CRÍTICA

Varvara, mucho más que emergente

La pianista rusa seduce al Palau con el cromatismo de 'Cuadros de una exposición' de Mussorsgki

Varvara, en el 2012 en el festival de Lucerne.

Varvara, en el 2012 en el festival de Lucerne. / PRISKA KETTERER / LUCERNE FESTIVAL

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¿Varvara bárbara? Todavía no, pero progresa adecuadamente. La pianista moscovita, de 32 años, superó con nota el reto de enfrentarse en solitario en el Palau nada menos que a ‘Cuadros de una exposición’ de Mussorgski, obra maestra programática de gran dificultad para cualquier solista, sobre todo si se trata de extraer solo desde el teclado todo el cromatismo de la magistral versión orquestal que en su día hiciera Ravel. Pero funcionó la apuesta de Ibercamera por esta más que emergente intérprete que se expresa con una determinación, sinceridad y técnica envidiables.

Después de su debut en el ciclo, el pasado abril, con la Sinfónica de Radio Viena, Varvara Nepomnyashchaya (de nombre artístico Varvara) demostró que sigue el camino correcto. Alejada de las agresivas técnicas de 'marketing' que jalonan la carrera de algunos de los talentos actuales, la rusa intenta no superar los 40 conciertos al año para así poder seguir trabajando en la perfección de su estilo. Una buena decisión, que le llevará a consolidarse entre las mejores.

LENGUAJE CORPORAL

En el concierto del miércoles empezó con la ‘Suite inglesa, número 2’ de Bach. El ejercicio con este compositor demostró ya el nivel de esta sutil pianista, que estuvo especialmente inspirada en la ‘Sarabanda’. Volcada sobre el instrumento, el lenguaje de su cuerpo expresa también la emoción de la música. Desde ese todo estético consigue ser muy comunicativa. Volvió a demostrarlo con la ‘Sonata en la bemol mayor’ de Beethoven, donde supo proyectar con altibajos el discurso introspectivo del genio de Bonn.

La artista supo adaptarse a la flexibilidad sonora que exige la partitura de Mussorgski, pasando del suave lirismo de algunos momentos al fortísimo de otros. Bastaba cerrar los ojos para viajar con la música al universo de los cuadros del pintor  Hartmann, a los que está dedicada esta pieza del ruso. La artista demostró haber integrado, desde su personal óptica, el espíritu de la exposición coloreando los pasajes desde el teclado. Dos propinas con las aclamadas ‘The lark’, de Glinka, y una variaciones, de Schubert, coronaron una gran actuación.

SEMANA DE PIANISTAS

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