Javier Olivares: "No hay que viajar en el tiempo en vano"

El creador de 'El Miniserio del Tiempo' dedica su último libro a Felipe II y defiende que la novela y la ficción televisiva históricas busquen la relación con el presente

 Barcelona, 17 de noviembre de 2015 Javier Olivares, guionista de el ministerio del tiempo y autor de la novela historica Felipe.

 Barcelona, 17 de noviembre de 2015 Javier Olivares, guionista de el ministerio del tiempo y autor de la novela historica Felipe. / RICARD FADRIQUE

4
Se lee en minutos
Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

Escribe desde Barcelona

ver +

Javier Olivares, del brazo de su hermano Pablo, fallecido hace justo un año, está detrás de grandes éxitos de la ficción en las televisiones públicas española y catalana como ‘Isabel’, ‘Infidels’, ‘Kubala, Moreno y Manchón’, ‘Víctor Ros’ ‘El Ministerio del Tiempo’. La primera temporada dedicada a la reina de Castilla tuvo también una versión en letra impresa. Pero ahora este productor, guionista, novelista y licenciado en Historia acaba de publicar su primer libro sin gemelo audiovisual: ‘Felipe’ (Ediciones B).

¿Después de una ‘Isabel’ y un ‘Carlos’, aquí está la base para un Felipe II televisivo?

‘Felipe’ tiene que ver con la primera temporada de ‘Isabel’ (después dejé la serie) en cuanto a estructura, planteamiento, forma de presentar personajes, puntos de vista, diálogos, la intención de acercar la historia a través de la personalidad de quienes la acaban haciendo. Pero no hay nada hablado y creo que no habrá ‘Felipe’ en televisión, porque se está empezando a agotar la fórmula. Cuando la historia la haces demasiado lejana a lo que es la realidad actual… No hay que viajar en el tiempo en vano. Hay que encontrar la parte de la historia que tiene un paralelismo con nuestro presente.

   

"No hay que viajar en el tiempo en vano. Hay que encontrar la parte de la historia que tiene un paralelismo con el presente"

Pero la BBC sigue apostando fuerte, ahora con 'El último reino’, basada en las novelas de vikingos y sajones de Bernard Cornwell.

El inglés es un público mucho más cultivado, que admite, e incluso exige, mensajes complejos y que tiene un grandísimo amor por su teatro y por su historia. El público español es un público maleado al que se le ha ocultado la televisión como un fenómeno cultural desde que existen las televisiones privadas. A los políticos hay que recordarles que la televisión, junto con la educación, son los dos grandes formadores de una sociedad. No los dos grandes entretenedores. Las series de las que estamos hablando muestran que no puedes entender tu presente si no conoces tu pasado. Cuando veo a Felipe II oculto en su despacho esperando a que los problemas se resuelvan solos me acuerdo de Rajoy. Y no lo digo solo yo, lo dice Geoffrey Parker, el mayor experto en el rey.

Frente a historiadores como Heny Kamen que lo han reivindicado frente a la leyenda negra, ¿cómo se sitúa usted?

Hay una manía de tomar partido. Pero no hay buen patriotismo sin inteligencia y crítica. Yo creo que la leyenda negra tiene mucho de exageración pero que el gran éxito de Guillermo de Orange al crearla es que escribe a partir de unos datos irrefutables, la barbarie del duque de Alba. Al que, por cierto, el rey castigará toda la vida por ello. Felipe hace un recorrido del idealismo al pragmatismo que lo hace ser muy cruel con gente que le rodea y consigo mismo.

     

"Cuando veo a Felipe II oculto en su despacho esperando a que los problemas se resuelvan solos me acuerdo de Rajoy"

Se va al lado oscuro de la historia.

Sí, es evidente. El trato que le da a Juan de Austria es muy difícil de entender, cuando es alguien que tenía su ego pero que dio la vida por él. Empatizar tanto con un rey al convertirlo en personaje de una novela o una serie... la primera temporada de 'Isabel' era una lucha de ambiciones en la que nadie quedaba libre de ser un traidor a otro. Yo entiendo la historia así. Cuando conviertes en un héroe al rey del que escribes, sin criticarlo, estás asumiendo una responsabilidad muy grande, porque es que en España ha habido muchas crueldades.

Recrear sentimientos e historias familiares o amorosas en la novela histórica a veces roza el culebrón. Pero con la vida de ‘Felipe’ parece crucial. Usted lo hace desde la escena de su nacimiento.

De su padre y de su madre vienen los dos factores básicos de la formación de Felipe y lo marcan psicológicamente: el ‘no muestres tus sentimientos nunca’ y el ‘desconfía de todos’. Esas historias de no son culebrones paralelos. Yo no escribo culebrones.

El conflicto con su lamentable hijo don Carlos, la tensión con su hermanastro don Juan, son regalos para un novelista.

Es que cuando veo según qué en adaptaciones históricas a veces me pregunto, ¿para qué? La historia te lo da todo. Isabel de Valois, que es como si llega la primavera. Es precioso. Claro que después llega el invierno. ¿Y los insultos entre Felipe y su hijo Carlos, que nunca se ha sentido querido? Quizá no estaba tan mal de la cabeza como se dijo. Y es cierto que está en contacto con rebeldes; pero rebeldes como Egmont, que se había jugado la vida por Felipe pero que llega el duque de Alba y lo ejecuta, y allí empieza el drama, y un Felipe atroz, terrible, que no negocia ni pacta. Quieren atraer a Carlos para que llegue con él un pactista como su mayordomo Ruy Gómez. Porque esa gente de Flandes que quería pactar, a la que Felipe no hace ni caso, quería mantenerse en la corona hispánica, pero con la libertad religiosa que obstinadamente se les niega. Y al final, cuando se la quieren dar ya es tarde. Lo que pasa luego en la historia de España con Cuba, y que pasa tantas veces y tan recientes que el paralelismo es muy evidente.

Noticias relacionadas

-Parece que hay dos Felipes, el alegre y pactista y el amargado e intransigente.

’Felipe’ no es una loa a Felipe. Para mí es el desarrollo de un joven que quería ser Amadís de Gaula y acabó siendo un inquisidor. A su hijo Felipe III le obligaba a pasar a ver cómo se pudría mientras moría. Me parece un acto de humildad muy curioso: al final somos lo que somos, mierda.