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CONCIERTO EN APOLO

El extraño paraíso de Beach House

La banda de 'dreampop' confirma su autoridad en la primera de sus dos actuaciones en Barcelona

JUAN MANUEL FREIRE

Victoria Legrand de Beach House, en la Sala Apolo el viernes.

Victoria Legrand de Beach House, en la Sala Apolo el viernes. / FERRAN SENDRA

En la primera de sus dos noches en Apolo, con el prodigio de la guitarra Dustin Wong como telonero, Beach House demostraron, de nuevo, estar a años luz de todos los otros grupos recientes que hacen rimar pop con ensoñación y buscan ser, de algún modo, el reemplazo a aquellos irreemplazables Cocteau Twins de los 80 y 90.

Su capacidad para la hipnosis apenas tiene rival en la música moderna. La voz ronca pero etérea de Victoria Legrand, las líneas de guitarra cristalina de Alex Scally y, en directo, una sección rítmica de inspirado minimalismo se las arreglan para aturdir a todo el que quiera prestar atención. “Hay un lugar al que quiero llevarte”, cantaba Legrand en el tema de arranque, 'Levitation', también primera canción de su reciente 'Depression cherry' (2015). Y muchos (no todos, unos cuantos preferían hablar con el vecino) se dejaron llevar de la mano durante el tiempo que duró la actuación.

EMOCIÓN Y ENERGÍA

Beach House te llevan a otros mundos, algo más bellos, lejos de este, pero quien pretenda tildarlos de 'new age' estará obviando una emoción bien anclada en la realidad, letras que pueden abordar el desamor de forma hiriente y una marcada energía, aunque sea implosiva. Si quisieran rockear de forma directa, sabrían hacerlo, como demostraron en la casi extrovertida 'All your yeahs' y, sobre todo, una 'Wishes' en la que Legrand se decidió, por fin, a sacudir su icónica cabellera con la fiereza deseable y las guitarras adquirieron intensidad de clímax 'posrock'.

Cerca del desenlace, Legrand nos agradecía seguir amando la música y creyendo en ella a pesar de la basura que ofrece el mundo, día sí, día también. Justo después, sonaban motivos serios para seguir amando a Beach House y creyendo en ellos: el acercamiento a My Bloody Valentine de 'Sparks' y, ya como bis, el doble KO de dos hitos de 'Bloom' (2012) como 'Myth' e 'Irene', esta con un tramo final de extática tensión contenida. La canción se describe a sí misma, y al grupo que la interpreta, en cuatro palabras repetidas sin descanso: “Es un extraño paraíso”.

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