ESTRENO LITERARIO

Albert Pla: "Los raros son ellos"

El cantautor ofrece una mirada ácida al país en 'España de mierda', su debut como novelista

Albert Pla presenta su libro España de mierda

Albert Pla presenta su libro España de mierda / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El trovador y ‘performer’ de Sabadell se estrena en la narrativa con ‘España de mierda”, un relato en el que plasma su ácida noción del país a partir de la gira de un músico uruguayo ficticio llamado Raúl Gadea. No se salva casi nadie en esta novela hiperrealista y deslenguada, que ve la luz en castellano y catalán (traducción de Martí Sales, sobrino del poeta Pepe Sales, al que Pla cantó hace una década en ‘Cançons d’amor i droga’).

¿Le ha costado escribir una novela?

No, las canciones me cuestan más: tienes que irlas reduciendo, reduciendo, y muchas ideas las dejas fuera para otra canción. Aquí me solté, hice el libro de carrerilla en dos meses. Con el tiempo he tendido a hacer más espectáculos que canciones porque así no tienes que cortarte tanto.

¿Hacía tiempo que tenía ganas de contar lo que cuenta aquí?

No, tenía dos o tres cuentos, y no sabía muy bien qué hacer con ellos. Y cuando encontré este hilo conductor pensé: “mira, haré los personajes que vayan dado una vuelta por España…”

Esa idea del viaje o ‘road movie’ rememora la canción ‘Juerga catalana’ o la colilla que iba incendiando Estados Unidos en ‘El malo de la película’.

El libro es un poco eso, sí. Cuando hice ‘Juerga catalana’ me dije: “tendría que hacer un camino de Santiago al revés”, luego empecé a escribir…

La ficción, ¿como excusa para formular una crítica a la España actual?

Para mí yo he hecho ficción, aunque esa gira que hace el personaje la hago yo dos veces al año. En las canciones me resulta muy difícil concretar, hablar de Rajoy… Aquí pensé “por qué no: total, es un libro”.

Albert Pla

"Es una barbaridad que un tío te engañe, te engañe, te engañe, y tú sigas votándolo. Ya estoy harto de decir que el raro soy yo"

¿Un libro que nace de un enfado general con el país?

No con el país: la gente es cojonuda, pero está hasta los huevos. Me he divertido mucho con los guioncitos del diálogo, que te permiten que un personaje pueda decir “me cago en Rajoy”, que es lo que se oye habitualmente, ¿no?

Hay un mensaje descreído.

No creo que sea yo el descreído. No me considero ateo porque es un término católico. Los raros son ellos. Es una barbaridad que un tío te engañe, te engañe, te engañe, y tú sigas votándolo. Ya estoy harto de decir que el raro soy yo. No leo mucho y me alegro de no acordarme de quién era el presidente del gobierno cuando le di el primer beso a una chica.

¿Cree que España no tiene solución?

Aún podría empeorar, subir todo un peldaño más. Tengo imaginación.

¿Cómo le ha ido promocionando “España de mierda” en Madrid?

No he notado hostilidad. “Aunque se llame ‘España de mierda’ está muy bien, ¿eh?”, me han dicho (ríe). La táctica más bien es la de ningunear. Siempre me he sentido así, que estás ahí al final del pasillo, a la derecha, al lado del váter.

¿Tuvo consecuencias, en su contratación, declarar, hace dos años, que le daba asco ser español?

Sí, pero eso viene de mucho tiempo atrás. Estos, al menos, lo reconocían: “este tío es un cabrón y no lo vamos a contratar, el teatro es nuestro”. Los otros, en cambio, decían: “el teatro es de todos, pero en esta canción sobre el rey no te has explicado bien, puedes venir a cantar, ¿eh?, pero no ahora, está ocupado…”

Y la política catalana…

A mí esto me la repampinfla. Puedo vivir sin esta cuestión perfectamente. Yo ya tengo una edad, he llegado hasta aquí, y ya llegaré de esta manera hasta el final. Con el referéndum de la OTAN ya lo decidí y veo que todo sigue funcionando igual sin necesitarme.

"La cuestión catalana me la repampinfla. Puedo vivir sin esta cuestión perfectamente. Yo ya tengo una edad y llegaré de esta manera hasta el final"

El referéndum sale en el libro, por eso le preguntaba si algunas de las ideas venían de lejos.

No lo sé. Pero me parece curioso que fuese un Gobierno socialista el que hizo entrar a la gente en el mundo del consumo, y que nos pusiera en el mapa militar internacional, y que en Sabadell fuera un alcalde comunista el que hiciera el Parc Catalunya con El Corte Inglés… Estas cosas me hacen gracia.

En el libro parece rendir homenaje a sus amigos y referentes artísticos: Quimi Portet, Julián Hernández (Siniestro Total), Javier Krahe…

Prefería que saliera gente que conozco. Si vienes a Catalunya es más interesante ir a ver a Quimi que la Sagrada Família.

Da la impresión, a través de sus últimos espectáculos y de este libro, que la canción ya no es el medio que más le sirve para explicarse. ¿Se siente ahora menos cantautor?

Depende, con Pascal (Comelade) sale un concierto para borrachos terminales, con canciones lentas, soporíferas, tiernas, mágicas… Luego, con Diego (Cortés) es una rumba que acaba bailando todo el mundo. Y ‘Guerra’ es otro tono. Pero a mí me gusta mucho cantar. Aunque ya no veo ningún motivo para coger diez canciones y juntarlas en un disco.

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En el pasado hizo muchos, ¿cómo los ve ahora?

Los piropos más chulos me los han dicho por el disco de las nanas (‘Anem al llit?’, 2002) y eso me despierta sensaciones agradables. Tengo cariño por todos los discos y me sigue gustando cantar la canción del gato, la del torero, ‘Joaquín el Necio’… Parece que las hice ayer y las canto con la misma fe.