pasa de los juegos sado con esposas a entrar con ellas al juzgado y pedirle a su amante un último juego. Podrían ser sinopcis de cuentos, y más de un lector del último libro de Biel Mesquida (‘Trèmolo’, Empúries) los calificaría sin dudarlo como tales.  Pero su autor, el inclasificable escritor mallorquín, no está de acuerdo.

“Yo creo que no son cuentos; el cuento es un género muy marcado y codificado, y yo soy un militante en contra de los códigos y las etiquetas profesorales. Yo escribo eso mío, que quiere ser un objeto singular, propio y único” dice.

‘Eso suyo’ de Mesquida son fragmentos (“soy un pirata de fragmentos” porque, cree, es lo que necesita el lector actual, “libros que sean una especie de pequeño oasis para el lector”.

"Quiero hacer lo que han hecho los maestros, contar y cantar al mismo tiempo" "Quiero hacer lo que han hecho los maestros, contar y cantar al mismo tiempo"

¿Dejémoslo en prosas, entonces? “Esa es otra etiqueta, la de la prosa y la del verso. Mallarmé decía: ‘no hay prosa, solo existe el verso más o menos ritmado’, Me gusta mucho esa definición, en toda mi obra hay una voluntad de materia poética. Quiero hacer lo que han hecho los maestros, contar y cantar al mismo tiempo, que el lector lea en voz alta y escuche al libro”.

Así que son textos para leer lentamente, a ratos sueltos, disfrutando de que sus protagonistas no hagan el amor sino que “boixin com a puputs”, en un festival de la riqueza del catalán de Mallorca. Alto, avisa Mesquida. “No tenemos que ver a Mallorca como un paraíso lingüístico, porque no es así”, advierte. Y no solo en Palma; también Manacor, donde vivió de los 5 a los 17 años, es “una cosa descafeinadilla” al lado de la vecina Felanitx,  “la Atenas de Mallorca”, donde tiene sus mejores amigos,.

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CREACIÓN

“Este libro, al final, no está escrito ni en el catalán de Catalunya ni en el catalán de Mallorca, está escrito en mesquidià, la lengua mesquidiana”, sostiene. “Me gustan los neologismos, me gusta que el libro y la lengua tiemblen, y que las palabras se muevan. Hay cosas que las ves cuando tiemblan, pero no las ves cuando están quietas, como cuando la lengua queda paralizada”. Una de esas palabras mesquidianas con las que empieza el libro, “cervelltremol”, es, dice, “la cerradura que permite al lector abrir el libro”. Que esas cosas suyas “lleguen al lector a través de todos los sentires”.