27 nov 2020

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ESTRENO EN EL TEATRE EÒLIA

Oriol Pla hipnotiza en el monólogo 'Ragazzo'

La obra de Lali Álvarez narra los sucesos de Génova durante la cumbre del G-8 en el 2001 que causaron la muerte de un joven manifestante

José Carlos Sorribes

Oriol Pla, en el monólogo ’Ragazzo’ sobre la muerte de un joven activista en Génova en el 2001.

Oriol Pla, en el monólogo ’Ragazzo’ sobre la muerte de un joven activista en Génova en el 2001. / ORIOL SEGON TORRA

Oriol Pla tiene solo 22 años pero siempre ha jugado en la liga de los grandes, la de los actores que atraen de forma hipnótica la mirada del espectador. Ya lo hizo en 'Jo mai', de Iván Morales. Lo vuelve a repetir ahora en solitario en 'Ragazzo', un montaje que supone una gran carta de presentación del Teatre Eòlia, de la escuela escénica del mismo nombre.

También es una excelente presentación para Lali Álvarez, autora y directora de un monólogo cocido a fuego lento con el propio Pla. Recrea la muerte del joven Carlo Giuliani, víctima de un disparo de la policía durante una manifestación en Génova del movimiento antiglobalización por la reunión del G-8 en el 2001 que blindó la ciudad.

Álvarez firma una pieza de teatro político y activista a cara descubierta; un teatro conmovedor que sacude conciencias. Todo gira alrededor de la figura de un participante en el Fórum Social Mundial que apelaba, en paralelo a las reuniones del G-8, a otro mundo posible. “La paz no es un camino, es un resultado”, sentencia en su postura de plantar cara a ese orden establecido que ve como una agresión. 

Actuación portentosa

En poco más de una hora, 'Ragazzo' nos transporta tanto a esa urbe bajo control como a las inquietudes militantes y existenciales, de aliento poético, del protagonista. La dirección y la puesta en escena están medidas, con pocos recursos, de forma admirable en su dibujo de una cotidianidad individual y también del episodio extraordinario que vivió la ciudad italiana. Iluminación y espacio sonoro (con el brillante efecto acústico del helicóptero policial) funcionan con gran sincronización.

Pero todo ese envoltorio no rodaría por sí solo si no fuera el marco para la actuación de un portento. En las distancias cortas, Pla mira con intensidad magnética. Siempre transmite verdad, jamás impostura. Y firma una 'performance' antológica en la secuencia de la muerte del 'ragazzo', modélica en interpretación y dirección. Pocos actores tienen su capacidad física, movilidad y control corporal para recrear la carga policial que apagó la vida de un joven de 23 años. 

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