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Joan Roig i Montserrat: "Ayudar a las personas que lo necesitan me engancha"

Joan Roig i Montserrat: "Ayudar a las personas que lo necesitan me engancha"

RAMON GABRIEL

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La niebla envuelve la sinuosa carretera encajada entre el macizo del Montsant y la sierra de Llena que conduce hasta Ulldemolins (Priorat), dando a esta tierra de tradición eremítica un aire aún más místico. En esta parroquia rural vive desde hace 38 años Joan Roig, uno de los máximos exponentes de la poesía religiosa culta y popular en Catalunya y un hombre volcado en ayudar a personas drogodependientes. La entrevista transcurre en el santuario de la Mare de Déu de Loreto, bajo la serena mirada de magníficos iconos bizantinos [foto].

El 'mossèn' poeta. Un libro reúne 70 poesías de Navidad que evocan el sentido original de la fiesta.

-El historiador Eduard Boada ha recogido en Nadal, crit de llum (Editorial Ganzell) 70 poesías navideñas escritas por usted. Empecé a escribirlas en 1964, antes de ser ordenado sacerdote. Nací en Felanitx (Mallorca), estudié en Catalunya y estuve destinado en Valencia. Tengo muchos amigos repartidos por el territorio y como no puedo hablar con todos les envío un mensaje cada año para compartir con ellos lo que siento.

-La poesía de este año habla de los refugiados: L'Amic cerca el seu Amat, / pelegrí a molts de pessebres (...) / Se n'hi va, i troba l'Amat / entre pobres i misèria (...) /Amb l'Aman, l'Ahmed, l'Aiub,/amb la Fàtima i la Sara… / són de Síria o el Kurdistan,/ d'onsevulla, són de casa. No es un ejercicio lírico antiguo, sino que hablo de la actualidad y, como el 2016 es el Any Llull, también lo relaciono con El Llibre d'Amic e AmatL'Amic ha trobat l'Amat que batega al cor del pobre... [Recita].

-¿Por qué quiso ser cura? No lo sé. De pequeño ya jugaba a celebrar misa. Tenía 7 u 8 años y mi hermana, la pobre, tenía que escuchar mis sermones.

-Ha dedicado su vida a atender a personas con graves problemas de adicción. Veía en ellos una pobreza terrible, creían que no servían para nada. Me gusta aliarme con los de abajo, con la gente de la calle. No sé qué me pasa, pero ayudar a las personas que necesitan ayuda y se dejan ayudar me engancha.

-¿Entiende el porqué de tanto sufrimiento? No, no entiendo por qué hay que pasar por aquí, es un misterio para mí. Pero estoy convencido -y lo digo por experiencia- que, a la larga, del mal sale el bien. ¿Verdad que un nacimiento también es doloroso para la madre? Pues todo dolor es como un nacimiento de la vida.

-¿De esto va la Navidad para los creyentes, no? Es una luz de esperanza. Sí, así lo veo yo. Lo veo en la Navidad y también en la muerte de Cristo. A veces parece que Dios escriba torcido pero va bien derecho a las cosas.

-No sé si los iconos que nos miran desde las paredes de esta iglesia perderían su serenidad si vieran cómo está el mundo... Una de mis pasiones es el bizantino, que es el arte sagrado de Oriente. Estas paredes estaban blancas y propuse que las pintaran unos iconógrafos ortodoxos. Al pueblo le gustó la idea y aceptó financiarla. Estas figuras reflejan lo que decían los padres del desierto, la apatheia, que no es apatía sino el estado de paz de cada uno fruto de una buena conciencia.

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-¿Usted nunca pierde la apatheia? ¿Qué hace para recuperarla? Hace muchos años aprendí de la iglesia oriental una forma de plegaria muy antigua. Se llama la plegaria del corazón y consiste en nombrar a Jesús, que es el Salvador. Suele ser una cosa tan sencilla como decir: Senyor Jesús, tingueu pietat de mi. Solo eso. Pero no hay que decirlo con la boca, sino con el corazón. Esto a mí me devuelve la paz.

-¿No tendría por ahí una frase equivalente para ateos? [Ríe] Hay quien, sin creer en Dios, también cree en el ser humano y se dedica a las otras personas. Esa también es una manera de alcanzar la paz.